Presentación sobre
"La Teoría De La Brecha (Génesis 1:1-2)"
Por: Hno. Francisco Velázquez Cruz
Por: Hno. Francisco Velázquez Cruz
La Teoría De La Brecha (Génesis 1:1-2)
¿Hubo una creación anterior arruinada entre el primer y el segundo versículo de Génesis 1?
Por: Hno. Francisco Velázquez Cruz
INTRODUCCIÓN
El Misterio Entre los Dos Primeros Versículos de la Biblia
"En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía..." – Génesis 1:1-2
“Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella...” – Nehemías 9:6
Imagina por un momento que el relato del Génesis que siempre has escuchado no cuenta la historia completa del primer comienzo. ¿Qué pasaría si te dijera que entre el primer punto y seguido de la Biblia se esconde un abismo de tiempo, una civilización majestuosa, una rebelión cósmica y un juicio cataclísmico que congeló por completo nuestro planeta?
La mayoría de las personas leen Génesis capítulo 1 y asumen que los primeros versículos describen un proceso continuo donde Dios, a partir de la nada, fue moldeando un planeta caótico. Sin embargo, cuando examinamos las Escrituras a través de la lupa de los profetas y las enseñanzas del Profeta Mensajero William Marrion Branham, descubrimos una narrativa mucho más profunda y sobrecogedora: la Teoría de la Brecha.
Hoy vamos a adentrarnos en uno de los misterios más grandes de la Palabra de Dios. Vamos a descubrir que la Tierra de Génesis 1:1 fue creada en absoluta perfección, diseñada no para estar vacía, sino para ser el hogar de una civilización angelical gobernada por el arcángel Lucero. Caminaremos por un Edén mineral (Ezequiel 28) que existió mucho antes de que Adán respirara por primera vez.
Pero también exploraremos la tragedia. Veremos cómo esa perfección original fue arruinada. Al igual que en los días de Sodoma, los habitantes de esta primera creación abandonaron su dignidad, se corrompieron y fueron tras carne extraña y perversiones contra la naturaleza (Judas 1:6-7). Este pecado provocó una ira divina tan absoluta que la luz del sol fue cortada, y la Tierra quedó sumergida en una era de hielo glacial y oscuridad profunda.
La Tierra “desordenada y vacía” de Génesis 1:2 no es una etapa de construcción; es la escena de un crimen y el resultado de un juicio severo.
Acompáñanos a descubrir cómo el resto del capítulo 1 del Génesis no trata sobre una creación a partir de la nada, sino sobre la obra maestra del Espíritu Santo moviéndose sobre las aguas heladas. Veremos cómo, al pronunciar Dios “Sea la luz”, el calor cósmico regresó para descongelar el planeta, permitiendo que la simiente que ya estaba enterrada y preservada bajo el hielo brotara nuevamente. Hoy entenderemos cómo de las cenizas del juicio de Lucero, Dios preparó el escenario para la redención de la raza humana.
LA CREACIÓN ORIGINAL Y LA SOBERANÍA DE DIOS
Para comprender la magnitud de lo que ocurrió entre el primer y el segundo versículo de la Biblia, primero debemos asentar la doctrina de la creación original. La Palabra de Dios no nos presenta a un Creador de caos, sino a un Arquitecto de perfección.
El “Punto y Seguido” de Génesis 1:1 y la Edad de la Tierra
Génesis 1:1: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”
Este único y majestuoso versículo encapsula la creación de todo el universo físico. Teológicamente, hay una pausa inmensa —un lapso de tiempo indefinido— justo después de la palabra “tierra”. La Biblia establece un “punto” al finalizar esta declaración.
El hermano William Marrion Branham fue sumamente claro al abordar este tema, reconciliando la ciencia comprobable con la Palabra de Dios. Él enseñó sistemáticamente que no hay conflicto entre la antigüedad de la Tierra (que la ciencia estima en miles de millones de años) y la Biblia, precisamente porque ese tiempo transcurrió antes de Génesis 1:2.
En el sermón El Cuarto Sello (21 de marzo de 1963), el hermano Branham declaró de manera exacta y verificable:
"Él [un crítico] estaba tratando de discutir conmigo y diciendo: '¿No le da vergüenza decir que Dios creó los cielos y la tierra en tres días, o, en seis días?'. Yo le dije: 'Eso es lo que dice la Biblia'. Dijo: 'Bueno, nosotros tenemos evidencia y podemos probar que el mundo tiene millones de años de antigüedad'. Yo le dije: 'Eso no tiene nada que ver con el asunto. En Génesis 1:1 dice: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra», punto. ¿Ve? Eso es todo. Luego dice que el mundo estaba desordenado y vacío'."
Esta enseñanza nos muestra que la creación ex nihilo (de la nada) ocurrió en Génesis 1:1. Pudo haber sido hace millones o miles de millones de años. Ese fue el comienzo absoluto donde Dios ejerció su soberanía inicial.
El Diseño Original No Fue El Caos (Isaías 45:18 Y Nehemías 9:6)
Nehemías 9:6: “Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella...”
Dios, en su soberanía, no solo creó un globo de tierra estéril, sino que formó a sus “ejércitos” (las huestes angelicales). La premisa es clara: esta primera Tierra era el hogar de esa creación angelical. Lucero, como el más grande de los arcángeles antes de su caída, presidía sobre una civilización perfecta en esta Tierra original.
Para confirmar que Génesis 1:1 describe una Tierra hermosa y que el caos de Génesis 1:2 es el resultado de una catástrofe posterior, debemos ir a los profetas.
Isaías 45:18: “Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro.”
La palabra hebrea traducida como “en vano” aquí es tohu, que significa “vacío”, “caos” o “desolación”. Es exactamente la misma palabra hebrea que se utiliza en Génesis 1:2 cuando dice que la Tierra estaba “desordenada y vacía” (tohu wa-bohu).
Por lo tanto, la Escritura se interpreta a sí misma: Si Dios dice en Isaías 45:18 que NO la creó “tohu” (desordenada / vacía), entonces el estado “tohu” de Génesis 1:2 no es la creación original. Es el estado en el que quedó la Tierra después de un juicio devastador. La creó bella, estructurada y habitada, pero algo ocurrió que la arruinó por completo.
La Simiente Preservada Bajo Las Aguas
Este concepto de una Tierra previamente habitada y posteriormente juzgada por la glaciación (el retiro de la luz cósmica) es fundamental en la enseñanza del Mensaje de la Hora. Cuando Dios comienza su obra en Génesis 1:3 en adelante, Él no está creando las semillas o la botánica de la nada; Él está restaurando lo que quedó congelado del Edén anterior.
Para que esto sea exacto y comprobable, volvemos a la cita del hermano Branham en El Cuarto Sello:
“Y yo le dije: 'Yo creo que cada simiente estaba allí tirada desde alguna otra civilización u otra cosa, y tan pronto como el agua se quitó y la luz la golpeó, brotaron los árboles y todo lo demás'. Lo mismo ocurre con el ser humano, es un tipo... cuando la luz del Evangelio golpea esa simiente real, vivirá”.
La Tierra original descrita en Génesis 1:1 era una obra maestra del Creador, diseñada y habitada por ejércitos celestiales bajo un Orden Divino. El abismo cronológico que le sigue no anula la Palabra, sino que la engrandece, demostrando que Dios es Soberano sobre las edades. El caos absoluto bajo las aguas heladas (Génesis 1:2) solo preparó el escenario para que el poder vivificante de la Luz volviera a golpear la simiente que, por Decreto Divino, había resistido el juicio cósmico esperando su restauración.
EL EDÉN PRE-ADÁMICO Y LA CAÍDA DE LUCERO
Si Génesis 1:1 nos habla de una creación habitada y perfecta, surge la pregunta: ¿quién habitaba esa Tierra y cómo era ese lugar antes del juicio glacial? Aquí es donde las Escrituras proféticas corren el velo hacia el pasado más remoto, revelando a un gobernante celestial majestuoso antes de que la humanidad existiera.
El Edén Mineral De Ezequiel 28
Ezequiel 28:13-15: “En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura... Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.”
Cuando leemos cuidadosamente este pasaje, notamos algo fascinante: este “Edén” no se parece en nada al huerto donde Dios colocó a Adán y Eva. El Edén de Adán (Génesis 2) era botánico, lleno de vegetación, árboles frutales y ríos; y los minerales (tal como hoy) están bajo tierra. Sin embargo, el Edén descrito en Ezequiel 28 era mineral (piedras preciosas sobre la superficie de la Tierra) y a su vez botánico (flora), donde se incluye también la fauna (animales). Era un huerto (un jardín) glorioso de piedras preciosas, oro y fuego en su superficie.
El ocupante de este huerto o jardín no era un hombre formado del polvo de la tierra, sino el “querubín grande, protector”: el arcángel Lucero. Dios le había entregado la administración de esta primera Tierra. Él era perfecto, hermoso y ostentaba una tremenda autoridad sobre las huestes celestiales que habitaban este mundo pre-adámico.
El hermano Branham habló extensamente sobre cómo Satanás, antes de su caída, era la mano derecha de Dios y un co-constructor. En enseñanzas como "El Edén de Satanás", él explica que el diablo siempre ha tratado de establecer su propio reino, y ese deseo nació precisamente allí, en su autoridad original, cuando intentó tomar el control absoluto del reino que Dios le había confiado.
La Rebelión Y El Orgullo Cósmico (Isaías 14)
La perfección de esta era angelical se hizo pedazos cuando el orgullo brotó en el corazón de Lucero. Él no se conformó con ser el administrador de esta hermosa Tierra; él quería la adoración que solo le pertenecía al Creador.
Isaías 14:12-14: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono... y seré semejante al Altísimo.”
Aquí vemos la semilla de la primera rebelión en el universo. Lucero formuló cinco declaraciones de orgullo en su corazón (los cinco “yo haré” de Isaías 14, en sus traducciones literales). Él intentó exaltar su trono terrenal por encima de las estrellas (los ángeles) de Dios.
El hermano Branham enseñó de manera verificable que Lucero logró engañar y arrastrar a una tercera parte de los ángeles del cielo en esta rebelión. Él quería construir un reino y un imperio que rivalizara con el del propio Dios, sembrando así la semilla de la discordia en la creación perfecta de Génesis 1:1.
El planeta Tierra de Génesis 1:1 fue, durante una era que la ciencia hoy mide en eras geológicas, el deslumbrante dominio del arcángel Lucero. Era un Edén donde predominaba sobre ella los minerales y gobernado por un ser de luz absoluta. Sin embargo, el orgullo y el deseo de deidad transformaron a Lucero en Satanás (el Adversario). Esta rebelión no fue un mero pensamiento; fue una insurrección cósmica real que trajo consigo la contaminación física y espiritual de ese primer mundo terrenal, preparando el camino para el evento que lo arruinaría por completo.
EL PECADO DE LA "CARNE EXTRAÑA" Y EL JUICIO DIVINO
Para comprender por qué un Dios de amor y orden destruiría por completo la creación descrita en Génesis 1:1, debemos observar la profundidad de la caída angelical. La insurrección de Lucero no se limitó a un simple debate intelectual en las cortes celestiales; se manifestó en una depravación total que corrompió la esencia misma de aquella primera civilización.
La Perversión Angelical y la “Carne Extraña”
Las Escrituras nos dan una revelación asombrosa sobre la naturaleza de este pecado en la epístola de Judas:
Judas 1:6-7: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día; como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza [carne extraña], fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.”
Este pasaje establece un paralelo directo entre la caída de los ángeles en el principio y los pecados de Sodoma y Gomorra. La premisa nos muestra que estos seres espirituales “abandonaron su propia morada” (su diseño y propósito original) y cayeron en la fornicación espiritual y física, yendo tras “carne extraña”.
En la enseñanza bíblica y en el ministerio del hermano Branham, se subraya constantemente que el pecado original siempre involucra perversión (alterar el uso original de lo que Dios creó). En el caso de esta civilización pre-adámica gobernada por Lucero, la rebelión culminó en perversiones contra la naturaleza, incluyendo el homosexualismo. La santidad de Dios no podía tolerar semejante nivel de abominación. Al igual que en los días de Lot, donde el juicio cayó fuego del cielo por la misma razón, la Tierra pre-adámica atrajo sobre sí la ira implacable del Creador.
Lucero Provoca la Destrucción de Su Tierra y la Muerte de Su Pueblo
(Isaías 14:20)
Antes de entrar en el mecanismo físico del juicio de Dios sobre el planeta, debemos observar el veredicto sobre los habitantes de aquel mundo. Lucero no gobernaba sobre un vacío; él tenía súbditos, un “pueblo de ángeles” que lo siguió en su insurrección y se contaminó con la perversión de la carne.
La Palabra de Dios revela la condena directa y la sentencia dictada contra el arcángel caído en Isaías 14:20:
"No serás sepultado con ellos, porque destruiste tu tierra, mataste a tu pueblo. No será nombrada para siempre la descendencia de los malignos."
El hermano William Marrion Branham enseñó de manera contundente sobre este evento. Al buscar establecer su propio imperio (un “Edén de Satanás”) y forzar a su creación a adorarlo a él en lugar del Dios verdadero, Lucero trajo la destrucción total de la civilización que se le había confiado. Su ambición y la inyección de pecado en ese primer mundo fueron los causantes directos de la aniquilación de sus propios seguidores.
La Justicia Divina dictaminó que esa “descendencia de los malignos” no continuaría. Aquellos seres que participaron en la rebelión y en el pecado de Sodoma de aquella era tenían que ser erradicados físicamente. Lucero, literalmente, arruinó su propia tierra y llevó a su pueblo a la muerte. Era necesario que Dios interviniera para purificar el planeta de esta infestación, lo cual nos lleva al cataclismo que borraría todo rastro de esa civilización.
El Juicio Glacial y la Oscuridad de Génesis 1:2
Cuando la copa de iniquidad de aquella era se llenó, Dios ejecutó un juicio cataclísmico. Él no destruyó el planeta literalmente hasta hacerlo desaparecer, pero sí lo juzgó retirando la fuente de su vida.
El hermano Branham enseñó que el juicio de Dios siempre es absoluto sobre el pecado. ¿Qué sucedió entonces? La luz cósmica fue bloqueada. El sol dejó de dar su luz sobre la Tierra, y el planeta entero se sumergió en una profunda glaciación. Las aguas cubrieron la faz de la Tierra y se congelaron, formando un inmenso bloque de hielo en medio del espacio.
Esto nos lleva directamente a la trágica escena del segundo versículo de la Biblia:
Génesis 1:2a: “Y la tierra estaba desordenada y vacía1, y las tinieblas estaban sobre la faz2 del abismo3...”
1. “Desordenada y vacía” (Tohu wa-bohu): No es el estado de una obra en construcción, sino los escombros de un mundo juzgado.
2. “Las tinieblas estaban sobre la faz del abismo”: La oscuridad absoluta reinaba porque la luz del sol había sido retirada como castigo por el pecado de Lucero y sus ángeles.
3. “El abismo”: Las inmensas aguas congeladas bajo las cuales yacía sepultado el esplendor del antiguo Edén mineral de Ezequiel 28.
El estado caótico de la Tierra en Génesis 1:2 no es un misterio científico sin resolver; es un monumento geológico y teológico al Juicio de Dios contra la rebelión y la perversión de la “carne extraña”. Los ángeles caídos fueron despojados de su reino, la luz fue apagada, y la Tierra quedó sumergida en una muerte gélida. Este fue el fin absoluto de la civilización pre-adámica. Sin embargo, bajo todo ese hielo y agua de juicio, Dios, en su infinita presciencia, preservó la simiente de la vida botánica para el glorioso proceso de restauración que estaba por comenzar.
LA RESTAURACIÓN DE LA TIERRA Y LA SIMIENTE PRESERVADA
Génesis 1:2b-3: “…y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”
Tras una era incalculable de hielo, oscuridad y silencio, el reloj divino volvió a marcar la hora para nuestro planeta. El relato bíblico da un giro majestuoso. Dios no abandona su creación arruinada; Él inicia un proceso de restauración amorosa para preparar el escenario de su próxima gran obra: la humanidad.
El Deshielo y el Movimiento del Espíritu
La palabra hebrea utilizada para “movía” (rachaph) conlleva la idea de “empollar”, “revolotear” o “anidar” afectuosamente, como un ave sobre sus huevos. El hermano Branham enseñó maravillosamente cómo el Espíritu Santo comenzó a “empollar” sobre esa Tierra congelada y arruinada.
Cuando Dios pronuncia: “Sea la luz”, Él no está creando la luz o el sol de la nada en ese instante (recordemos que los cielos y la Tierra, que incluyen los cuerpos celestes, fueron creados en el “principio” de Génesis 1:1). Lo que Dios está haciendo es retirar la barrera cósmica de oscuridad que había impuesto como juicio. Al permitir que la luz vuelva a penetrar y golpear la Tierra, la glaciación comenzó a ceder. El hielo se derritió, formando los grandes mares, y el calor comenzó a calentar el suelo sumergido.
“Produzca la Tierra” y la Simiente Preservada
Aquí llegamos al punto central, el cual reconcilia perfectamente los hallazgos geológicos con la revelación bíblica, tal como el hermano Branham lo explicó.
Génesis 1:11: “Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.”
Nota cuidadosamente las palabras exactas de la Escritura: Dios no dice “Crearé la botánica de la nada”. Él ordena: “Produzca la tierra”. ¿Por qué la tierra podía producir algo? Porque la simiente ya estaba allí.
Las semillas de la primera creación no fueron aniquiladas; fueron preservadas por Dios en estado latente, congeladas y sepultadas bajo las frías aguas del juicio. Cuando las aguas fueron retrocedidas y la luz cósmica y solar volvió a golpear la superficie, esa simiente despertó.
En el sermón “Condenación por Representación” (13 de noviembre de 1960), el hermano Branham lo expone de forma magistral y verificable:
“El mundo fue hecho, no sabemos cuándo. [...] Pero luego, el mundo se congeló, y se volvió una gran bola de hielo. Y en este período glacial... Luego, ¿qué pasó? El Espíritu de Dios se movió sobre las aguas. ¿Y entonces qué? ‘Sea la luz'’ Y cuando la luz y el sol vinieron, comenzó a derretir el hielo... ¿Y qué sucedió? La simiente ya estaba en la tierra, y comenzó a brotar. Dios no hizo una nueva semilla; ya estaba allí, esperando que viniera el sol.”
Esta revelación es asombrosa. Muestra la exactitud de la Palabra y la coherencia del Carácter de Dios: incluso en medio del juicio más severo (el hielo y las tinieblas), Él preservó la vida para una futura restauración.
CONCLUSIÓN
De las Ruinas a la Redención
Al mirar retrospectivamente todo lo que hemos abordado, nos damos cuenta de que la “Teoría de la Brecha” —enseñada a través de las edades y aclarada en el ministerio del hermano William Marrion Branham— está muy lejos de ser un simple intento teológico de acomodar la ciencia moderna en la Biblia. Por el contrario, es la lectura madura, espiritual y profética de la verdadera historia cósmica de nuestro universo: un drama épico de creación, caída, juicio absoluto y, finalmente, restauración amorosa.
Para condensar esta profunda revelación y comprender su inmenso peso espiritual, podemos visualizar la cronología en estas cinco grandes etapas:
La Soberanía de la Primera Creación (Génesis 1:1 / Isaías 45:18 / Nehemías 9:6): La historia no comenzó en el caos. El "principio" fue una obra maestra de perfección donde Dios creó los cielos y la Tierra para ser habitada, no para estar vacía. Esta Tierra albergaba a los ejércitos celestiales bajo un orden divino perfecto, demostrando que Dios es un Arquitecto de belleza y estructura, no de confusión.
El Imperio de Lucero (Ezequiel 28 e Isaías 14): Durante un período insondable que precedió a la raza humana, la Tierra fue el dominio del arcángel Lucero. Él gobernaba desde un espléndido Edén mineral, siendo el "querubín grande, protector". Sin embargo, el orgullo cósmico lo envenenó. Su deseo de destronar a Dios e igualarse al Altísimo lo llevó a liderar la primera rebelión del universo, arrastrando consigo a una tercera parte de la creación angelical.
La Corrupción Total y el Juicio (Judas 1:6-7): La rebelión no fue solo ideológica; se materializó en una depravación insostenible. Al igual que Sodoma y Gomorra en tiempos posteriores, los habitantes de aquel mundo angelical abandonaron su estado original y cayeron en la perversión, yendo tras "carne extraña". La santidad de Dios no permitió que esta infección continuara. El Creador emitió un juicio tan terrible que retiró la luz solar, congelando el planeta y ahogando el pecado bajo glaciares inmensos y oscuridad total.
El Monumento al Juicio (Génesis 1:2): La "tierra desordenada y vacía" y las "tinieblas sobre la faz del abismo" no describen a un Dios en pleno proceso de diseño, sino la perturbadora escena de un crimen y su castigo. Es el cementerio congelado de la civilización de Lucero, un testimonio cósmico de que la paga del pecado es, ineludiblemente, la muerte y la separación de la Luz.
El Milagro de la Restauración (Génesis 1:3 y 11): Aquí brilla la misericordia insondable de Dios. En lugar de aniquilar el planeta, el Espíritu Santo comenzó a "empollar" y moverse sobre las aguas heladas. Con el mandato "Sea la luz", el juicio fue levantado. Al derretirse el hielo, la simiente botánica que Dios había preservado bajo las aguas revivió. La Tierra "produjo" lo que ya tenía en su interior, transformando un desierto de hielo en un huerto exuberante listo para recibir a la nueva creación: Adán y Eva.
El Paralelo Espiritual (La Aplicación Final)
Esta cronología no es solo historia antigua; es un hermoso tipo y sombra de la salvación del ser humano, tal y como lo enseñó el hermano Branham.
Así como la Tierra en Génesis 1:2 estaba arruinada, en tinieblas y congelada bajo el juicio del pecado, así se encuentra el corazón del hombre sin Dios: frío, vacío y en ruinas por causa de la caída. Sin embargo, así como la simiente botánica sobrevivió bajo el hielo esperando su redención, en los hijos de Dios existe una “Simiente Real” predestinada.
El hombre no puede salvarse a sí mismo, al igual que la Tierra no podía descongelarse a sí misma. Se requiere que el Espíritu Santo se mueva sobre nosotros, y que Dios pronuncie: “Sea la Luz”. Cuando la Luz del Evangelio golpea esa simiente que está en el corazón del creyente, todo el hielo del mundo se derrite, la oscuridad se disipa y la vida espiritual brota con poder.
De las cenizas del reino caído de Lucero, Dios levantó el escenario para la redención humana. La Teoría de la Brecha nos demuestra, en última instancia, que nuestro Dios es el gran Restaurador. Él tiene el poder de tomar aquello que el pecado ha dejado “desordenado y vacío”, y transformarlo nuevamente en un instrumento de Su Gloria, demostrando que Su Luz siempre prevalecerá sobre las tinieblas.
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas á su luz admirable. Vosotros, que en el tiempo pasado no erais pueblo, mas ahora sois pueblo de Dios; que en el tiempo pasado no habíais alcanzado misericordia.” – 1 Pedro 2:9-10
Amén.
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Las Piedras, PR 00771