Repaso:
"Preguntas y Respuestas #2"
Por: Hno. Francisco Velázquez Cruz
Por: Hno. Francisco Velázquez Cruz
Introducción
¡Paz a vosotros, amados oyentes, y bienvenidos una vez más a este vuestro podcast de “La Palabra Hablada de Dios”! Les saludo en el precioso Nombre de nuestro Señor Jesucristo. Hoy, Hermanos, tenemos un privilegio singular. Nos vamos a sumergir en uno de esos mensajes que no solo informan la mente, sino que confrontan el espíritu; un mensaje que es profundo y a la vez controversial y vital. Profundo en su doctrina, tocando los misterios mismos de la vida y la muerte. Controversial para la mente religiosa y tradicional, pues desafía lo que muchos dan por sentado. Y vitalmente esclarecedor para el alma que, con hambre y sed de justicia, busca la Verdad pura y sin adulterar.
Hoy vamos a repasar, punto por punto, los aspectos sobresalientes del sermón predicado por el Hermano William Marrion Branham, titulado: “PREGUNTAS Y RESPUESTAS #2”. Este Mensaje fue predicado en la tarde del domingo, 3 de enero de 1954, en el Tabernáculo Branham en Jeffersonville, Indiana. Y el contexto de este mensaje es lo que lo hace tan especial.
Verán, este no es un sermón expositivo tradicional, donde el predicador prepara un tema y lo desarrolla. Esta es una sesión donde el Pueblo de Dios, con el corazón cargado de preguntas genuinas, de esas dudas que nos asaltan en la quietud de la noche, las pone delante del profeta. El Hermano Branham mismo nos dice en el párrafo 8: “Amo las preguntas profundas de la Biblia y las enseñanzas Bíblicas, siempre y cuando Uds. no se metan en cosas mitológicas. Sino que únicamente se queden en la simple, e inadulterada Palabra de Dios; eso es lo que lo sostendrá hasta el fin.”
Y es en este formato, sin nada preparado de antemano, donde vemos al profeta dependiendo enteramente del Espíritu Santo para traer la respuesta. Él mismo ora al Señor, diciendo, y leemos en el párrafo 13: “Padre, no somos dignos, somos incapaces, lo sabemos, de abrir el Libro y aun de mirarlo. Pero permite que el Cordero venga en estos momentos en esta noche, el Cordero de Dios que fue inmolado desde antes de la fundación del mundo, y tome las cosas que son de Dios y las presente a esta congregación. Permite que el Espíritu Santo tome estas palabras, y permite que no sean mis palabras o palabras de hombre, sino que haz que sea la Palabra de Dios en cada corazón hambriento.”
Y, oh, vaya si el Espíritu Santo responde. Al abordar estas preguntas, se revelan verdades impactantes, verdades que son el fundamento de nuestra fe. Hablaremos sobre el destino inmediato del alma: ¿Qué sucede en el preciso instante en que un creyente o un pecador exhala su último aliento? ¿Esperamos en un sueño, o vamos inmediatamente a una destinación?
Tocaremos la estructura de la verdadera Iglesia: ¿Es suficiente con “ser salvo”? ¿Cuál es la diferencia crucial entre un creyente justificado, uno santificado, y la Novia que posee el “Aceite” del Espíritu Santo para el Rapto?
Y finalmente, nos enfrentaremos a la naturaleza inflexible del Juicio de Dios: ¿Es nuestro Dios solamente un Dios de amor, o es también un Dios de ira, un Juez severo que envía juicio sobre las naciones que lo rechazan?
Hermanos, estas no son preguntas teóricas. Son preguntas de vida eterna.
Así que les invito en este momento a que preparen su corazón. Abran sus Biblias, como lo haremos aquí nuevamente en este nuevo episodio, donde utilizamos la versión Reina-Valera de 1909. Pidan al Señor que quite todo prejuicio, toda tradición de hombre, y que nos permita recibir con mansedumbre la Palabra injertada, la cual puede salvar nuestras almas.
Comenzamos.
PREGUNTA 15: ¿EL HOMBRE AL MORIR, VA AL CIELO O VA AL INFIERNO INMEDIATAMENTE, O ESPERA HASTA EL JUICIO?
Nuestro primer punto de hoy, amados oyentes, aborda la Pregunta #15, y es, sin duda, una de las preguntas más fundamentales que todo ser humano se ha hecho: “¿El hombre al morir, va al Cielo o va al infierno inmediatamente, o espera hasta el juicio?” El Hermano Branham, guiado por el Espíritu, nos da una respuesta tan clara como la campana de plata del Evangelio. Él es enfático: el creyente nacido de nuevo, la persona que ha sido llena del Espíritu Santo, nunca se levantará en el juicio para morir. En el momento de la muerte, ese creyente va directamente a la Presencia de Dios. Esto es el cumplimiento de la promesa de nuestro Señor Jesucristo en San Juan 5:24, que dice: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá á condenación, mas pasó de muerte á vida.” El profeta explica que el creyente está libre de juicio porque el juicio de Dios ya cayó sobre nuestro Sustituto. Mientras estemos en Cristo, estamos libres de juicio, tal como Dios prometió en Egipto: “Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre, y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad, cuando heriré la tierra de Egipto.” [Éxodo 12:13]
Para el pecador, sin embargo, el destino es trágicamente diferente. El Hermano Branham explica que mientras una persona, no importa cuán pecadora sea, está viva en la tierra, la misericordia está disponible. Pero en el mismo minuto que el alma de ella abandona su cuerpo y se va, ella ha pasado de la misericordia al juicio. Como dice el profeta en el párrafo 30: “Ud. mismo se juzga por la manera que Ud. trata la propiciación que Dios hizo por sus pecados”, cumpliendo así la palabra de San Juan 3:18: “El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios.”
Pero, ¿en qué estado se encuentra el creyente después de la muerte? El Hermano Branham refuta la enseñanza del “sueño del alma”, declarando que cuando morimos, vamos a la Presencia de Dios en un “cuerpo celestial”. En este estado, estamos plenamente conscientes; él menciona que podría reconocer y hablar con el Hermano Neville, aunque sin los cinco sentidos físicos. Somos como esas almas conscientes que Juan vio almas debajo del altar implorando venganza. Esta es la misma revelación gloriosa que tuvo el Apóstol Pablo. En 2 Corintios 5:1, 8, él asegura: “PORQUE sabemos, que si la casa terrestre de nuestra habitación se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos” y “Mas confiamos, y más quisiéramos partir del cuerpo, y estar presentes al Señor.” Y en Filipenses 1:23, Pablo expresa su deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor. El profeta también aclara por qué esto es diferente al Antiguo Pacto: los justos de la antigüedad iban al “Paraíso”, un lugar de espera, porque la sangre de toros y machos cabríos únicamente lo cubrían, no quitaban el pecado. Pero cuando Cristo murió y resucitó, trajo consigo de la tumba aquellos santos, cumpliendo la Escritura de Efesios 4:8: “Subiendo á lo alto, llevó cautiva la cautividad.” El impacto de esta Verdad es glorioso: ¡Le quita todo el aguijón a la muerte!
Pero esta respuesta sobre el destino del alma sirve como fundamento para la verdad más profunda que el profeta revela en este mensaje. Si la primera parte de la respuesta nos asegura la salvación del juicio, la segunda parte define la preparación para el Rapto. Aquí es donde el mensaje se vuelve intensamente profundo. El Hermano Branham establece una verdad que sacude la complacencia: no todos los que son salvos están automáticamente destinados a irse en el Rapto. En el Párrafo 52, él declara enfáticamente: “El hecho que Ud. acepte a Cristo como su Salvador personal, eso no quiere decir que Ud. se va a ir en el rapto. Eso es para el Elegido, él es el que se va a ir en el rapto.” Esta Novia es un grupo selecto, mientras que un “remanente” de la misma tela, aunque salvo, se quedará aquí para pasar por el período de la gran tribulación.
Para ilustrar esta separación solemne, el profeta se basa en la parábola del Señor Jesús en Mateo 25. Él enfatiza un detalle que a menudo se pasa por alto: todas, las diez, eran vírgenes. En el Párrafo 69, define lo que esto significa espiritualmente: “Santa, limpia, separada, santificada”. No estamos hablando de salvos y perdidos, sino de diez creyentes santificados. La diferencia que selló sus destinos no fue su conducta moral, sino su preparación interna: el Aceite en sus lámparas. El profeta identifica este Aceite inequívocamente como “el Espíritu Santo”. Las vírgenes fatuas, aunque “pías, gente santificada”, se dieron cuenta demasiado tarde de que les faltaba el Espíritu. Fueron echadas en las tinieblas... en donde es lloro y el crujir de dientes, un destino que cumple la advertencia de Mateo 25:10: “...vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con él á las bodas; y se cerró la puerta.”
Para probar bíblicamente que una persona puede ser justificada y santificada, e incluso usada por Dios, y aun así no tener el Espíritu Santo, el profeta presenta el ejemplo escalofriante de Judas Iscariote (Párrafo 56). Él razona que Judas estaba justificado, pues creyó en el Señor Jesucristo y lo aceptó a El como su Salvador personal. Estaba santificado, pues el Señor Jesús oró por él junto con los demás en Juan 17:17. E incluso se le dio poder para echar fuera demonios en Mateo 10 . Sin embargo, el Hermano Branham dice en el Párrafo 56: “Pero cuando él llegó a Pentecostés, mostró su color”. Falló en recibir el Aceite, el Espíritu. Él, como dice Hechos 1:25, “cayó por transgresión, para irse á su propio lugar.” Esta enseñanza del profeta se alinea directamente con la revelación del Apóstol Pablo. En Efesios 1:13-14, leemos: “En el cual esperasteis también vosotros en oyendo la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salud: en el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, Que es las arras de nuestra herencia, para la redención de la posesión adquirida para alabanza de su gloria.” Ese Sello no es la justificación ni la santificación, sino el Espíritu Santo mismo. Vemos esta división claramente en el libro de Apocalipsis. En Apocalipsis 19:7-8, vemos a la Novia, la “esposa” que “se ha aparejado”. Pero en Apocalipsis 7:14, vemos a otra multitud incontable que es salva, pero que es identificada como “los que han venido de grande tribulación”. El impacto de esta enseñanza es inmenso: obliga a cada creyente a examinarse a sí mismo, tal como el apóstol Pablo preguntó en Hechos 19:2, con una pregunta que define la eternidad: ¿Habéis recibido el Espíritu Santo después que creísteis?
PREGUNTA 16: EXPLICACIÓN DE ÉXODO 4:24
¿Qué es lo que esta Escritura significa, Dios quiso matar a Moisés o a su hijo? ¿Y por qué?
Esta pregunta se centró en el significado del incidente registrado en Éxodo, capítulo 4, donde Dios se encuentra con Moisés en una posada con la intención de matarlo. La pregunta específica era a quién buscaba matar Dios, si a Moisés o a su hijo, y por qué. El Hermano Branham lee el pasaje clave de Éxodo 4:24: “Y aconteció en el camino, que en una posada le salió al encuentro Jehová, y quiso matarlo.” Él confirma que esta es “una buena pregunta” y procede a explicar el contexto teológico detrás de esta confrontación divina.
La razón fundamental del enojo de Dios fue el incumplimiento de un pacto fundamental por parte de Moisés. El Hermano Branham explica que Dios había establecido la señal de la circuncisión con Abraham muchas generaciones antes, como un pacto que requería que cada varón debía de ser circuncidado. El problema era la hipocresía de la situación: Moisés estaba rumbo a Egipto para liberar a los hijos de Israel bajo la señal de la circuncisión; y su propio hijo aún no estaba circuncidado. Moisés, el libertador elegido, no había practicado en su hijo la misma señal de liberación.
El Hermano Branham aclara que el objetivo de la ira de Dios era el líder, no el niño. Él declara enfáticamente en el párrafo 83: “Dios iba tras Moisés”. Continúa explicando en el párrafo 92: “Dios no quería matar al hijo. Dios... Ese pobre pequeñito no sabía qué hacer; era inocente. Pero cuál era el problema, era el padre del niño...”. La vida de Moisés fue salvada solo por la intervención rápida y decisiva de su esposa, Séfora. Escuchemos el párrafo 92: “Entonces Séfora cogió un pedernal afilado, y cortó el prepucio de su hijo, y echólo a sus pies y dijo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre.” El Hermano Branham sugiere que un Ángel pudo haberle advertido a Séfora que actuara de inmediato.
Finalmente, el Hermano Branham aplica esta lección del Antiguo Testamento al creyente del Nuevo Testamento. Él establece un paralelo directo entre la circuncisión física de la carne y la circuncisión espiritual requerida hoy. Pregunta en el párrafo 80: “¿Y hoy día estamos nosotros circuncidados? Sí, por el Espíritu Santo, pero no en la carne.” La lección es que uno no puede descuidar la misma señal de liberación, que hoy es la circuncisión por el Espíritu Santo. Advierte contra el celo por grandes misiones externas (como Moisés yendo a Egipto) mientras se descuidan las responsabilidades espirituales fundamentales en el propio hogar o vecindario.
PREGUNTA 17: ISAÍAS 4:1 Y LA APOSTASÍA DE LOS ÚLTIMOS DÍAS
En la pregunta número 17 se buscaba el significado y el tiempo de cumplimiento de la profecía en Isaías 4:1. El Hermano Branham lee la Escritura: “Y ECHARÁN mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: Nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas; solamente sea llamado tu nombre sobre nosotras, quita nuestro oprobio.” Esta profecía describe un tiempo de desesperación moral y escasez de hombres honorables, donde las mujeres abandonarían toda decencia tradicional solo para quitarse el oprobio de estar solas, sin importarles el verdadero fundamento de una relación.
En lugar de relegar este cumplimiento a un futuro distante, el Hermano Branham declara que esta condición es un espejo de la era actual. Él responde en el párrafo 93: “Bueno, hermano, así de malo casi está hoy día”. Él identifica inmediatamente la raíz de esta condición como una profunda decadencia espiritual: “¡Qué apostasía ha acontecido a nuestro país!” Sostiene que la nación se encuentra en el mismo camino de inmoralidad, de retroceso, que toda nación entró a través de las edades.
Un “Sodoma y Gomorra Moderno”
El Hermano Branham no se limita a generalidades; describe vívidamente por qué considera que la sociedad se ha derrumbado moralmente, comparándola directamente con las ciudades más infames de la Biblia.
Él afirma en el párrafo 95: “El mundo ha entrado en esta condición, porque es un Sodoma y Gomorra moderno”. Menciona haber leído en periódicos de California sobre el aumento alarmante de cuántos miles de homosexuales... habían aumentado cada año, señalando que aun el deseo natural entre esposo y esposa... ya no está más en la gente.
Él también señala la cultura popular como un síntoma de esta enfermedad. Advierte que, al escuchar la radio o la televisión, uno encuentra que son las peores y más sucias... Hay algunas canciones que hablan de mujeres o algo así, eso es la cosa que alcanza popularidad. En su análisis, la responsabilidad de esta decadencia recae significativamente en la pérdida de la decencia femenina, declarando en el párrafo 97: “Si una mujer se guardara en la decencia, el hombre se comportaría correctamente.”
Para subrayar la gravedad de la inmoralidad, relata estadísticas impactantes de la guerra reciente en ese tiempo, cito del párrafo 103: “Dos de cada tres soldados fueron divorciados por sus esposas los primeros seis meses de estancia en ultramar”. Incluso menciona una conversación con un joven de preparatoria que le dijo, cito del párrafo 105: “Hasta donde yo sé, por años no ha salido una muchacha virgen aquí de la escuela preparatoria.” Concluye esta evaluación con una sombría proclamación, cito del párrafo 102: “¡creo que América está hundida! Ella está sin moral. Ella ha llegado a lo más bajo.”
El Espíritu de los Últimos Días
Este colapso moral generalizado no es visto como un accidente histórico, sino como la atmósfera espiritual precisa que la Biblia predijo para los últimos tiempos. El Hermano Branham explica que esta inmoralidad es el cumplimiento de la profecía; es el espíritu necesario para que el fin pueda llegar.
Él enseña y cito del párrafo 104: “El mundo tiene que entrar en el espíritu de los últimos días antes que los últimos días puedan venir, y estamos en el espíritu de los últimos días.” La profecía de Isaías sobre siete mujeres agarrando a un hombre es simplemente una faceta de este espíritu. Esta condición no es una sorpresa para Dios; es la manifestación de lo que ya estaba escrito, cito del párrafo 95: “Esto es exactamente lo que Dios dijo que sucedería.”
En medio de esta apostasía, los esfuerzos religiosos tradicionales se vuelven ineficaces. El Hermano Branham se pregunta, cito del párrafo 97: “¿cómo podemos tener un avivamiento?” Menciona los grandes movimientos evangelísticos de su tiempo, como los de Billy Graham y Jack Shuler, pero observa que han estado operando... tan duro como pueden, y no ha habido avivamiento.
La razón, explica, es que las puertas se están cerrando. El tiempo de la Gracia para los Gentiles está terminando. Da un ejemplo, cito del párrafo 99: “En una ciudad en donde Billy Graham tuvo una campaña... ellos reclamaron haber tenido veinte mil y algo conversiones... Algunas semanas después, regresaron a ese lugar y no pudieron encontrar ni veinte de los miles.” El trabajo evangelístico se ha vuelto como pescar en un lago vacío: “Nosotros hemos sacado del lago en la red todo pez... Tal vez uno o dos estén todavía por allí.”
En esta era de juicio inminente, donde “América está hundida” y el juicio “está aquí”, el Hermano Branham afirma, cito del párrafo 108: “Solamente hay una sola esperanza para todo, y ésa está en Cristo Jesús.” La única respuesta que queda es la huida personal: “¡Hermano, huya de la ira que viene y corra hacia Jesucristo tan pronto como pueda!”
PREGUNTA 18: EL ORDEN DIVINO EN LA CASA DE ADORACIÓN
La pregunta número 18 se consultó cuál es la expectativa de Jesucristo sobre cómo debemos entrar y conducirnos en la Casa del Señor para adorarle. El Hermano Branham describe esta pregunta como “muy esencial para cualquier iglesia” y procede a definir tanto el propósito como el orden bíblico de la adoración.
El propósito fundamental, subraya, es singular: venimos “por un propósito, y ése es el de adorarle, de cantar alabanzas, y de adorar a Dios”. No es un lugar para socializar, “hablar uno del otro”, o discutir asuntos seculares. Toda la conducta en la iglesia debe regirse por el principio apostólico que él cita de Pablo: “Y todo deberá de hacerse decentemente y en orden.”
El Orden del Servicio y los Dones
El Hermano Branham detalla cómo debe fluir un servicio que opera decentemente y en orden bajo la unción del Espíritu Santo.
El Mensaje: El pueblo debe entrar en un Espíritu de adoración. El predicador, a quien identifica como un profeta del Nuevo Testamento (basado en Apocalipsis 19:10, que dice que “el testimonio de Jesucristo es el Espíritu de profecía”), comienza a predicar. Durante este tiempo, la iglesia deberá estar en silencio, escuchando mientras él revela la Escritura. La congregación puede participar afirmando la Palabra, diciendo "¡Amén, bendito sea el Señor!", ya que “Amén” quiere decir “así sea, así es o así será”.
Los Dones Espirituales (Lenguas e Interpretación): Después de que el predicador termina, el Espíritu puede moverse para enviar un mensaje a la iglesia. Esto puede manifestarse como un mensaje hablado en lenguas desconocidas. Sin embargo, esto debe seguir reglas estrictas de 1 Corintios 14. El Hermano Branham es firme en que, si no hay intérprete en la iglesia, esta persona deberá guardar su paz, y no hablar en lenguas. Si hay un intérprete presente, el intérprete dará el mensaje a la iglesia.
El Propósito de la Interpretación: Este mensaje no debe ser una repetición de Escrituras o exhortaciones generales, ya que Dios no usa vanas repeticiones. Debe ser un mensaje directo a alguien para que haga cierta cosa o algo que edificará a la Iglesia. Él provee ejemplos claros de un mensaje genuino: “ASI DICE EL ESPIRITU SANTO: Que Fulano de Tal vaya y ponga sus manos en esta persona... porque... en esta noche es la noche de su sanidad.”
El Juicio de los Dones: La iglesia no debe aceptar ciegamente cualquier manifestación. El mensaje debe ser juzgado. Si se da una profecía (como una advertencia de tormenta), alguien, con discernimiento espiritual, se levanta y dice: “¿Fue eso del Señor?”. El estándar para la confirmación es: “Y si tres hombres de buen testimonio, con discernimiento espiritual, cada uno de ellos se levanta y dice: “Eso fue del Señor”, entonces la iglesia lo recibe. Si la profecía no se cumple, más les vale que confronten a esa persona. Finalmente, el número de estos mensajes está limitado: Dos o tres mensajes de esta índole, no más de tres, se darán al pueblo al mismo tiempo.
Sintiendo que la pregunta podía estar relacionada con el orden femenino, el Hermano Branham aborda extensamente el rol y la conducta de las mujeres en la iglesia como parte integral del orden bíblico.
La Cubierta de la Mujer: Él enseña que la cubierta de la mujer no es un objeto artificial. Nos dice el Hermano Branham y en el párrafo 127: “Yo sé que estas damas de hoy... usan sombreros. Uds. dicen que eso es su cubierta. Eso es incorrecto.” Él declara enfáticamente en el mismo párrafo 127: “La Biblia dice que la cubierta de la mujer es su pelo”. Por lo tanto, la mujer debe de tener pelo largo. Esa es su cubierta.
El Pelo Corto: Cortarse el pelo es una violación de este orden, sigo la misma cita del párrafo 127: “Y si ella se corta su pelo, el orar para ella es una deshonra. ¿Verdad que sí? Esto es Escritura.” Él también define lo que la Escritura considera corto, argumentando que el cabello hasta los hombros no califica como largo, cito en el párrafo 128: “Ud. dirá: 'Mi pelo está largo. ¿Ve?, me llega hasta mis hombros'. Eso es pelo corto... Así que, damas con pelo hasta sus hombros, todavía es pelo corto.”
El Propósito del Orden (No la Salvación): El Hermano Branham aclara la importancia de esta enseñanza. No es un asunto de salvación, sino de orden divino y sumisión a la Palabra. Nos dice en el párrafo 130: “Ahora, yo no estoy diciendo que eso lo va a llevar al infierno o que lo va a llevar al Cielo. Esto no tiene nada que ver con eso. Pero el orden de la Iglesia es que la mujer debe tener su pelo largo.”
El Rol de la Mujer: Además de su apariencia, su rol en la asamblea está definido. Ella no debe tener nada que ver en los asuntos en la iglesia. Su lugar es ser obediente y reverente. La razón teológica para esta sumisión en la iglesia, según la Biblia, es porque ella fue la que trajo la primera caída. Cito de la parte final del párrafo 130: “Pero el orden de la Iglesia es que la mujer debe tener
su pelo largo. Esto es correcto; correcto. Y al entrar a la iglesia… Y no tener nada que ver en los asuntos, los asuntos sociales—quise decir los asuntos en la iglesia. Ella tiene que ser obediente y reverente, y todo lo demás, porque ella fue la que trajo la primera caída, la Biblia dice. Eso es correcto; Correcto.”
PREGUNTA 19: LA VISIÓN DIVINA DURANTE LA CENA DEL SEÑOR
Esta pregunta número 19 provino de una mujer que testificó haber tenido una visión de Dios cuando estaba a punto de tomar la Cena en su iglesia. Ella preguntó por qué había experimentado esto. El Hermano Branham, al no conocer el estado espiritual de la mujer, ofreció dos interpretaciones posibles, ambas centradas en la profunda seriedad del sacramento de la Comunión.
La primera interpretación asume que la mujer estaba en una condición espiritual correcta. En este caso, la visión no fue otra cosa que una Confirmación Divina del acto que estaba realizando. Él le explica en el párrafo 131: “Que al ver Ud. a Jesucristo aparecerle en una visión... El le estaba enseñando que Ud. lo estaba tomando en un símbolo.” La visión sirvió para realzar la realidad espiritual de la Cena, mostrándole que, aunque el pan y el vino eran simbólicos, ella estaba, de hecho, tomándolo a El y metiéndolo en su cuerpo como un símbolo. Si este era el caso, la visión era un aliciente para mantener una vida santa, el Hermano Branham le dice al final del párrafo 131: “Así que viva limpia, y viva pura”.
La segunda interpretación es una advertencia solemne, en caso de que la mujer no estuviera en la condición espiritual correcta. El Hermano Branham presenta la visión como una posible advertencia divina para su corrección. Él le dice y cito del párrafo 135: “pero si Ud. no es, esto es como una advertencia para Ud. para que se ponga bien con Dios antes de hacerlo otra vez.” La aparición de Dios en ese momento preciso serviría como un llamado urgente al autoexamen y al arrepentimiento antes de participar en un acto tan sagrado.
Independientemente de la interpretación personal para la mujer, el Hermano Branham usó la pregunta para emitir una advertencia severa a toda la congregación sobre el peligro de tomar la Comunión indignamente. Él recalca y cito del párrafo 132: “Si Ud. toma la Cena... siendo indigno, Ud. es culpable de la Sangre y del Cuerpo de Jesucristo.” Esta no es una ofensa menor; es participar en el sacramento de una manera que deshonra el sacrificio que representa. Por lo tanto, él amonesta: “Que el hombre que tome la Cena, viva bien delante de Dios. No la tome indignamente...”
Para ilustrar la gravedad de esta advertencia, el Hermano Branham denuncia la forma disoluta en que él había observado que se practicaba la Comunión en otras iglesias. Cita la profecía de Isaías en el párrafo 133: “La Biblia predice que en los últimos días todas las mesas de Dios estarían llenas de vómito.” Relata haber visto diáconos sirviendo la Cena de los cuales el predicador dijo que siete de ellos eran borrachos y haber visto a miembros de la iglesia, e incluso al pastor, salieron afuera a fumarse unos cigarrillos, y después regresaron y tomaron la Cena del Señor. Por tales actos, él declara, y cito del párrafo 133: “Dios dijo que El los iba a hacer culpables por eso. ‘Y muchos están enfermos y debilitados entre Uds., y muchos están muertos’”.
PREGUNTA 20: EL PELIGRO DE LAS “PROFANAS Y VANAS PARLERÍAS”
La pregunta número 20 se trata de una explicación de 2 Timoteo 2:16, que dice y cito: “Mas evita profanas y vanas parlerías; porque muy adelante irán en la impiedad.” El Hermano Branham identifica inmediatamente que la enseñanza central de este versículo es evitar la “parlería profana”, es decir, la conversación vacía, ociosa y contaminada que no edifica.
El Hermano Branham establece un estándar estricto para la conversación cristiana, basándose directamente en las palabras del Señor Jesús, cito del párrafo 137: “Que tu ‘sí’ sea ‘sí’ y tu ‘no’ sea ‘no’, pues todo lo que sale más de esto, es pecado.” Advierte que esta norma es tan seria que Dios lo va a ser responsable por cada palabra vana que Ud. hable. Por lo tanto, el creyente debe ser una persona franca, firme, amante, bondadosa, nunca hablando un montón de tonterías, sino siempre caminando adelante.
Ejemplos Específicos de “Parlería Profana”
El Hermano Branham identifica varias formas comunes en que esta parlería profana se manifiesta, advirtiendo contra cada una de ellas:
Chistes y Bromas (“Chistear”): Él es categórico al afirmar que incluso las bromas aparentemente inofensivas están fuera del orden, cito del párrafo 137: “Ud. ni siquiera debe de chistear y decirse bromas uno con el otro.
Usa su propia vida como ejemplo, confesando su naturaleza irlandesa que lo inclina a bromear, y chistear. Relata cómo, tras hacer una broma a sus hijos, su esposa lo reprende diciendo: “Bill...debes encerrarte en algún cuarto... y decir: ‘Señor, perdóname’”. Él define este acto como resbalar, algo por lo que el cristiano debe arrepentirse diariamente para morir diariamente para vivir en Jesucristo.
Chistes Sucios y Malos Pensamientos: Si bien condena las bromas simples, traza una línea clara hacia una corrupción mayor, cito del párrafo 141: “yo no creo que los Cristianos dicen chistes sucios. ¡No, señor! ¡No, señor!”. La razón es que los Cristianos tienen pensamientos puros.
Chismes y Murmuraciones (“Habladurías”): Esta es una de las formas más peligrosas de parlería profana. El Hermano Branham advierte contra participar en el chisme, ya sea escuchándolo o hablándolo, cito del párrafo 143: “Ud. permita que alguien venga... ‘¿Sabe qué, Sra. Fulana de Tal? Vi a su esposo...’”. La respuesta cristiana debe ser inmediata: “Ud. diga: ‘¡No quiero oírlo!’ Sálgase”. Advierte que esto también ocurre con los hermanos en la iglesia, cito del párrafo 144: “¿Sabe qué, hermana? Déjeme decirle qué le pasó al hermano”, o incluso murmurando contra el liderazgo: “Si tan sólo pudiéramos deshacernos de este predicador... o deshacernos de este diácono...”. El consejo divino es: “¡Oh, oh! Evite esa cosa”.
El Proceso Corruptor
El Hermano Branham explica por qué la Escritura advierte tan severamente contra estas cosas: porque muy adelante irán en la impiedad. La parlería profana es una pendiente resbaladiza que lleva al creyente de regreso a su sistema antiguo, a su vida pasada.
Él describe este descenso gradual, cito del párrafo 142: “hoy una persona dice un chistecito... Al día siguiente dice dos chistecitos... Y cuando Ud. menos lo piensa, Ud. está haciendo algo más. Y cuando menos lo piensa, eso lo guía otra vez a ese sistema antiguo.”
La solución que él presenta es una vigilancia activa y una separación total. Cita la sabiduría de los tres monos: “No veas lo malo... No oigas lo malo... No hables lo malo.” El mandato es claro: Solamente guarde su mente pura y en Cristo y Apártese de esa cosa. ¡Evítela!
PREGUNTA 21: EL PERÍODO ENTRE EL BAUTISMO Y EL MINISTERIO DE JESÚS
La pregunta número 21 consulta sobre las actividades del Señor Jesús en el lapso entre Su Bautismo y el inicio de Su Ministerio público de tres años y medio. El Hermano Branham da una respuesta cronológica directa, basada en el registro de los Evangelios, específicamente Mateo, capítulo 4.
Él explica que inmediatamente después de que Jesús fue bautizado, salió de las aguas. En lugar de comenzar Su Ministerio público de inmediato, fue apartado para una prueba fundamental. La Escritura dice que el Espíritu lo guio al desierto por cuarenta días y cuarenta noches.
El propósito de este aislamiento no fue de preparación académica, sino de confrontación espiritual directa: para ser tentado por el diablo. Durante todo este período, Jesús no pudo comer, a lo que se entiende que ayunó forzadamente. Fue solo después de terminar el ayuno forzoso es que el diablo lanzó sus tentaciones principales. Jesús resistió al diablo por la Palabra de Dios, demostrando Su Autoridad sobre el tentador.
Fue solo después de superar esta prueba en el desierto que Jesús entró a Su Ministerio. El Hermano Branham luego confirma la duración de este ministerio, señalando que predicó tres años y medio. Esta duración no fue una casualidad; fue un cumplimiento directo de la profecía divina. Él señala en los párrafos 151-152, y cito: “Mire. Allá en el tiempo de Daniel Dios habló y dijo que El predicaría tres años y medio y después sería cortado para sacrificio durante ese tiempo.” Por lo tanto, el ministerio de Jesús, desde Su prueba en el desierto hasta Su sacrificio, siguió un itinerario divinamente ordenado, sigue diciendo el profeta: “Exactamente. El estaba ordenado desde antes de la fundación del mundo.”
PREGUNTA 22: EL ORIGEN DE LAS RAZAS Y LA VERDADERA MALDICIÓN
La pregunta número 22 aborda dos temas profundos y a menudo malinterpretados: el origen de las diferentes razas humanas y la naturaleza de la "maldición" bíblica, específicamente si estaba ligada a una raza sobre otra.
El Origen: Un Pueblo, Múltiples Ambientes
El Hermano Branham comienza abordando el origen de la humanidad, admitiendo la limitación del conocimiento humano sobre el estado físico original de Adán y Eva. Él declara en el párrafo 153: “yo no pudiera decirle a Ud. si Adán y Eva eran blancos o cafés, o amarillos, o negros. Yo no puedo decirles. Creo que nadie lo sabe sino solamente Dios, El estaba allí.”
Lo que sí afirma la Escritura es la unidad original de la humanidad, sigamos leyendo en el párrafo 153: “Ahora, todos teníamos un solo lenguaje y éramos un pueblo hasta que se erigió la torre de Babel, una confusión.” Fue en este evento, descrito en Génesis 11, donde Dios confundió las lenguas, lo que resultó en la dispersión de la humanidad. Nos sigue diciendo el profeta en el párrafo 153: “Y desde allí su lenguaje fue diferente... De allí ellos se separaron y se esparcieron por diferentes partes del mundo.”
El Hermano Branham explica la diversidad racial no como un acto de maldición, sino como un resultado natural de esta dispersión geográfica, similar a cómo el medio ambiente afecta a la vida animal. Él nos dice y cito del párrafo 154: “Ud. tome un animal... que coma solamente de un cierto terreno, y él tomará ese color.” Aplica esta lógica a los pueblos: “El Etíope es un hombre de piel oscura... El se fue a vivir a esos países cálidos, desérticos", mientras que el “pueblo Anglosajón” (la gente blanca) provino de climas nórdicos .
2. La Maldición: Refutando el Mito de Cam
El Hermano Branham identifica correctamente que la pregunta sobre la “maldición” se refiere a la historia de Noé y sus hijos, Sem, Jafet y Cam, registrada en Génesis 9:20-27. Él anticipa el argumento, cito del párrafo 157: “Yo sé a donde quieren llegar Uds. Uds. tratan de llegar a Cam.”
Él recuenta la historia bíblica: Cam vio la desnudez de su padre Noé y se rió y se burló de él, mientras que Sem y Jafet caminaron hacia él dándole sus espaldas y arrojaron sus mantos sobre su padre. A consecuencia, nos dice el Hermano Branham en el párrafo 158: “Y Dios maldijo a Cam... Y Dios le dijo a Cam, que su generación serviría a la de los otros dos.”
Sin embargo, el Hermano Branham rechaza enfáticamente la enseñanza de que esta maldición de servidumbre fuera una maldición que cambiara el color de la piel de Cam. Él desarma este argumento con mucha sabiduría. Leamos del párrafo 159: “Ahora, si Ud. piensa que la maldición era que fueran negros, entonces, los Judíos están malditos porque son de piel oscura también.”
Extiende este punto, señalando que tal teoría es inconsistente, ya que otras naciones son aún más oscuras que el pueblo africano. Sigamos leyendo del párrafo 159: “Si Ud. piensa que eso sería la... en la gente que nosotros llamamos gente de color o Negros en este país, Ud. debería de ir a la India. Los Indios son más oscuros de la piel que el Negro.” Él considera esta enseñanza racial una como una tontería.
3. La Verdadera Maldición y la Verdadera Bendición
El Hermano Branham concluye llevando la pregunta del ámbito físico al espiritual. La verdadera maldición que pesa sobre la humanidad no es la pigmentación, sino el pecado original. Cito del párrafo 164: “Así que toda la cosa se reduce a esto: todos procedemos de un sólo árbol. Correcto. Y todos recibimos maldición por la caída de Eva.”
Dado que la maldición es universal (el pecado), la bendición (la salvación) también lo es. Sigamos leyendo del párrafo 164: “Y todos somos salvos por la resurrección de Jesucristo”. Por lo tanto, la única división que Dios reconoce no es racial, sino espiritual. San Marcos 16:16: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”
Él resume toda la respuesta con una declaración definitiva, aclarando que ni el hombre blanco, ni el negro, ni el amarillo están bajo una maldición racial. La única maldición que importa es el estado del alma. Nos dice el Hermano Branham en el párrafo 165: “La única maldición que yo sé, es no creer en Jesucristo.”
PREGUNTA 23: LA LOCALIZACIÓN Y DESTINO DE LAS DIEZ TRIBUS
La pregunta número 23 consultaba sobre el paradero de las diez tribus perdidas de Israel, que fueron esparcidas tras la cautividad asiria, y si era posible localizarlas.
A esta pregunta, el Hermano Branham responde con absoluta certeza: “¡Sí, señor! Pueden ser localizadas”. Él aclara que su localización no depende de la genealogía secular o la historia moderna, sino que geográficamente pueden ser localizadas en la Biblia. La clave para encontrar a las tribus no está en un mapa del mundo actual, sino en el mapa profético establecido en las Escrituras.
El Mapa Profético de la Biblia
El Hermano Branham explica que la Palabra de Dios no solo registró su dispersión (históricamente registrada en 2 Reyes 17), sino que también predijo sus características y destinos finales. Y Dios nos dice en dónde estarán en los últimos días y cuál será el fin de ellas.
El Hermano Branham alude a las profecías específicas dadas a cada tribu, tanto en Génesis 49 (mencionado en la propia pregunta) como en Deuteronomio 33. Menciona un ejemplo específico de estas profecías cito del párrafo 166: “Ellos dijeron que uno había metido sus pies en aceite.” Esta es una referencia directa a la bendición de Aser en Deuteronomio 33:24: “Y á Aser dijo: Bendito Aser en hijos: Agradable será á sus hermanos, Y mojará en aceite su pie.” El Hermano Branham enseña que estas antiguas profecías actúan como marcadores geográficos e industriales que identifican a las tribus en su estado disperso, incluso si ellas mismas han perdido su identidad.
El Cumplimiento Final: El Regreso a Palestina
Si bien las tribus están establecidos en diferentes lugares según sus bendiciones proféticas, el Hermano Branham enfatiza que el cumplimiento principal y de los últimos días para todas las tribus de Israel no es su ubicación en la dispersión, sino su regreso divinamente ordenado a su tierra natal.
Él conecta esta profecía directamente con los eventos mundiales que estaban ocurriendo (el sermón fue en 1954, pocos años después de la fundación del estado de Israel en 1948). Él declara y cito del párrafo 166: “Todos los Judíos están regresando a Palestina, en donde Dios prometió que estarían en los últimos días.”
Este regreso es uno de los cumplimientos proféticos más significativos de la Biblia, predicho por numerosos profetas.
Jeremías 31:10 declara: “Oid palabra de Jehová, oh gentes, y hacedlo saber en las islas que están lejos, y decid: El que esparció á Israel lo juntará y guardará, como pastor á su ganado.”
Ezequiel 37:21-22 promete: “Y les dirás: Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo tomo á los hijos de Israel de entre las gentes á las cuales fueron, y los juntaré de todas partes, y los traeré á su tierra: Y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel; y un rey será á todos ellos por rey: y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos:…”
Amós 9:14-15 confirma esta permanencia: “Y tornaré el cautiverio de mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán; y plantarán viñas, y beberán el vino de ellas; y harán huertos, y comerán el fruto de ellos. Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les dí, ha dicho Jehová Dios tuyo.”
Por lo tanto, según la Palabra de Dios, la respuesta a “¿Dónde están las diez tribus?” se responde mirando a Palestina (Israel), porque esa es la ubicación que Dios prometió para esas tribus en los últimos días.
PREGUNTA 24: ¿CÓMO PUEDE UN DIOS DE AMOR ENVIAR LA GUERRA COMO JUICIO?
La pregunta número 24 fue la última y quizás la más intensa del servicio. La persona que la escribió expresó una profunda angustia teológica, cito del párrafo 166: “Yo no puedo creer que Dios envía guerras como juicio... Yo no creo... que Dios puso la espada en las manos de esos carniceros desde la antigua Babilonia hasta Hitler, para dar muerte a mujeres inocentes y niños inocentes...” El argumento del interlocutor se basaba en la premisa de que “mi Dios de amor no haría... Las guerras son obras de Satanás”.
El Hermano Branham, reconociendo la seriedad de la pregunta, afirma que debe permanecer con la Palabra de Dios por encima de los sentimientos humanos. Su respuesta inicial es directa, cito del párrafo 171: “Bien, amigo, sólo hay una cosa que está mal con su creencia, y esa es, que no es Escritural.” Él afirma inequívocamente, sigo citando del párrafo 171: “Dios envía guerras como juicio. Correcto.”
1. Conciliando la Obra de Satanás y la Soberanía de Dios
El Hermano Branham primero valida parte del argumento del interlocutor. Él está de acuerdo, cito del párrafo 173: “Yo estoy de acuerdo con Ud. de que las guerras son de Satanás. Eso es exactamente la verdad.” Él confirma que Satanás es el príncipe de este mundo, a quien pertenecen todos los reinos, un hecho que el propio Satanás reclamó en Mateo 4:8-9 y que el Señor Jesús reconoció (refiriéndose a él como “el príncipe de este mundo” en San Juan 14:30).
Sin embargo, aquí es donde introduce la doctrina de la soberanía permisiva de Dios. Aunque Satanás es el autor de la guerra, él es solo un instrumento en la Mano de un Dios soberano. Leamos del párrafo 173: “Pero Dios permite que Satanás haga esto para corrección y para juicio.” Dios usa la maldad del diablo para cumplir Su Propio Propósito Justo y Soberano.
2. La Evidencia Bíblica del Juicio Divino
Para probar que Dios sí ordena la destrucción, incluso de inocentes, como parte de Su Juicio, el Hermano Branham presenta una serie de ejemplos bíblicos irrefutables:
El Sacrificio de Cristo (La Cruz): El ejemplo supremo. Leamos del párrafo 174: “¿Por qué Dios mismo castigó a Su propio Hijo y lo mató en la cruz?” No fue solo un acto de los hombres; fue un acto de Juicio Divino. Continuamos en el párrafo 174: “La Escritura dice: 'Esto le agradó a Dios, afligirlo, golpearlo y herirlo’”. Esto es una referencia directa a Isaías 53:10: “Con todo eso Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole á padecimiento. Cuando hubiere puesto su vida en expiación por el pecado…”
Saúl y los Amalecitas (1 Samuel 15): Leamos ahora del párrafo 175: “Cuando Dios le dijo que fuera a conquistar... y que destruyera todo lo que allí hubiera, hombres, mujeres, niños, y todo... aun el ganado.” Cuando Saúl desobedeció y perdonó parte, Dios quitó el Espíritu de él y se separó de él.
Jericó (Josué 6): Leamos del párrafo 177: “¿Qué de Jericó, cuando Dios envió a Josué al otro lado del río Jordán y literalmente destruyó criaturitas, niños, y todo lo demás, y no dejó nada con vida?” El Hermano Branham enfatiza que esto no fue una decisión humana: “Dios se lo mandó.”
El Diluvio (Génesis 6-8): Leamos del párrafo 181: “En el mundo antidiluviano, cuando millones y millones y billones de gente habitaban la tierra... Dios Todopoderoso, quien tiene control de los cielos, envió lluvia que mató a millones de ancianos, jóvenes, y criaturas.”
Ezequiel 9 (El Juicio Comienza en el Santuario): Este es su argumento culminante. Él lee directamente de Ezequiel 9, donde Dios mismo ordena una matanza selectiva. Primero, Dios ordena que se ponga una marca en la frente de los hombres que gimen y... claman por... las abominaciones. Luego, Dios da esta orden a los ángeles destructores, leamos del párrafo 180: “Pasad por la ciudad en pos de él y herid; no perdone vuestro ojo, ni tenga misericordia.” La orden especificaba explícitamente a las víctimas: “Matad viejos, mozos... vírgenes,... niños pequeños, mujeres...” Y el punto de partida del juicio fue y cito del párrafo 180: “...y habréis de comenzar desde mi santuario”, demostrando que el juicio de Dios (como 1 Pedro 4:17 también afirma) comienza con Su propio pueblo.
3. Conclusión: El Dios de Amor es También un Dios de Ira
El Hermano Branham concluye que el problema central de la pregunta es una comprensión moderna e incompleta de la naturaleza de Dios. La gente ha creado un Dios de amor que tolera el pecado, pero eso no es el Dios de la Biblia.
Leamos del párrafo 178: “Dios es amor, perfecto amor; pero Ud. no sabe lo que es amor.” El profeta nos explica que el verdadero Amor Divino está ligado a Su Justicia y Su Palabra. Escuchemos del párrafo 178: “El es soberano en Su Palabra. Y El tiene que guardar Su Palabra.”
Él ataca la idea de que un Padre amoroso no castigaría, un argumento que había escuchado. Su respuesta es que Dios no destruye a Sus hijos; Él los salva. La destrucción está reservada para los hijos del diablo.
La conclusión es que Dios es multifacético. Él es el Dios de amor, pero también es un Dios de ira. Ignorar Su Ira y Su Juicio para enfocarse solo en Su Amor es el error fundamental que han enseñado en las iglesias de hoy día. El Hermano Branham nos dice en el párrafo 186 final, y 187: “Esto ha sido la cosa que ha ofendido a la iglesia de hoy día. Ellos dicen: ‘Un Padre amante, por supuesto que a El no le importará que yo haga esto’. Si Ud. quiere hacerlo, más le vale que vaya y lo haga, porque el Amor de Dios no está en Ud. para empezar.”
CONCLUSIÓN
Este profundo servicio de preguntas y respuestas nos confronta primeramente con la realidad ineludible de la Soberanía de Dios, la cual opera tanto en Amor Perfecto como en Juicio Severo. El Hermano Branham desmantela la noción moderna de un Dios permisivo que no castiga, demostrando a través de las Escrituras que Dios utiliza incluso las guerras y a Satanás como instrumentos de corrección para las naciones. Nos recuerda que vivimos bajo el “espíritu de los últimos días”, caracterizado por una apostasía moral comparable a Sodoma y Gomorra, donde la sociedad se ha hundido en la inmoralidad y la confusión. Esta condición mundial no es accidental, sino el cumplimiento profético que señala que el tiempo de la Gracia se está agotando y que las puertas de la misericordia se están cerrando, tal como ocurrió en los días de Noé, dejando a Jesucristo como la única ruta de escape ante la Ira venidera.
Ante este panorama de juicio inminente, se exige a la Iglesia un retorno estricto al orden bíblico y a la santidad personal, rechazando cualquier comportamiento que contamine el cuerpo de Cristo. La adoración debe conducirse “decentemente y en orden”, respetando la Estructura Divina que incluye el rol de la mujer y su cabello largo como señal de sumisión y cobertura, así como el juicio cuidadoso de los dones espirituales para asegurar que realmente edifican a la congregación. Esta reverencia se extiende a la vida diaria del creyente, quien debe huir de toda “parlería profana”, chistes sucios y murmuraciones que corrompen el alma, y acercarse a la Mesa del Señor con un temor santo, sabiendo que participar indignamente trae culpabilidad y juicio físico sobre sí mismo.
En el ámbito profético y doctrinal, el mensaje aclara confusiones históricas y raciales, estableciendo que Dios no mira la apariencia exterior sino la fe del corazón. El Hermano Branham refuta categóricamente la idea de que una raza específica, como la negra, esté bajo maldición divina, aclarando que la única maldición real es la incredulidad y el rechazo a Jesucristo. Simultáneamente, nos orienta en el Reloj de Dios al señalar el regreso de los judíos a Palestina como el cumplimiento geográfico que marca el fin de la era. Se hace una distinción vital entre el “Elegido” que será raptado y el remanente de creyentes que, aunque salvos, deberán atravesar la gran tribulación por no tener el “Aceite” del Espíritu Santo en sus lámparas cuando llegue el Esposo.
Finalmente, la enseñanza concluye con una poderosa analogía sobre la naturaleza de la vida espiritual: cada persona producirá fruto según la semilla que lleva dentro, ya sea “trigo” o “cizaña”. Lo que somos aquí en la tierra es simplemente un reflejo y un testimonio de adónde iremos al morir; si somos nacidos de nuevo, ya poseemos un cuerpo celestial esperando en la Gloria, libres del juicio. Por lo tanto, la urgencia recae en no conformarse con ser miembro de una iglesia o hacer confesiones formales, sino en buscar desesperadamente el bautismo del Espíritu Santo hasta obtener la certeza de una vida transformada, pues solo aquellos con la Vida de Dios podrán resistir el veneno del mundo y ser levantados en el día final.
Himno: “DESESPERANDO POR EL BAUTISMO PLENO”
Escrito por: Hno. Francisco Velázquez Cruz
(Verso 1)
Bajo el trueno santo de Tu voz eterna,
tiemblan las naciones ante Tu verdad;
amor perfecto y juicio que gobierna,
Dios soberano, fiel en santidad.
Como en los días de Noé resuena
la advertencia clara del final veloz;
solo en Cristo hay ruta verdadera,
arca de escape frente a Tu feroz voz.
(Coro)
¡Desesperando por el Bautismo pleno!
Aceite santo ardiendo en el altar.
No religión, ni nombre pasajero,
sino Tu Vida en mí, oh Dios real.
¡Desesperando por el Bautismo pleno!
Que selle el alma en fuego y verdad;
solo los vivos por Tu Espíritu eterno
serán levantados al sonar final.
(Verso 2)
Vuelve, Iglesia, al orden de la Palabra,
a la pureza, al temor del Señor;
que sea en orden toda alabanza,
cuerpo rendido bajo Su control.
Huye el santo de parlería vana,
de chiste sucio y murmuración;
con reverencia se acerca al Pan,
sabiendo el peso de profanación.
(Coro)
¡Desesperando por el Bautismo pleno!
Aceite santo ardiendo en el altar.
No religión, ni nombre pasajero,
sino Tu Vida en mí, oh Dios real.
¡Desesperando por el Bautismo pleno!
Que selle el alma en fuego y verdad;
solo los vivos por Tu Espíritu eterno
serán levantados al sonar final.
(Verso 3)
No mira Dios color ni descendencia,
ni raza alguna trae maldición;
solo incredulidad trae sentencia,
rechazar a Cristo es condenación.
Israel despierta, marca en el reloj,
la era declina, el fin ya llegó;
unos serán tomados con el Esposo,
otros cruzarán la tribulación.
(Puente)
Trigo y cizaña juntos crecerán,
pero el fruto al final hablará;
lo que hoy somos al partir será,
eco eterno de nuestra verdad.
No basta un nombre ni membresía,
ni confesión sin transformación;
solo la Vida del Dios viviente
vence al veneno de esta generación.
(Coro II)
¡Desesperando por el Bautismo pleno!
Clama mi alma noche y día más.
Quiero la Vida que rompe el velo,
certeza eterna, poder celestial.
¡Desesperando por el Bautismo pleno!
Hasta que Cristo viva en mí;
pues solo los sellados por Su Espíritu
verán la Gloria y no el juicio venir.
(Final)
Oh Espíritu Santo, desciende hoy,
sella Tu Novia en fidelidad;
haznos portadores de Vida eterna,
listos para el día final.
Introduction
Peace to you, beloved listeners, and welcome once again to this "The Spoken Word of God" podcast of yours! I greet you in the precious Name of our Lord Jesus Christ. Today, Brethren, we have a singular privilege. We are going to immerse ourselves in one of those messages that not only inform the mind, but confront the spirit; a message that is profound and at the same time controversial and vital. Profound in his doctrine, touching the very mysteries of life and death. Controversial for the religious and traditional mind, as it challenges what many take for granted. And vitally enlightening for the soul that, with a hunger and thirst for justice, seeks the pure and unadulterated Truth.
Today we are going to review, point by point, the highlights of the sermon preached by Brother William Marrion Branham, entitled: "QUESTIONS AND ANSWERS #2". This Message was preached on Sunday afternoon, January 3, 1954, at the Branham Tabernacle in Jeffersonville, Indiana. And the context of this message is what makes it so special.
You see, this is not a traditional expository sermon, where the preacher prepares a theme and develops it. This is a session where the People of God, with their hearts full of genuine questions, of those doubts that assail us in the stillness of the night, place them before the prophet. Brother Branham himself tells us in paragraph 8, "I love the deep questions of the Bible and the Bible teachings, as long as you don't get into mythological things. But let them only abide in the simple, unadulterated Word of God; that is what will sustain him to the end."
And it is in this format, with nothing prepared in advance, that we see the prophet relying entirely on the Holy Spirit to bring the answer. He himself prays to the Lord, saying, and we read in paragraph 13: "Father, we are not worthy, we are incapable, we know, of opening the Book and even looking at it. But let the Lamb come right now tonight, the Lamb of God that was slain before the foundation of the world, and take the things that are of God and present them to this congregation. Let the Holy Spirit take these words, and let them not be my words or the words of man, but make it the Word of God in every hungry heart."
And, oh, what does the Holy Spirit answer. Addressing these questions reveals shocking truths—truths that are the foundation of our faith. We will talk about the immediate destiny of the soul: What happens at the precise moment when a believer or a sinner breaths his last? Do we wait in a dream, or do we go immediately to a destination?
We will touch on the structure of the true Church: Is it enough to "be saved"? What is the crucial difference between a justified believer, a sanctified one, and the Bride who possesses the "Oil" of the Holy Spirit for the Rapture?
And finally, we will be confronted with the uncompromising nature of God's Judgment: Is our God only a God of love, or is He also a God of wrath, a harsh Judge who sends judgment on the nations that reject Him?
Brethren, these are not theoretical questions. These are questions of eternal life.
So I invite you at this time to prepare your heart. Open your Bibles, as we will do here again in this new episode, where we use the King James Version of 1909. Ask the Lord to remove all prejudice, all human tradition, and to enable us to receive with meekness the grafted Word, which can save our souls.
Let's begin.
QUESTION 15: DOES A MAN GO TO HEAVEN OR HELL IMMEDIATELY WHEN HE DIES, OR DOES HE WAIT UNTIL JUDGMENT?
Our first point today, beloved listeners, addresses Question #15, and it is, without a doubt, one of the most fundamental questions that every human being has ever asked: "Does man when he dies, go to Heaven or go to hell immediately, or wait until judgment?" Brother Branham, led by the Spirit, gives us an answer as clear as the silver bell of the Gospel. He is emphatic: the born-again believer, the person who has been filled with the Holy Spirit, will never rise in judgment to die. At the moment of death, that believer goes directly into the Presence of God. This is the fulfillment of the promise of our Lord Jesus Christ in St. John 5:24, which says, "Truly, truly, I say to you, whoever hears my word and believes him who sent me has eternal life; and he shall not come into condemnation, but passed from death unto life." The prophet explains that the believer is free from judgment because God's judgment has already fallen on our Substitute. As long as we are in Christ, we are free from judgment, just as God promised in Egypt: "And the blood shall be a sign unto you in the houses where ye are; and I will see the blood, and I will pass over you, and there will be no plague of slaughter in you, when I will smite the land of Egypt." [Exodus 12:13]
For the sinner, however, the fate is tragically different. Brother Branham explains that as long as a person, no matter how sinful, is alive on earth, mercy is available. But the very minute that her soul leaves her body and leaves, she has passed from mercy to judgment. As the prophet says in paragraph 30: "You judge yourself by the way you treat the propitiation that God made for your sins", thus fulfilling the words of St. John 3:18: "He who believes in him is not condemned; but he who does not believe is condemned already, because he did not believe in the name of the only begotten Son of God."
But what state is the believer in after death? Brother Branham refutes the teaching of the "sleep of the soul," declaring that when we die, we go into the Presence of God in a "heavenly body." In this state, we are fully aware; he mentions that he could recognize and talk to Brother Neville, though without the five physical senses. We are like those conscious souls that John saw souls under the altar begging for vengeance. This is the same glorious revelation that the Apostle Paul had. In 2 Corinthians 5:1, 8, he says, "FOR we know, that if the earthly house of our habitation be dissolved, we have a building of God, a house not made with hands, everlasting in heaven" and "But we are confident, and would rather depart from the body, and be present with the Lord." And in Philippians 1:23, Paul expresses his desire to depart and be with Christ, which is so much better. The prophet also clarifies why this is different from the Old Covenant: the righteous of old went to "Paradise," a place of waiting, because the blood of bulls and goats only covered it, not took away sin. But when Christ died and rose again, He brought those saints with Him from the grave, fulfilling the Scripture of Ephesians 4:8: "Ascending on high, He took captivity captive." The impact of this Truth is glorious: It takes away all the sting of death!
But this answer about the fate of the soul serves as the foundation for the deeper truth that the prophet reveals in this message. If the first part of the answer assures us of salvation from judgment, the second part defines the preparation for the Rapture. This is where the message becomes intensely profound. Brother Branham establishes a truth that shakes complacency: not all who are saved are automatically destined to leave in the Rapture. In Paragraph 52, he states emphatically, "Just because you accept Christ as your personal Savior, that doesn't mean you're going to go away in the rapture. That's for the Chosen One, he's the one who's going to go away in the rapture." This Bride is a select group, while a "remnant" of the same cloth, though saved, will stay here to go through the great tribulation period.
To illustrate this solemn separation, the prophet relies on the parable of the Lord Jesus in Matthew 25. He emphasizes an often-overlooked detail: All ten of them were virgins. In Paragraph 69, he defines what this means spiritually: "Holy, clean, separated, sanctified." We are not talking about the saved and the lost, but about ten sanctified believers. The difference that sealed their destinies was not their moral conduct, but their inner preparation: the Oil in their lamps. The prophet identifies this Oil unequivocally as "the Holy Spirit." The foolish virgins, though "pious, sanctified people," realized too late that they lacked the Spirit. They were cast into darkness... where it is weeping and gnashing of teeth, a destiny that fulfills the warning of Matthew 25:10: "... the bridegroom came; and those who were prepared went in with him to the wedding; and the door was shut."
To prove biblically that a person can be justified and sanctified, and even used by God, and still not have the Holy Spirit, the prophet presents the chilling example of Judas Iscariot (Paragraph 56). He reasons that Judas was justified, for he believed in the Lord Jesus Christ and accepted Him as his personal Savior. He was sanctified, for the Lord Jesus prayed for him along with the others in John 17:17. And he was even given power to cast out demons in Matthew 10. However, Brother Branham says in Paragraph 56, "But when he came to Pentecost, he showed his color." He failed to receive the Oil, the Spirit. He, as Acts 1:25 says, "fell by transgression, to go to his own place." This teaching of the prophet aligns directly with the revelation of the Apostle Paul. In Ephesians 1:13-14, we read, "In whom you also waited when you heard the word of truth, the gospel of your salvation: in which also, as soon as you believed, you were sealed with the Holy Spirit of promise, who is the earnest of our inheritance, for the redemption of the purchased possession to the praise of his glory." That Seal is not justification or sanctification, but the Holy Spirit Himself. We see this division clearly in the book of Revelation. In Revelation 19:7-8, we see the Bride, the "bride" who "has made herself ready." But in Revelation 7:14, we see another countless multitude who are saved, but who are identified as "those who have come out of great tribulation." The impact of this teaching is immense: it forces every believer to examine himself, just as the apostle Paul asked in Acts 19:2, with a question that defines eternity: Have you received the Holy Spirit after you believed?
QUESTION 16: EXPLANATION OF EXODUS 4:24
What does this Scripture mean, God wanted to kill Moses or his son? And why?
This question focused on the significance of the incident recorded in Exodus, chapter 4, where God meets Moses at an inn with the intention of killing him. The specific question was who God was trying to kill, Moses or his son, and why. Brother Branham reads the key passage from Exodus 4:24: "And it came to pass on the way, that the Lord met him in an inn, and wanted to kill him." He confirms that this is "a good question" and proceeds to explain the theological context behind this divine confrontation.
The fundamental reason for God's anger was Moses' failure to fulfill a fundamental covenant. Brother Branham explains that God had established the sign of circumcision with Abraham many generations earlier, as a covenant that required every male to be circumcised. The problem was the hypocrisy of the situation: Moses was on his way to Egypt to deliver the children of Israel under the sign of circumcision; and his own son was not yet circumcised. Moses, the chosen deliverer, had not practiced in his son the same sign of deliverance.
Brother Branham makes it clear that the target of God's wrath was the leader, not the child. He states emphatically in paragraph 83, "God was after Moses." He goes on to explain in paragraph 92: "God did not want to kill the son. God... That poor little boy didn't know what to do; he was innocent. But what was the problem, it was the father of the child...". Moses' life was saved only by the swift and decisive intervention of his wife, Zipporah. Listen to paragraph 92: "Then Zipporah took a sharp flint, and cut off her son's foreskin, and threw it at his feet, and said, 'Verily you are to me a husband of blood.'" Brother Branham suggests that an Angel may have warned Zipporah to act immediately.
Finally, Brother Branham applies this Old Testament lesson to the New Testament believer. He draws a direct parallel between the physical circumcision of the flesh and the spiritual circumcision required today. He asks in paragraph 80: "And today are we circumcised? Yes, by the Holy Spirit, but not in the flesh." The lesson is that one cannot neglect the very sign of deliverance, which today is circumcision by the Holy Spirit. He warns against zealous for great external missions (like Moses going to Egypt) while neglecting fundamental spiritual responsibilities in one's own home or neighborhood.
QUESTION 17: ISAIAH 4:1 AND THE APOSTASY OF THE LAST DAYS
Question number 17 sought the meaning and time of fulfillment of the prophecy in Isaiah 4:1. Brother Branham reads Scripture: "And seven women shall take a hand from one man at that time, saying, We shall eat of our bread, and put on our garments; only let thy name be called upon us, take away our reproach." This prophecy describes a time of moral despair and scarcity of honorable men, where women would abandon all traditional decency just to shake off the opprobrium of being alone, without caring about the true foundation of a relationship.
Rather than relegate this fulfillment to the distant future, Brother Branham declares that this condition is a mirror of the present age. He responds in paragraph 93: "Well, brother, that's almost how bad it is today." He immediately identifies the root of this condition as a deep spiritual decay: "What apostasy has befallen our country!" He holds that the nation is on the same path of immorality, of regression, that every nation entered through the ages.
A "Modern Sodom and Gomorrah"
Brother Branham does not limit himself to generalities; vividly describes why he considers society to have collapsed morally, directly comparing it to the most infamous cities in the Bible.
He states in paragraph 95: "The world has entered this condition, because it is a modern-day Sodom and Gomorrah." He mentions reading in California newspapers about the alarming increase in how many thousands of homosexuals... had increased every year, pointing out that even the natural desire between husband and wife... it is no longer in the people.
He also points to popular culture as a symptom of this disease. He warns that, when listening to the radio or television, one finds that they are the worst and dirtiest... There are some songs that talk about women or something, that's the thing that gets popular. In his analysis, the responsibility for this decline lies significantly with the loss of feminine decency, stating in paragraph 97: "If a woman kept herself in decency, the man would behave rightly."
To underline the seriousness of the immorality, he recounts shocking statistics from the recent war at that time, I quote from paragraph 103: "Two out of three soldiers were divorced by their wives during the first six months of their stay overseas." He even mentions a conversation with a high school boy who said to him, I quote from paragraph 105, "As far as I know, for years not a virgin girl has come out of high school here." He concludes this assessment with a somber proclamation, and I quote from paragraph 102: "I believe that America is sunk! She is without morals. She's made it to the bottom."
The Spirit of the Last Days
This widespread moral collapse is not seen as a historical accident, but as the precise spiritual atmosphere that the Bible foretold for the end times. Brother Branham explains that this immorality is the fulfillment of prophecy. it is the spirit necessary for the end to come.
He teaches, and I quote from paragraph 104: "The world must enter into the spirit of the last days before the last days can come, and we are in the spirit of the last days." Isaiah's prophecy about seven women grasping a man is simply one facet of this spirit. This condition is not a surprise to God; it is the manifestation of what was already written, I quote from paragraph 95: "This is exactly what God said would happen."
In the midst of this apostasy, traditional religious efforts become ineffective. Brother Branham asks, I quote from paragraph 97, "How can we have a revival?" He mentions the great evangelistic movements of his time, such as those of Billy Graham and Jack Shuler, but notes that they have been operating... As hard as they can, and there's been no revival.
The reason, he explains, is that the doors are closing. The time of Grace for the Gentiles is ending. Give an example, I quote from paragraph 99: "In a city where Billy Graham had a campaign... they claimed to have had twenty thousand and something conversions... A few weeks later, they returned to that place and could not find even twenty of the thousands." Evangelistic work has become like fishing in an empty lake: "We have brought out of the lake in the net every fish... Maybe one or two are still around."
In this age of impending judgment, where "America is sunk" and judgment "is here," Brother Branham states, I quote from paragraph 108, "There is only one hope for everything, and that is in Christ Jesus." The only answer left is personal flight: "Brother, flee from the coming wrath and run to Jesus Christ as soon as you can!"
QUESTION 18: DIVINE ORDER IN THE HOUSE OF WORSHIP
Question number 18 asked what Jesus Christ's expectation is about how we should enter and conduct ourselves in the house of the Lord to worship Him. Brother Branham describes this question as "very essential to any church" and proceeds to define both the purpose and the biblical order of worship.
The fundamental purpose, he emphasizes, is singular: we come "for a purpose, and that is to worship Him, to sing praises, and to worship God." It is not a place to socialize, "talk about each other," or discuss secular matters. All conduct in the church should be governed by the apostolic principle he quotes from Paul: "And all things ought to be done decently and in order."
The Order of Service and the Gifts
Brother Branham details how a service that operates decently and in order should flow under the anointing of the Holy Spirit.
The Message: The people are to enter into a Spirit of worship. The preacher, whom he identifies as a New Testament prophet (based on Revelation 19:10, which says that "the testimony of Jesus Christ is the Spirit of prophecy"), begins to preach. During this time, the church should be silent, listening as he reveals Scripture. The congregation can participate by affirming the Word, saying "Amen, blessed be the Lord!" since "Amen" means "so be it, so it is, or so it shall be."
Spiritual Gifts (Tongues and Interpretation): After the preacher finishes, the Spirit can move to send a message to the church. This can manifest as a message spoken in unknown languages. However, this must follow strict rules from 1 Corinthians 14. Brother Branham is adamant that if there is no interpreter in the church, this person should keep his peace, and not speak in tongues. If an interpreter is present, the interpreter will give the message to the church.
The Purpose of Interpretation: This message should not be a repetition of Scripture or general exhortations, since God does not use vain repetitions. It should be a direct message to someone to do a certain thing or something that will build up the Church. He provides clear examples of a genuine message: "THUS SAITH THE HOLY SPIRIT: Let So-and-so go and lay his hands on this person... because... tonight is the night of your healing."
The Judgment of the Gifts: The church must not blindly accept any manifestation. The message must be judged. If a prophecy is given (such as a storm warning), someone, spiritually discerning, stands up and says, "Was that from the Lord?" The standard for confirmation is: "And if three men of good testimony, with spiritual discernment, each of them stands up and says, 'That was the Lord's,' then the church receives it. If the prophecy is not fulfilled, they had better confront that person. Finally, the number of these messages is limited: Two or three such messages, no more than three, will be given to the people at the same time.
Sensing that the question might be related to the feminine order, Brother Branham addresses at length the role and conduct of women in the church as an integral part of the biblical order.
The Woman's Covering: He teaches that the woman's covering is not an artificial object. Brother Branham tells us and in paragraph 127, "I know that these ladies of today... they wear hats. You say that's your covering. That's wrong." He states emphatically in the same paragraph 127: "The Bible says that a woman's covering is her hair." Therefore, the woman must have long hair. That's its cover.
Short Hair: Cutting one's hair is a violation of this order, I follow the same quote from paragraph 127: "And if she cuts her hair, to pray for her is a dishonor. Isn't it? This is Scripture." He also defines what Scripture considers short, arguing that shoulder-length hair does not qualify as long, I quote in paragraph 128: "You will say, 'My hair is long. See, it comes to my shoulders.' That's short hair... So, ladies with shoulder-length hair, it's still short hair."
The Purpose of Order (Not Salvation): Brother Branham clarifies the importance of this teaching. It is not a matter of salvation, but of divine order and submission to the Word. He tells us in paragraph 130, "Now, I'm not saying that's going to take you to hell or it's going to take you to heaven. This has nothing to do with that. But the order of the Church is that the woman must have her hair long."
The Role of Women: In addition to their appearance, their role in the assembly is defined. She should have nothing to do with matters in the church. His place is to be obedient and reverent. The theological reason for this submission in the church, according to the Bible, is because she was the one who brought about the first fall. I quote from the final part of paragraph 130: "But the order of the Church is that the woman should have
his long hair. This is correct; Right. And when I entered the church... And to have nothing to do with the affairs, the social issues—I meant the issues in the church. She's got to be obedient and reverent, and everything else, because she was the one who brought the first fall, the Bible says. That's right; Right."
QUESTION 19: THE DIVINE VISION DURING THE LORD'S SUPPER
This question number 19 came from a woman who testified that she had a vision of God when she was about to take the Supper in her church. She asked why she had experienced this. Brother Branham, not knowing the woman's spiritual state, offered two possible interpretations, both centered on the profound seriousness of the sacrament of Communion.
The first interpretation assumes that the woman was in a correct spiritual condition. In this case, the vision was nothing more than a Divine Confirmation of the act he was performing. He explains in paragraph 131: "That when you see Jesus Christ appear to you in a vision... He was teaching you that you were taking it in a symbol." The vision served to enhance the spiritual reality of the Supper, showing her that although the bread and wine were symbolic, she was, in fact, taking Him and putting Him into her body as a symbol. If this was the case, the vision was an inducement to maintaining a holy life, Brother Branham tells him at the end of paragraph 131: "So live clean, and live pure."
The second interpretation is a solemn warning, in case the woman was not in the right spiritual condition. Brother Branham presents the vision as a possible divine warning for his correction. He says to him, and I quote from paragraph 135, "But if you're not, this is like a warning to you to get right with God before you do it again." God's appearance at that precise moment would serve as an urgent call to self-examination and repentance before engaging in such a sacred act.
Regardless of the woman's personal interpretation, Brother Branham used the question to issue a stern warning to the entire congregation about the danger of taking Communion unworthily. He emphasizes, and I quote from paragraph 132: "If you take the Supper... being unworthy, you are guilty of the Blood and Body of Jesus Christ." This is not a minor offense; it is partaking of the sacrament in a way that dishonors the sacrifice it represents. Therefore, he admonishes: "Let the man who takes the Supper live well before God. Do not take it unworthily..."
To illustrate the gravity of this warning, Brother Branham denounces the dissolute way in which he had observed Communion being practiced in other churches. He quotes Isaiah's prophecy in paragraph 133: "The Bible foretells that in the last days all the tables of God would be filled with vomit." He relates seeing deacons serving the Supper of whom the preacher said seven of them were drunkards and seeing members of the church, and even the pastor, go outside to smoke some cigarettes, and then come back and take the Lord's Supper. For such acts, he states, and I quote from paragraph 133: "God said He was going to make them guilty for it. ' And many are sick and weak among you, and many are dead.'"
QUESTION 20: THE DANGER OF "PROFANE AND VAIN TALK"
Question number 20 is an explanation of 2 Timothy 2:16, which says, and I quote, "But avoid profane and vain talking; for far ahead they will go far in wickedness." Brother Branham immediately identifies that the central teaching of this verse is to avoid "profane chatter," that is, empty, idle, polluted conversation that does not edify.
Brother Branham sets a strict standard for Christian conversation, based directly on the words of the Lord Jesus, I quote from paragraph 137: "Let your 'yes' be 'yes' and your 'no' be 'no,' for all that comes out of this is sin." Notice that this standard is so serious that God is going to hold you accountable for every vain word you speak. Therefore, the believer must be a frank, firm, loving, kind person, never talking a bunch of nonsense, but always walking forward.
Specific Examples of "Profane Talk"
Brother Branham identifies several common ways in which this profane chatter manifests itself, warning against each of them:
Jokes and Jokes: He is categorical in stating that even seemingly harmless jokes are out of order, I quote from paragraph 137: "You must not even joke and joke with each other.
He uses his own life as an example, confessing his Irish nature that inclines him to joke and joke. He recounts how, after playing a prank on his children, his wife reprimands him by saying, "Bill... you must lock yourself in some room... and say, 'Lord, forgive me.'" He defines this act as slipping, something that the Christian must repent for daily in order to die daily in order to live in Jesus Christ.
Dirty Jokes and Bad Thoughts: While condemning simple jokes, it draws a clear line toward greater corruption, I quote from paragraph 141: "I do not believe that Christians tell dirty jokes. No, sir! No, sir!" The reason is that Christians have pure thoughts.
Gossip and Gossip: This is one of the most dangerous forms of profane chatter. Brother Branham warns against engaging in gossip, either by listening to it or by speaking it, I quote from paragraph 143: "You let somebody come... 'You know what, Mrs. So-and-so? I saw her husband...'" The Christian response must be immediate: "You say, 'I don't want to hear it!' Get out." Notice that this is also true of brethren in the church, I quote from paragraph 144: "You know what, sister? Let me tell you what happened to the brother," or even muttering against the leadership, "If only we could get rid of this preacher... or get rid of this deacon..." The divine counsel is: "Oh, oh! Avoid that thing."
The Corrupting Process
Brother Branham explains why Scripture warns so sternly against these things: because far ahead they will go into ungodliness. Profane chatter is a slippery slope that takes the believer back to his old system, to his past life.
He describes this gradual descent, I quote from paragraph 142: "Today a person tells a little joke... The next day he tells two jokes... And when you least think about it, you're doing something else. And when he least thinks about it, it leads him back to that old system."
The solution he presents is active surveillance and total separation. He quotes the wisdom of the three monkeys: "Do not see the evil... Don't hear the bad... Do not speak evil." The command is clear: Just keep your mind pure and unto Christ and turn away from that thing. Avoid it!
QUESTION 21: THE PERIOD BETWEEN BAPTISM AND JESUS' MINISTRY
Question number 21 asks about the activities of the Lord Jesus in the span between His Baptism and the beginning of His public ministry of three and a half years. Brother Branham gives a straightforward chronological answer, based on the record of the Gospels, specifically Matthew, chapter 4.
He explains that immediately after Jesus was baptized, He came out of the waters. Instead of beginning His public ministry right away, He was set apart for a pivotal test. Scripture says that the Spirit led him into the wilderness for forty days and forty nights.
The purpose of this isolation was not for academic preparation, but for direct spiritual confrontation: to be tempted by the devil. During this entire period, Jesus was unable to eat, which is understood to have been forced fasting. It was only after the end of the forced fast that the devil launched his main temptations. Jesus resisted the devil by God's Word, demonstrating His Authority over the tempter.
It was only after overcoming this trial in the wilderness that Jesus entered His ministry. Brother Branham then confirms the length of this ministry, noting that he preached three and a half years. This duration was not a coincidence; It was a direct fulfillment of divine prophecy. He points out in paragraphs 151-152, and I quote: "Look. Back in Daniel's time, God spoke and said He'd preach three and a half years and then be cut off for sacrifice during that time." Therefore, Jesus' ministry, from His trial in the wilderness to His sacrifice, followed a divinely ordained itinerary, the prophet continues: "Exactly. He was ordained before the foundation of the world."
QUESTION 22: THE ORIGIN OF RACES AND THE TRUE CURSE
Question number 22 addresses two profound and often misunderstood issues: the origin of different human races and the nature of the biblical "curse," specifically whether it was tied to one race over another.
The Origin: One People, Multiple Environments
Brother Branham begins by addressing the origin of mankind, admitting the limitation of human knowledge about the original physical state of Adam and Eve. He states in paragraph 153, "I could not tell you whether Adam and Eve were white or brown, or yellow, or black. I can't tell you. I don't think anyone knows but only God, He was there."
What Scripture does affirm is the original unity of humanity, let's continue reading in paragraph 153: "Now, we all had one language and were one people until the tower of Babel was erected, a confusion." It was in this event, described in Genesis 11, that God confused the tongues, resulting in the dispersion of mankind. The prophet continues to tell us in paragraph 153: "And from there his language was different... From there they separated and spread to different parts of the world."
Brother Branham explains racial diversity not as an act of curse, but as a natural result of this geographic dispersion, similar to how the environment affects animal life. He tells us, and I quote from paragraph 154, "You take an animal... let him eat only from a certain piece of land, and he will take that color." He applies this logic to peoples: "The Ethiopian is a dark-skinned man... He went to live in those hot, desert countries," while the "Anglo-Saxon people" (the white people) came from northern climates.
2. The Curse: Refuting the Myth of Ham
Brother Branham correctly identifies that the question about the "curse" refers to the story of Noah and his sons, Shem, Japheth, and Ham, recorded in Genesis 9:20-27. He anticipates the argument, I quote from paragraph 157: "I know where you want to get to. You try to get to Ham."
He recounts the biblical story: Ham saw his father Noah's nakedness and laughed and mocked him, while Shem and Japheth walked toward him with their backs to him and threw their cloaks over their father. As a result, Brother Branham tells us in paragraph 158: "And God cursed Ham... And God told Ham, that his generation would serve that of the other two."
However, Brother Branham emphatically rejects the teaching that this curse of servitude was a curse that changed the color of Ham's skin. He disarms this argument with great wisdom. Let's read from paragraph 159: "Now, if you think the curse was that they were black, then the Jews are cursed because they're dark-skinned too."
He expands on this point, pointing out that such a theory is inconsistent, since other nations are even darker than the African people. Let's read on from paragraph 159: "If you think that would be the... in the people we call colored people or Negroes in this country, you ought to go to India. The Indians are darker in skin than the Negro." He regards this racial teaching as nonsense.
3. The True Curse and the True Blessing
Brother Branham concludes by taking the question from the physical to the spiritual realm. The real curse that weighs on humanity is not pigmentation, but original sin. I quote from paragraph 164: "So the whole thing boils down to this: we all come from one tree. Right. And we all receive a curse for the fall of Eve."
Since the curse is universal (sin), the blessing (salvation) is also universal. Let's read on from paragraph 164: "And we are all saved by the resurrection of Jesus Christ." Therefore, the only division God recognizes is not racial, but spiritual. Mark 16:16: "He who believes and is baptized will be saved; but he who does not believe will be condemned."
He sums up the whole answer with a definitive statement, clarifying that neither the white man, nor the black, nor the yellow are under a racial curse. The only curse that matters is the state of the soul. Brother Branham tells us in paragraph 165, "The only curse I know is not believing in Jesus Christ."
QUESTION 23: THE LOCATION AND FATE OF THE TEN TRIBES
Question number 23 asked about the whereabouts of the ten lost tribes of Israel, who were scattered after the Assyrian captivity, and whether it was possible to locate them.
To this question, Brother Branham answers with absolute certainty: "Yes, sir! They can be located." He clarifies that their location does not depend on secular genealogy or modern history, but geographically they can be located in the Bible. The key to finding the tribes is not in a map of the present world, but in the prophetic map set forth in Scripture.
The Prophetic Map of the Bible
Brother Branham explains that God's Word not only recorded their dispersion (historically recorded in 2 Kings 17), but also foretold their characteristics and ultimate destinies. And God tells us where they'll be in the last days and what the end of them will be.
Brother Branham alludes to the specific prophecies given to each tribe, both in Genesis 49 (mentioned in the question itself) and in Deuteronomy 33. He mentions a specific example of these prophecies I quote from paragraph 166: "They said that one had dipped his feet in oil." This is a direct reference to Asher's blessing in Deuteronomy 33:24: "And to Asher he said, 'Blessed is Asher in sons: he shall be pleasing to his brethren, and shall dip his foot in oil.'" Brother Branham teaches that these ancient prophecies act as geographic and industrial markers that identify tribes in their scattered state, even if they themselves have lost their identity.
The Final Fulfillment: The Return to Palestine
While the tribes are established in different places based on their prophetic blessings, Brother Branham emphasizes that the primary and last-day fulfillment for all the tribes of Israel is not their location in the dispersion, but their divinely ordained return to their homeland.
He connects this prophecy directly to world events that were occurring (the sermon was in 1954, a few years after the founding of the state of Israel in 1948). He states, and I quote from paragraph 166: "All the Jews are returning to Palestine, where God promised they would be in the last days."
This return is one of the most significant prophetic fulfillments in the Bible, foretold by numerous prophets.
Jeremiah 31:10 declares, "Hear the word of the Lord, O nations, and make it known in the islands that are far off, and say, He who scattered Israel will gather them together and keep them, as a shepherd to his cattle."
Ezekiel 37:21-22 promises, "And thou shalt say unto them, Thus saith the Lord LORD: Behold, I will take the children of Israel from among the nations whither they have come, and will gather them together from every side, and bring them into their own land: and I will make them a nation in the land, in the mountains of Israel; and one king shall be for a king unto them all: and they shall be two nations no more, neither shall they be divided into two kingdoms again:..."
Amos 9:14-15 confirms this permanence: "And I will return the captivity of my people Israel, and they shall build the desolate cities, and dwell in them; and they shall plant vineyards, and drink wine from them; and they shall make gardens, and eat the fruit of them. For I will plant them upon their land, and they shall no more be uprooted from their land which I have given them, saith the Lord your God."
Therefore, according to God's Word, the answer to "Where are the ten tribes?" is answered by looking at Palestine (Israel), because that is the location God promised for those tribes in the last days.
QUESTION 24: HOW CAN A GOD OF LOVE SEND WAR AS JUDGMENT?
Question number 24 was the last and perhaps the most intense of the service. The person who wrote it expressed deep theological anguish, I quote from paragraph 166: "I cannot believe that God sends wars as judgment... I don't think so... that God put the sword in the hands of those butchers from ancient Babylon to Hitler, to put innocent women and innocent children to death..." The interlocutor's argument was based on the premise that "my God of love would not do... Wars are the works of Satan."
Brother Branham, recognizing the seriousness of the question, affirms that he must stand with the Word of God above human feelings. His initial answer is straightforward, I quote from paragraph 171: "Well, friend, there is only one thing that is wrong with your belief, and that is, that it is not Scriptural." He states unequivocally, I keep quoting from paragraph 171: "God sends wars as judgment. Right."
1. Reconciling the Work of Satan and the Sovereignty of God
Brother Branham first validates part of the interlocutor's argument. He agrees, I quote from paragraph 173: "I agree with you that wars are Satan's. That's exactly the truth." He confirms that Satan is the prince of this world, to whom all kingdoms belong, a fact that Satan himself claimed in Matthew 4:8-9 and that the Lord Jesus acknowledged (referring to him as "the prince of this world" in John 14:30).
However, this is where he introduces the doctrine of God's permissive sovereignty. Although Satan is the author of war, he is only an instrument in the Hand of a sovereign God. Let us read from paragraph 173: "But God permits Satan to do this for correction and for judgment." God uses the devil's wickedness to fulfill His Own Just and Sovereign Purpose.
2. The Biblical Evidence for Divine Judgment
To prove that God does command destruction, even of innocents, as part of His Judgment, Brother Branham presents a number of irrefutable biblical examples:
The Sacrifice of Christ (The Cross): The supreme example. Let us read from paragraph 174: "Why did God Himself punish His own Son and kill Him on the cross?" It was not just an act of men; it was an act of Divine Judgment. We continue in paragraph 174: "Scripture says, 'This pleased God, afflicting him, beating him, and hurting him.'" This is a direct reference to Isaiah 53:10: "Yet Jehovah wanted to break him, subjecting him to suffering. When he has laid down his life in atonement for sin..."
Saul and the Amalekites (1 Samuel 15): Now read from paragraph 175: "When God told him to go and conquer... and to destroy everything that was there, men, women, children, and everything... even cattle." When Saul disobeyed and forgave part, God took the Spirit away from him and separated from him.
Jericho (Joshua 6): Let's read from paragraph 177: "What about Jericho, when God sent Joshua across the Jordan River and literally destroyed little creatures, little children, and everything else, and left nothing alive?" Brother Branham emphasizes that this was not a human decision: "God commanded it."
The Flood (Genesis 6-8): Let's read from paragraph 181: "In the antediluvian world, when millions and millions and billions of people inhabited the earth... Almighty God, who has control of the heavens, sent rain that killed millions of old, young, and creatures."
Ezekiel 9 (Judgment Begins in the Sanctuary): This is their climactic argument. He reads directly from Ezekiel 9, where God Himself commands targeted killing. First, God commands that a mark be placed on the foreheads of men who groan and... they cry out for... abominations. Then God gives this command to the destroying angels, let us read from paragraph 180: "Go through the city after him and smite; spared not your eye, neither let it be merciful." The order explicitly specified the victims: "Kill old men, young men... virgins,... small children, women..." And the starting point of the trial was, and I quote from paragraph 180: "... and you shall begin from my sanctuary," demonstrating that God's judgment (as 1 Peter 4:17 also states) begins with His own people.
3. Conclusion: The God of Love Is Also a God of Wrath
Brother Branham concludes that the central problem of the question is a modern and incomplete understanding of the nature of God. People have created a God of love who tolerates sin, but that is not the God of the Bible.
Let us read from paragraph 178: "God is love, perfect love; but you don't know what love is." The prophet explains that true Divine Love is tied to His Justice and His Word. Listen to paragraph 178: "He is sovereign in His Word. And He's got to keep His Word."
He attacks the idea that a loving Father would not punish, an argument he had heard. Their answer is that God does not destroy His children. He saves them. Destruction is reserved for the children of the devil.
The bottom line is that God is multifaceted. He is the God of love, but He is also a God of wrath. Ignoring His Wrath and His Judgment to focus only on His Love is the fundamental error that has been taught in churches today. Brother Branham tells us in the final paragraph 186, and 187, "This has been the thing that has offended the church today. They say, 'A loving Father, of course He won't mind me doing this.' If you want to do it, you'd better go and do it, because the Love of God isn't in you to begin with."
CONCLUSION
This profound service of questions and answers confronts us first with the inescapable reality of God's Sovereignty, which operates in both Perfect Love and Severe Judgment. Brother Branham dismantles the modern notion of a permissive God who does not punish, demonstrating through Scripture that God uses even wars and Satan as instruments of correction for the nations. It reminds us that we live under the "spirit of the last days," characterized by a moral apostasy comparable to Sodom and Gomorrah, where society has sunk into immorality and confusion. This world condition is not accidental, but the prophetic fulfillment that signals that the time of Grace is running out and that the doors of mercy are closing, just as they were in Noah's day, leaving Jesus Christ as the only escape route from the coming Wrath.
Faced with this panorama of imminent judgment, the Church is required to return strictly to the biblical order and to personal holiness, rejecting any behavior that contaminates the body of Christ. Worship should be conducted "decently and in order," respecting the Divine Structure that includes the role of women and their long hair as a sign of submission and covering, as well as careful judgment of spiritual gifts to ensure that they truly edify the congregation. This reverence extends to the daily life of the believer, who must flee from all "profane chatter," dirty jokes, and soul-corrupting murmuring, and approach the Lord's Table with holy fear, knowing that participating unworthily brings guilt and physical judgment upon oneself.
In the prophetic and doctrinal realm, the message clears up historical and racial confusions, establishing that God does not look at outward appearance but at the faith of the heart. Brother Branham categorically refutes the idea that a specific race, such as the Negroes, is under divine curse, clarifying that the only real curse is unbelief and rejection of Jesus Christ. Simultaneously, it orients us on God's Clock by pointing to the return of the Jews to Palestine as the geographical fulfillment that marks the end of the age. A vital distinction is made between the "Chosen One" who will be raptured and the remnant of believers who, though saved, must go through the great tribulation because they do not have the "Oil" of the Holy Spirit in their lamps when the Bridegroom comes.
Finally, the teaching concludes with a powerful analogy about the nature of spiritual life: each person will produce fruit according to the seed he carries within, whether it is "wheat" or "tares." What we are here on earth is simply a reflection and a testimony of where we will go when we die; if we are born again, we already possess a heavenly body waiting in glory, free from judgment. Therefore, the urgency lies not in being satisfied with being a member of a church or making formal confessions, but in desperately seeking the baptism of the Holy Spirit until the assurance of a transformed life is obtained, for only those with the Life of God will be able to resist the poison of the world and be raised up on the last day.
Hymn: "DESPAIRING FOR FULL BAPTISM"
Written by: Bro. Francisco Velázquez Cruz
(Verse 1)
Under the holy thunder of Your eternal voice,
the nations tremble at Thy truth;
perfect love and judgment that governs,
Sovereign God, faithful in holiness.
As in the days of Noah it resounds
the clear warning of the swift end;
only in Christ is there a true way,
Ark of escape in front of Your fierce voice.
(Chorus)
Despairing for Full Baptism!
Holy oil burning on the altar.
No religion, no passing name,
but Your Life in me, O real God.
Despairing for Full Baptism!
Let it seal the soul in fire and truth;
only the living by Your eternal Spirit
they will be lifted at the final sound.
(Verse 2)
Return, Church, to the order of the Word,
to purity, to the fear of the Lord;
let all praise be in order,
surrendered body under His control.
The saint flees from vain chatter,
of dirty jokes and murmuring;
with reverence approaches the Bread,
knowing the weight of desecration.
(Chorus)
Despairing for Full Baptism!
Holy oil burning on the altar.
No religion, no passing name,
but Your Life in me, O real God.
Despairing for Full Baptism!
Let it seal the soul in fire and truth;
only the living by Your eternal Spirit
they will be lifted at the final sound.
(Verse 3)
God does not look at color or seed,
nor does any race bring a curse;
only unbelief brings judgment,
to reject Christ is condemnation.
Israel wakes up, marks on the clock,
the era is declining, the end has come;
some will be taken with the Bridegroom,
others will go through the tribulation.
(Bridge)
Wheat and tares together will grow,
but the fruit will speak in the end;
What we are today when we leave will be,
eternal echo of our truth.
A name and membership are not enough,
nor confession without transformation;
only the Life of the living God
defeat the poison of this generation.
(Chorus II)
Despairing for Full Baptism!
My soul cries out night and day more.
I want the Life that breaks the veil,
eternal certainty, heavenly power.
Despairing for Full Baptism!
Until Christ lives in me;
for only those sealed by His Spirit
they will see the Glory and not the judgment coming.
(Final)
O Holy Spirit, come down today,
seal Thy Bride in faithfulness;
make us bearers of eternal Life,
ready for the final day.
Introduction
Paix à vous, chers auditeurs, et bienvenue une fois de plus à ce podcast « La Parole de Dieu » ! Je vous salue au précieux nom de notre Seigneur Jésus-Christ. Aujourd'hui, frères, nous avons un privilège unique. Nous allons nous immerger dans l'un de ces messages qui non seulement informent l'esprit, mais confrontent aussi l'esprit ; un message profond et à la fois controversé et vital. Profond dans sa doctrine, touchant les mystères mêmes de la vie et de la mort. Controversé pour l'esprit religieux et traditionnel, car cela remet en question ce que beaucoup tiennent pour acquis. Et vitalement éclairant pour l'âme qui, avec faim et soif de justice, cherche la Vérité pure et pure.
Aujourd'hui, nous allons passer en revue, point par point, les moments forts du sermon prêché par le frère William Marrion Branham, intitulé : « QUESTIONS ET RÉPONSES #2 ». Ce message a été prêché le dimanche après-midi 3 janvier 1954 au Branham Tabernacle à Jeffersonville, Indiana. Et c'est le contexte de ce message qui le rend si spécial.
Vous voyez, ce n'est pas un sermon explicatif traditionnel, où le prédicateur prépare un thème et le développe. C'est une session où le Peuple de Dieu, le cœur plein de questions sincères, de ces doutes qui nous assaillent dans le silence de la nuit, les place devant le prophète. Le frère Branham lui-même nous dit au paragraphe 8 : « J'aime les questions profondes de la Bible et des enseignements bibliques, tant que vous ne vous plongez pas dans des choses mythologiques. Mais qu'ils ne demeurent que dans la Parole simple et sans altération de Dieu ; c'est ce qui le soutiendra jusqu'au bout. »
Et c'est dans ce format, sans rien de préparé à l'avance, que nous voyons le prophète s'appuyer entièrement sur le Saint-Esprit pour apporter la réponse. Il prie lui-même le Seigneur, disant, et nous lisons au paragraphe 13 : « Père, nous ne sommes pas dignes, nous sommes incapables, nous le savons, d'ouvrir le Livre et même de le regarder. Mais que l'Agneau vienne tout de suite ce soir, l'Agneau de Dieu qui a été tué avant la fondation du monde, et qu'il prenne les choses qui sont de Dieu et les présente à cette assemblée. Que le Saint-Esprit prenne ces paroles, et qu'elles ne soient pas mes paroles ni celles des hommes, mais qu'elles soient la Parole de Dieu dans chaque cœur affamé. »
Et, oh, que répond le Saint-Esprit ? Aborder ces questions révèle des vérités choquantes — des vérités qui sont le fondement de notre foi. Nous parlerons du destin immédiat de l'âme : que se passe-t-il au moment précis où un croyant ou un pécheur rend son dernier souffle ? Attendons-nous dans un rêve, ou allons-nous directement à destination ?
Nous aborderons la structure de la véritable Église : Est-il suffisant d'« être sauvé » ? Quelle est la différence cruciale entre un croyant justifié, un sanctifié, et la Mariée qui possède « l'Huile » du Saint-Esprit pour l'Enlèvement ?
Et enfin, nous serons confrontés à la nature intransigeante du Jugement de Dieu : notre Dieu est-il seulement un Dieu d'amour, ou est-Il aussi un Dieu de colère, un Juge sévère qui juge les nations qui Le rejettent ?
Frères, ce ne sont pas des questions théoriques. Ce sont des questions de vie éternelle.
Je vous invite donc en ce moment à préparer votre cœur. Ouvrez vos Bibles, comme nous le ferons à nouveau ici dans ce nouvel épisode, où nous utilisons la version King James de 1909. Demandez au Seigneur de supprimer tout préjugé, toute tradition humaine, et de nous permettre de recevoir avec docilité la Parole greffée, qui peut sauver nos âmes.
Commençons.
QUESTION 15 : UN HOMME VA-T-IL AU PARADIS OU EN ENFER IMMÉDIATEMENT APRÈS SA MORT, OU ATTEND-IL JUSQU'AU JUGEMENT ?
Notre premier point aujourd'hui, chers auditeurs, répond à la Question #15, et c'est, sans aucun doute, l'une des questions les plus fondamentales que chaque être humain ait jamais posées : « L'homme, lorsqu'il meurt, va-t-il au Paradis ou en enfer immédiatement, ou attend-il le jugement ? » Frère Branham, guidé par l'Esprit, nous donne une réponse aussi claire que la cloche d'argent de l'Évangile. Il est catégorique : le croyant né de nouveau, la personne remplie du Saint-Esprit, ne se lèvera jamais dans le jugement pour mourir. Au moment de la mort, ce croyant entre directement en Présence de Dieu. C'est l'accomplissement de la promesse de notre Seigneur Jésus-Christ dans Saint Jean 5:24, qui dit : « Vraiment, vraiment, je vous dis, quiconque entend ma parole et croit en celui qui m'a envoyé a la vie éternelle ; et il ne sera pas condamné, mais passera de la mort à la vie. » Le prophète explique que le croyant est libre de jugement parce que le jugement de Dieu est déjà tombé sur notre Substitut. Tant que nous sommes en Christ, nous sommes exempts de jugement, comme Dieu l'a promis en Égypte : « Et le sang sera un signe pour vous dans les maisons où vous êtes ; et je verrai le sang, et je passerai au-dessus de toi, et il n'y aura pas de plaie de massacre en toi, quand je frapperai la terre d'Égypte. » [Exode 12:13]
Pour le pécheur, cependant, le sort est tragiquement différent. Le frère Branham explique que tant qu'une personne, aussi pécheresse soit-elle, est vivante sur terre, la miséricorde est disponible. Mais dès que son âme quitte son corps et s'en va, elle est passée de la miséricorde au jugement. Comme le dit le prophète au paragraphe 30 : « Vous vous jugez vous-même par la manière dont vous traitez la propitiation que Dieu a faite pour vos péchés », accomplissant ainsi les paroles de saint Jean 3:18 : « Celui qui croit en lui n'est pas condamné ; mais celui qui ne croit pas est déjà condamné, car il ne croyait pas au nom du Fils unique de Dieu. »
Mais en quel État croit-il après la mort ? Le frère Branham réfute l'enseignement du « sommeil de l'âme », déclarant que lorsque nous mourons, nous entrons en Présence de Dieu dans un « corps céleste ». Dans cet état, nous en sommes pleinement conscients ; il mentionne qu'il pouvait reconnaître et parler avec Frère Neville, bien que sans les cinq sens physiques. Nous sommes comme ces âmes conscientes que Jean a vues, des âmes sous l'autel suppliant vengeance. C'est la même révélation glorieuse que l'apôtre Paul. Dans 2 Corinthiens 5:1, 8, il dit : « Car nous savons que si la maison terrestre de notre demeure est dissoute, nous avons une bâtie de Dieu, une maison non faite par des mains, éternelle au ciel » et « Mais nous sommes confiants, et préférerions nous éloigner du corps et être présents avec le Seigneur. » Et dans Philippiens 1:23, Paul exprime son désir de partir et d'être avec le Christ, ce qui est bien mieux. Le prophète précise aussi pourquoi cela diffère de l'Ancienne Alliance : les justes d'autrefois allaient au « Paradis », un lieu d'attente, car le sang des taureaux et des chèvres ne faisait que le recouvrir, pas enlever le péché. Mais lorsque le Christ mourut et ressuscita, Il ramena ces saints avec lui de la tombe, accomplissant les Écritures d'Éphésiens 4:8 : « Montant en haut, Il prit captivité. » L'impact de cette Vérité est glorieux : elle enlève toute la douleur de la mort !
Mais cette réponse sur le destin de l'âme sert de fondement à la vérité plus profonde que le prophète révèle dans ce message. Si la première partie de la réponse nous assure le salut contre le jugement, la seconde définit la préparation à l'Enlèvement. C'est là que le message devient intensément profond. Frère Branham établit une vérité qui ébranle la complaisance : tous ceux qui sont sauvés ne sont pas automatiquement destinés à partir dans l'Enlèvement. Au paragraphe 52, il affirme avec insistance : « Ce n'est pas parce que vous acceptez le Christ comme votre Sauveur personnel que vous partirez dans l'enlèvement. C'est pour l'Élu, c'est lui qui va partir dans l'enlèvement. » Cette Mariée est un groupe sélectif, tandis qu'un « vestige » du même tissu, bien qu'il ait été sauvé, restera ici pour traverser la grande période de tribulation.
Pour illustrer cette séparation solennelle, le prophète s'appuie sur la parabole du Seigneur Jésus dans Matthieu 25. Il insiste sur un détail souvent négligé : les dix étaient vierges. Au paragraphe 69, il définit ce que cela signifie spirituellement : « Saint, propre, séparé, sanctifié. » Nous ne parlons pas des sauvés et des perdus, mais d'une dizaine de croyants sanctifiés. La différence qui scellait leur destin n'était pas leur conduite morale, mais leur préparation intérieure : l'huile dans leurs lampes. Le prophète identifie sans équivoque cette huile comme « le Saint-Esprit ». Les vierges insensées, bien que « pieuses et sanctifiées », réalisèrent trop tard qu'elles manquaient de l'Esprit. Ils furent plongés dans l'obscurité... où il y a le pleurs et le grincement de dents, un destin qui accomplit l'avertissement de Matthieu 25:10 : « ... le marié arriva ; et ceux qui étaient préparés entrèrent avec lui au mariage ; et la porte était fermée. »
Pour prouver bibliquement qu'une personne peut être justifiée et sanctifiée, et même utilisée par Dieu, sans avoir le Saint-Esprit, le prophète présente l'exemple glaçant de Judas Iscariote (paragraphe 56). Il raisonne que Judas était justifié, car il croyait en le Seigneur Jésus-Christ et l'acceptait comme son Sauveur personnel. Il fut sanctifié, car le Seigneur Jésus pria pour lui ainsi que pour les autres dans Jean 17:17. Et il a même reçu le pouvoir de chasser les démons dans Matthieu 10. Cependant, le frère Branham dit au paragraphe 56 : « Mais lorsqu'il est venu à la Pentecôte, il a montré sa couleur. » Il n'a pas reçu l'Huile, l'Esprit. Comme le dit Actes 1:25, il « tomba par transgression, pour aller dans son propre lieu ». Cet enseignement du prophète s'aligne directement avec la révélation de l'apôtre Paul. Dans Éphésiens 1:13-14, nous lisons : « En qui vous attendiez aussi lorsque vous avez entendu la parole de la vérité, l'évangile de votre salut ; en là aussi, dès que vous avez cru, vous avez été scellés par le Saint-Esprit de la promesse, qui est le sabre de notre héritage, pour la rédemption de la possession achetée à la louange de sa gloire. » Ce Sceau n'est ni justification ni sanctification, mais le Saint-Esprit lui-même. Nous voyons clairement cette division dans le livre de l'Apocalypse. Dans Apocalypse 19:7-8, nous voyons la Mariée, la « mariée » qui « s'est préparée ». Mais dans Apocalypse 7:14, nous voyons une autre multitude innombrable qui est sauvée, mais qui est identifiée comme « ceux qui sont sortis de la grande tribulation ». L'impact de cet enseignement est immense : il oblige chaque croyant à s'examiner lui-même, tout comme l'apôtre Paul l'a posé dans Actes 19:2, avec une question qui définit l'éternité : Avez-vous reçu le Saint-Esprit après avoir cru ?
QUESTION 16 : EXPLICATION DE L'EXODE 4:24
Que signifie cette Écriture, Dieu voulait tuer Moïse ou son fils ? Et pourquoi ?
Cette question portait sur la signification de l'incident rapporté dans l'Exode, chapitre 4, où Dieu rencontre Moïse dans une auberge dans l'intention de le tuer. La question précise était qui Dieu essayait de tuer, Moïse ou son fils, et pourquoi. Le frère Branham lit le passage clé d'Exode 4:24 : « Et il s'est achevé en chemin que le Seigneur le rencontra dans une auberge et voulut le tuer. » Il confirme que c'est « une bonne question » et explique ensuite le contexte théologique derrière cette confrontation divine.
La raison fondamentale de la colère de Dieu était l'échec de Moïse à accomplir une alliance fondamentale. Le frère Branham explique que Dieu avait établi le signe de la circoncision avec Abraham de nombreuses générations auparavant, comme une alliance exigeant que chaque homme soit circoncis. Le problème était l'hypocrisie de la situation : Moïse se rendait en Égypte pour donner naissance aux enfants d'Israël sous le signe de la circoncision ; et son propre fils n'était pas encore circoncis. Moïse, le libérateur choisi, n'avait pas pratiqué en son fils le même signe de délivrance.
Le frère Branham précise que la cible de la colère de Dieu était le chef, pas l'enfant. Il affirme avec force au paragraphe 83 : « Dieu était après Moïse. » Il poursuit en expliquant au paragraphe 92 : « Dieu ne voulait pas tuer le fils. Mon Dieu... Ce pauvre petit garçon ne savait pas quoi faire ; Il était innocent. Mais quel était le problème, c'était le père de l'enfant... ». La vie de Moïse ne fut sauvée que grâce à l'intervention rapide et décisive de sa femme, Zipporah. Écoutez le paragraphe 92 : « Alors Zipporah prit un silex tranchant, coupa le prépuce de son fils, le jeta à ses pieds et dit : 'En réalité, tu es pour moi un mari de sang.' » Le frère Branham suggère qu'un Ange aurait pu avertir Zipporah d'agir immédiatement.
Enfin, le frère Branham applique cette leçon de l'Ancien Testament au croyant du Nouveau Testament. Il établit un parallèle direct entre la circoncision physique de la chair et la circoncision spirituelle requise aujourd'hui. Il demande au paragraphe 80 : « Et aujourd'hui, sommes-nous circoncis ? Oui, par le Saint-Esprit, mais pas dans la chair. » La leçon est qu'on ne peut négliger le signe même de la délivrance, qui aujourd'hui est la circoncision par le Saint-Esprit. Il met en garde contre le zèle pour de grandes missions extérieures (comme le départ de Moïse en Égypte) tout en négligeant des responsabilités spirituelles fondamentales dans son propre foyer ou son voisinage.
QUESTION 17 : ISAÏE 4:1 ET L'APOSTASIE DES DERNIERS JOURS
La question numéro 17 cherchait le sens et le moment de l'accomplissement de la prophétie dans Ésaïe 4:1. Le frère Branham lit les Écritures : « Et sept femmes prendront la main d'un homme à ce moment-là, disant : Nous mangerons de notre pain et enfilerons nos vêtements ; Que ton nom soit invoqué sur nous, que nous enlève notre reproche. » Cette prophétie décrit une époque de désespoir moral et de rareté d'hommes honorables, où les femmes abandonnaient toute décence traditionnelle juste pour se débarrasser de l'opprobre d'être seules, sans se soucier des véritables fondements d'une relation.
Plutôt que de reléguer cet accomplissement à un avenir lointain, le frère Branham déclare que cette condition reflète l'époque présente. Il répond au paragraphe 93 : « Eh bien, frère, c'est presque à ce point que c'est aujourd'hui. » Il identifie immédiatement la racine de cette condition comme une profonde décadence spirituelle : « Quelle apostasie est arrivée à notre pays ! » Il soutient que la nation suit le même chemin d'immoralité, de régression, que chaque nation a empruntée à travers les âges.
Une « Sodome et Gomorrhe modernes »
Le frère Branham ne se limite pas aux généralités ; Il décrit de façon vivante pourquoi il considère la société comme s'effondrant moralement, la comparant directement aux villes les plus infâmes de la Bible.
Il déclare au paragraphe 95 : « Le monde est entré dans cette condition, car il s'agit d'une Sodome et Gomorrhe modernes. » Il mentionne avoir lu dans les journaux californiens l'augmentation alarmante de combien de milliers d'homosexuels... avait augmenté chaque année, soulignant que même le désir naturel entre mari et femme... elle n'est plus dans le peuple.
Il cite également la culture populaire comme symptôme de cette maladie. Il avertit que, lorsqu'on écoute la radio ou la télévision, on constate qu'elles sont les pires et les plus sales... Il y a des chansons qui parlent des femmes ou quelque chose comme ça, c'est ça qui devient populaire. Dans son analyse, la responsabilité de ce déclin réside en grande partie dans la perte de la décence féminine, affirmant au paragraphe 97 : « Si une femme restait décente, l'homme se comporterait correctement. »
Pour souligner la gravité de l'immoralité, il raconte des statistiques choquantes de la récente guerre à cette époque, je cite le paragraphe 103 : « Deux soldats sur trois ont été divorcés par leur épouse durant les six premiers mois de leur séjour à l'étranger. » Il mentionne même une conversation avec un lycéen qui lui a dit, je cite le paragraphe 105 : « À ma connaissance, depuis des années, aucune fille vierge n'est sortie du lycée ici. » Il conclut cette évaluation par une proclamation sombre, et je cite le paragraphe 102 : « Je crois que l'Amérique est coulée ! Elle est sans morale. Elle est arrivée en bas. »
L'esprit des derniers jours
Cet effondrement moral généralisé n'est pas considéré comme un accident historique, mais comme l'atmosphère spirituelle précise que la Bible avait prédit pour la fin des temps. Le frère Branham explique que cette immoralité est l'accomplissement de la prophétie. C'est l'esprit nécessaire à la fin à venir.
Il enseigne, et je cite le paragraphe 104 : « Le monde doit entrer dans l'esprit des derniers jours avant que les derniers jours ne viennent, et nous sommes dans l'esprit des derniers jours. » La prophétie d'Isaïe selon laquelle sept femmes saisissent un homme n'est qu'un aspect de cet esprit. Cette condition n'est pas une surprise pour Dieu ; c'est la manifestation de ce qui était déjà écrit, je cite le paragraphe 95 : « C'est exactement ce que Dieu avait dit qu'il arriverait. »
Au milieu de cette apostasie, les efforts religieux traditionnels deviennent inefficaces. Le frère Branham demande, je cite le paragraphe 97, « Comment pouvons-nous avoir un réveil ? » Il mentionne les grands mouvements évangéliques de son époque, tels que ceux de Billy Graham et Jack Shuler, mais note qu'ils ont opéré... Aussi fort qu'ils le peuvent, et il n'y a eu aucune résurrection.
La raison, explique-t-il, c'est que les portes se ferment. Le temps de la grâce pour les païens touche à sa fin. Donnez un exemple, je cite le paragraphe 99 : « Dans une ville où Billy Graham a mené une campagne... ils affirmaient avoir eu vingt mille et quelque chose de conversions... Quelques semaines plus tard, ils sont revenus à cet endroit et n'ont pas pu trouver même vingt des milliers. » Le travail évangélique est devenu comme pêcher dans un lac vide : « Nous avons sorti du lac dans le filet chaque poisson... Peut-être qu'il en reste un ou deux encore dans le coin de la maison. »
À l'ère du jugement imminent, où « l'Amérique est coulée » et où le jugement « est là », le frère Branham déclare, je cite le paragraphe 108, « Il n'y a qu'une seule espérance pour tout, et c'est en Jésus-Christ. » La seule réponse restante est la fuite personnelle : « Frère, fuis la colère à venir et cours vers Jésus-Christ dès que tu peux ! »
QUESTION 18 : ORDRE DIVIN DANS LA MAISON DE CULTE
La question numéro 18 demandait quelles sont les attentes de Jésus-Christ concernant la manière dont nous devrions entrer et nous conduire dans la maison du Seigneur pour l'adorer. Le frère Branham décrit cette question comme « très essentielle à toute église » et définit à la fois le but et l'ordre biblique du culte.
Le but fondamental, souligne-t-il, est singulier : nous venons « pour un but, et c'est de l'adorer, de chanter les louanges et d'adorer Dieu. » Ce n'est pas un lieu pour socialiser, « parler les uns des autres » ou discuter de sujets laïques. Toute conduite dans l'Église doit être régie par le principe apostolique qu'il cite de Paul : « Et toutes choses doivent être faites décemment et en ordre. »
L'Ordre du Service et les Dons
Le frère Branham détaille comment un service qui fonctionne correctement et en ordre doit s'écouler sous l'onction du Saint-Esprit.
Le message : Le peuple doit entrer dans un Esprit de culte. Le prédicateur, qu'il identifie comme un prophète du Nouveau Testament (basé sur Apocalypse 19:10, qui dit que « le témoignage de Jésus-Christ est l'Esprit de la prophétie »), commence à prêcher. Pendant ce temps, l'église doit rester silencieuse, écoutant pendant qu'il révèle les Écritures. La congrégation peut participer en affirmant la Parole, en disant « Amen, béni soit le Seigneur ! » puisque « Amen » signifie « ainsi soit-il, ainsi soit-il, ou ainsi soit-il ».
Dons spirituels (langues et interprétation) : Après que le prédicateur ait terminé, l'Esprit peut agir pour envoyer un message à l'église. Cela peut se manifester par un message prononcé dans des langues inconnues. Cependant, cela doit suivre des règles strictes de 1 Corinthiens 14. Le frère Branham est catégorique : s'il n'y a pas d'interprète dans l'église, cette personne doit garder le silence et ne pas parler en langues. Si un interprète est présent, celui-ci transmettra le message à l'église.
Le but de l'interprétation : Ce message ne doit pas être une répétition des Écritures ou des exhortations générales, puisque Dieu n'utilise pas de répétitions vaines. Cela devrait être un message direct à quelqu'un pour faire une certaine chose ou quelque chose qui va édifier l'Église. Il donne des exemples clairs d'un message authentique : « AINSI DIT LE SAINT-ESPRIT : Que Untel aille et pose ses mains sur cette personne... Parce que... Ce soir est la nuit de ta guérison. »
Le Jugement des Dons : L'Église ne doit pas accepter aveuglément aucune manifestation. Le message doit être jugé. Si une prophétie est donnée (comme un avertissement de tempête), quelqu'un, spirituellement perspicace, se lève et demande : « Cela venait-il du Seigneur ? » La norme pour la confirmation est : « Et si trois hommes de bon témoignage, avec discernement spirituel, se lèvent et disent : 'C'était le Seigneur', alors l'Église le reçoit. Si la prophétie n'est pas accomplie, ils feraient mieux d'affronter cette personne. Enfin, le nombre de ces messages est limité : deux ou trois de ces messages, pas plus de trois, seront transmis au peuple en même temps.
Sentant que la question pourrait être liée à l'ordre féminin, le frère Branham aborde longuement le rôle et la conduite des femmes dans l'Église en tant que partie intégrante de l'ordre biblique.
Le recouvrement de la femme : Il enseigne que le revêtement de la femme n'est pas un objet artificiel. Le frère Branham nous dit, au paragraphe 127, « Je sais que ces dames d'aujourd'hui... Ils portent des chapeaux. Tu dis que c'est ta couverture. C'est faux. » Il affirme avec force dans le même paragraphe 127 : « La Bible dit que le revêtement d'une femme est ses cheveux. » Par conséquent, la femme doit avoir les cheveux longs. C'est sa couverture.
Cheveux courts : Se couper les cheveux est une violation de cet ordre, je suis la même citation du paragraphe 127 : « Et si elle se coupe les cheveux, prier pour elle est un manque de honneur. N’est-ce pas? C'est l'Écriture. » Il définit aussi ce que les Écritures considèrent comme courts, arguant que les cheveux mi-longs ne sont pas longs, je cite au paragraphe 128 : « Vous direz : 'Mes cheveux sont longs. Tu vois, ça me monte aux épaules. » C'est des cheveux courts... Donc, les dames aux cheveux mi-longs, ce sont toujours des cheveux courts. »
Le but de l'ordre (et non du salut) : Le frère Branham clarifie l'importance de cet enseignement. Il ne s'agit pas d'une question de salut, mais d'ordre divin et de soumission à la Parole. Il nous dit au paragraphe 130 : « Je ne dis pas que cela va vous emmener en enfer ou au paradis. Cela n'a rien à voir avec ça. Mais l'ordre de l'Église est que la femme doit avoir les cheveux longs. »
Le rôle des femmes : En plus de leur apparence, leur rôle au sein de l'assemblée est défini. Elle ne devrait rien avoir à faire avec les affaires de l'église. Sa place est d'être obéissant et respectueux. La raison théologique de cette soumission dans l'Église, selon la Bible, est qu'elle est celle qui provoqua la première chute. Je cite la dernière partie du paragraphe 130 : « Mais l'ordre de l'Église est que la femme doit avoir
ses longs cheveux. C'est exact ; Droite. Et quand je suis entrée dans l'église... Et ne rien avoir à voir avec les affaires, les questions sociales — je parlais des problèmes dans l'Église. Elle doit être obéissante et respectueuse, et tout le reste, car c'est elle qui a apporté la première chute, dit la Bible. C’est juste; D'accord. »
QUESTION 19 : LA VISION DIVINE PENDANT LA REPAS DU SEIGNEUR
La question numéro 19 venait d'une femme qui a témoigné avoir eu une vision de Dieu alors qu'elle s'apprêtait à célébrer la Cène dans son église. Elle lui demanda pourquoi elle avait vécu cela. Le frère Branham, ignorant l'état spirituel de la femme, proposa deux interprétations possibles, toutes deux centrées sur le sérieux profond du sacrement de la Communion.
La première interprétation suppose que la femme était dans un état spirituel correct. Dans ce cas, la vision n'était rien d'autre qu'une Confirmation Divine de l'acte qu'il accomplissait. Il explique au paragraphe 131 : « Que lorsque vous voyez Jésus-Christ vous apparaître dans une vision... Il t'apprenait que tu le prenais comme un symbole. » La vision a servi à renforcer la réalité spirituelle du Cène, lui montrant que, bien que le pain et le vin soient symboliques, elle le prenait en réalité et le mettait dans son corps comme symbole. Si tel était le cas, la vision était un incitatif à maintenir une vie sainte, lui dit le frère Branham à la fin du paragraphe 131 : « Alors vis pure, et vis pure. »
La seconde interprétation est un avertissement solennel, au cas où la femme ne serait pas dans le bon état spirituel. Le frère Branham présente la vision comme un possible avertissement divin pour sa correction. Il lui dit, et je cite le paragraphe 135 : « Mais si ce n'est pas le cas, c'est comme un avertissement pour que tu te remettes en paix avec Dieu avant de recommencer. » L'apparition de Dieu à ce moment précis servirait d'appel pressant à l'auto-examen et à la repentance avant de s'engager dans un acte aussi sacré.
Quelle que soit l'interprétation personnelle de la femme, le frère Branham a utilisé la question pour lancer un avertissement sévère à toute la congrégation sur le danger de prendre la communion sans dignité. Il insiste, et je cite le paragraphe 132 : « Si tu prends le Cène... étant indigne, tu es coupable du Sang et du Corps de Jésus-Christ. » Ce n'est pas une infraction mineure ; c'est participer au sacrement d'une manière qui déshonore le sacrifice qu'il représente. C'est pourquoi il admoneste : « Que l'homme qui prend la Cène vive bien devant Dieu. Ne le prends pas à la légère... »
Pour illustrer la gravité de cet avertissement, le frère Branham dénonce la manière dissolue dont il avait observé la pratique de la communion dans d'autres églises. Il cite la prophétie d'Isaïe au paragraphe 133 : « La Bible prédit que dans les derniers jours toutes les tables de Dieu seront remplies de vomi. » Il raconte avoir vu des diacres servant la Cène, dont sept étaient ivrognes, et avoir vu des membres de l'église, et même le pasteur, sortir fumer quelques cigarettes, puis revenir pour prendre la Cène. Pour de tels actes, déclare-t-il, et je cite le paragraphe 133 : « Dieu a dit qu'Il allait les rendre coupables pour cela. ' Et beaucoup sont malades et faibles parmi vous, et beaucoup sont morts. »
QUESTION 20 : LE DANGER DU « LANGAGE PROFANE ET VAIN »
La question numéro 20 est une explication de 2 Timothée 2:16, qui dit, et je cite : « Mais évitez les paroles profanes et vaines ; car ils iront loin dans la méchanceté. »Le frère Branham identifie immédiatement que l'enseignement central de ce verset est d'éviter les « bavardages profanes », c'est-à-dire des conversations vides, oisives et polluées qui n'édifient pas.
Le frère Branham établit une norme stricte pour la conversation chrétienne, basée directement sur les paroles du Seigneur Jésus, je cite le paragraphe 137 : « Que ton 'oui' soit 'oui' et ton 'non' soit 'non', car tout ce qui en découle est un péché. » Remarquez que cette norme est si sérieuse que Dieu va vous tenir responsable de chaque parole vaine que vous prononcerez. Par conséquent, le croyant doit être une personne franche, ferme, aimante, gentille, ne disant jamais de bêtises, mais toujours en avance.
Exemples spécifiques de « langage profane »
Le frère Branham identifie plusieurs façons courantes dont ce bavardage profane se manifeste, mettant en garde contre chacune d'elles :
Blagues et blagues : Il affirme catégoriquement que même les blagues apparemment inoffensives sont hors de propos, je cite le paragraphe 137 : « Vous ne devez même pas plaisanter et plaisanter entre vous.
Il prend sa propre vie comme exemple, confessant sa nature irlandaise qui l'incite à plaisanter encore et encore. Il raconte comment, après avoir fait une farce à ses enfants, sa femme le réprimande en disant : « Bill... Tu dois t'enfermer dans une pièce... et dis, 'Seigneur, pardonne-moi.' » Il définit cet acte comme un lapsus, quelque chose dont le chrétien doit se repentir chaque jour pour mourir chaque jour afin de vivre en Jésus-Christ.
Blagues salaces et mauvaises pensées : Tout en condamnant les blagues simples, cela trace une ligne claire vers une corruption plus grande, je cite le paragraphe 141 : « Je ne crois pas que les chrétiens racontent des blagues salaces. Non, Monsieur! Non, monsieur ! » La raison est que les chrétiens ont des pensées pures.
Ragots et commérages : C'est l'une des formes les plus dangereuses de bavardage profane. Frère Branham met en garde contre les commérages, que ce soit en les écoutant ou en les disant, je cite le paragraphe 143 : « Tu laisses quelqu'un venir... « Tu sais quoi, Madame Untel ? J'ai vu son mari... » La réponse chrétienne doit être immédiate : « Vous dites : 'Je ne veux pas l'entendre !' Sors. » Remarquez que cela est aussi vrai pour les frères de l'Église, je cite le paragraphe 144 : « Tu sais quoi, sœur ? Laissez-moi vous raconter ce qui est arrivé au frère », ou même marmonner contre la direction, « Si seulement nous pouvions nous débarrasser de ce prédicateur... ou débarrassez-vous de ce diacre... » Le conseil divin est : « Oh, oh ! Évite cette chose. »
Le processus de corruption
Le frère Branham explique pourquoi les Écritures mettent en garde si fermement contre ces choses : car loin d'avance, elles iront dans l'impieté. Les bavardages profanes sont une pente glissante qui ramène le croyant à son ancien système, à sa vie antérieure.
Il décrit cette descente progressive, je cite le paragraphe 142 : « Aujourd'hui, une personne raconte une petite blague... Le lendemain, il raconte deux blagues... Et quand on y pense le moins, on fait autre chose. Et quand il y pense le moins, cela le ramène à cet ancien système. »
La solution qu'il propose est la surveillance active et la séparation totale. Il cite la sagesse des trois singes : « Ne voyez pas le mal... N'entends pas le mauvais... Ne dis pas le mal. » Le commandement est clair : gardez simplement votre esprit pur et tourné vers le Christ et détournez-vous de cette chose. Évitez-la !
QUESTION 21 : LA PÉRIODE ENTRE LE BAPTÊME ET LE MINISTÈRE DE JÉSUS
La question numéro 21 porte sur les activités du Seigneur Jésus entre son baptême et le début de son ministère public de trois ans et demi. Le frère Branham donne une réponse chronologique simple, basée sur le récit des Évangiles, en particulier Matthieu, chapitre 4.
Il explique qu'immédiatement après le baptême de Jésus, Il est sorti des eaux. Au lieu de commencer immédiatement son ministère public, il fut mis à part pour une épreuve décisive. Les Écritures disent que l'Esprit le conduisit dans le désert pendant quarante jours et quarante nuits.
Le but de cet isolement n'était pas la préparation académique, mais la confrontation spirituelle directe : être tenté par le diable. Pendant toute cette période, Jésus était incapable de manger, ce qui est compris comme un jeûne forcé. Ce n'est qu'après la fin du jeûne forcé que le diable lança ses principales tentations. Jésus a résisté au diable par la Parole de Dieu, démontrant Son autorité sur le tentateur.
Ce n'est qu'après avoir surmonté cette épreuve dans le désert que Jésus entra dans son ministère. Le frère Branham confirme ensuite la durée de ce ministère, notant qu'il a prêché pendant trois ans et demi. Cette durée n'était pas une coïncidence ; C'était un accomplissement direct de la prophétie divine. Il souligne dans les paragraphes 151-152, et je cite : « Regardez. À l'époque de Daniel, Dieu a parlé et dit qu'Il prêcherait pendant trois ans et demi, puis serait coupé pour le sacrifice pendant ce temps. » Ainsi, le ministère de Jésus, de son épreuve dans le désert à son sacrifice, a suivi un itinéraire divinement ordonné, poursuit le prophète : « Exactement. Il a été ordonné avant la fondation du monde. »
QUESTION 22 : L'ORIGINE DES RACES ET LA VÉRITABLE MALÉDICTION
La question numéro 22 aborde deux questions profondes et souvent mal comprises : l'origine des différentes races humaines et la nature de la « malédiction » biblique, en particulier si elle était liée à une race plutôt qu'à une autre.
L'Origine : Un Peuple, Plusieurs Environnements
Le frère Branham commence par aborder l'origine de l'humanité, admettant la limitation des connaissances humaines sur l'état physique originel d'Adam et Ève. Il déclare au paragraphe 153 : « Je ne pourrais pas vous dire si Adam et Ève étaient blancs ou bruns, ou jaunes, ou noirs. Je ne peux pas te le dire. Je ne pense pas que quelqu'un le sache, mais seulement Dieu, Il était là. »
Ce que les Écritures affirment, c'est l'unité originelle de l'humanité, continuons à lire au paragraphe 153 : « Or, nous avions tous une seule langue et étions un seul peuple jusqu'à ce que la tour de Babel soit érigée, une confusion. » C'est lors de cet événement, décrit dans la Genèse 11, que Dieu a confondu les langues, entraînant la dispersion de l'humanité. Le prophète continue de nous dire au paragraphe 153 : « Et à partir de là, son langage était différent... De là, ils se sont séparés et se sont répandus dans différentes parties du monde. »
Le frère Branham explique la diversité raciale non pas comme un acte de malédiction, mais comme un résultat naturel de cette dispersion géographique, à l'image de la façon dont l'environnement affecte la vie animale. Il nous dit, et je cite le paragraphe 154, « Tu prends un animal... Qu'il ne mange que sur un certain morceau de terre, et il prendra cette couleur. » Il applique cette logique aux peuples : « L'Éthiopien est un homme à la peau foncée... Il est allé vivre dans ces pays chauds et désertiques », tandis que le « peuple anglo-saxon » (les blancs) venait des climats du nord.
2. La Malédiction : réfuter le mythe du jambon
Le frère Branham identifie correctement que la question sur la « malédiction » fait référence à l'histoire de Noé et de ses fils, Sem, Japheth et Ham, rapportée dans la Genèse 9:20-27. Il anticipe l'argument, je cite le paragraphe 157 : « Je sais où tu veux aller. Tu essaies d'aller à Ham. »
Il raconte l'histoire biblique : Cham vit la nudité de son père Noé, rit et se moqua de lui, tandis que Sem et Japheth s'approchèrent de lui dos et jetèrent leurs manteaux sur leur père. En conséquence, le frère Branham nous dit au paragraphe 158 : « Et Dieu maudit Ham... Et Dieu dit à Cham que sa génération servirait celle des deux autres. »
Cependant, le frère Branham rejette catégoriquement l'enseignement selon lequel cette malédiction de servitude était une malédiction qui changeait la couleur de la peau de Ham. Il désarme cet argument avec une grande sagesse. Lisons le paragraphe 159 : « Maintenant, si vous pensez que la malédiction était qu'ils étaient noirs, alors les Juifs sont maudits parce qu'ils ont aussi la peau foncée. »
Il développe ce point, soulignant qu'une telle théorie est incohérente, puisque d'autres nations sont encore plus sombres que le peuple africain. Poursuivons le paragraphe 159 : « Si vous pensez que ce serait le... dans les peuples que nous appelons les personnes de couleur ou les Noirs dans ce pays, vous devriez aller en Inde. Les Indiens ont la peau plus foncée que les Noirs. » Il considère cet enseignement racial comme un non-sens.
3. La Vraie Malédiction et la Vraie Bénédiction
Le frère Branham conclut en passant la question du domaine physique au domaine spirituel. La véritable malédiction qui pèse sur l'humanité n'est pas la pigmentation, mais le péché originel. Je cite le paragraphe 164 : « Donc tout se résume à ceci : nous venons tous d'un même arbre. Droite. Et nous recevons tous une malédiction pour la chute d'Ève. »
Puisque la malédiction est universelle (péché), la bénédiction (le salut) est aussi universelle. Poursuivons le paragraphe 164 : « Et nous sommes tous sauvés par la résurrection de Jésus-Christ. » Par conséquent, la seule division que Dieu reconnaît n'est pas raciale, mais spirituelle. Marc 16:16 : « Celui qui croit et est baptisé sera sauvé ; mais celui qui ne croit pas sera condamné. »
Il résume toute la réponse par une affirmation définitive, précisant que ni l'homme blanc, ni le noir, ni le jaune ne sont soumis à une malédiction raciale. La seule malédiction qui compte, c'est l'état de l'âme. Le frère Branham nous dit au paragraphe 165 : « La seule malédiction que je connaisse est de ne pas croire en Jésus-Christ. »
QUESTION 23 : L'EMPLACEMENT ET LE DESTIN DES DIX TRIBUS
La question numéro 23 demandait la localisation des dix tribus perdues d'Israël, dispersées après la captivité assyrienne, et s'il était possible de les localiser.
À cette question, le frère Branham répond avec une certitude absolue : « Oui, monsieur ! Ils peuvent être localisés. » Il précise que leur emplacement ne dépend pas de la généalogie séculière ou de l'histoire moderne, mais qu'ils peuvent être géographiquement retrouvés dans la Bible. La clé pour trouver les tribus ne réside pas dans une carte du monde présent, mais dans la carte prophétique exposée dans les Écritures.
La carte prophétique de la Bible
Le frère Branham explique que la Parole de Dieu n'a pas seulement enregistré leur dispersion (historiquement rapportée dans 2 Rois 17), mais a aussi prédit leurs caractéristiques et leurs destins ultimes. Et Dieu nous dit où ils seront dans les derniers jours et quelle sera leur fin.
Le frère Branham fait allusion aux prophéties spécifiques données à chaque tribu, à la fois dans la Genèse 49 (mentionnée dans la question elle-même) et dans Deutéronome 33. Il mentionne un exemple précis de ces prophéties que je cite du paragraphe 166 : « Ils disaient que l'un d'eux avait trempé ses pieds dans l'huile. » C'est une référence directe à la bénédiction d'Asher dans Deutéronome 33:24 : « Et à Asher il dit : 'Béni soit Asher en fils : il plaira à ses frères, et trempera son pied dans l'huile.' » Le frère Branham enseigne que ces anciennes prophéties agissent comme des marqueurs géographiques et industriels qui identifient les tribus dans leur état dispersé, même si elles ont elles-mêmes perdu leur identité.
L'accomplissement final : Le retour en Palestine
Bien que les tribus soient établies à différents endroits selon leurs bénédictions prophétiques, le frère Branham souligne que l'accomplissement premier et dernier jour pour toutes les tribus d'Israël n'est pas leur position dans la dispersion, mais leur retour divinement ordonné dans leur patrie.
Il relie cette prophétie directement aux événements mondiaux qui se produisaient (le sermon a eu lieu en 1954, quelques années après la fondation de l'État d'Israël en 1948). Il déclare, et je cite le paragraphe 166 : « Tous les Juifs retournent en Palestine, où Dieu avait promis qu'ils seraient dans les derniers jours. »
Ce retour est l'un des accomplissements prophétiques les plus significatifs de la Bible, prédit par de nombreux prophètes.
Jérémie 31:10 déclare : « Écoutez la parole du Seigneur, nations autres, et faites-la connaître dans les îles lointaines, et dites : Celui qui a dispersé Israël les rassemblera et les gardera, comme berger à son bétail. »
Ézéchiel 37:21-22 promet : « Et tu leur diras : Ainsi parle le Seigneur : Voici, je prendrai les enfants d'Israël parmi les nations d'où ils sont venus, et je les rassemblerai de toutes parts, et je les ferai entrer dans leur propre terre ; et je ferai d'eux une nation dans la terre, dans les montagnes d'Israël ; et un roi sera pour un roi pour tous : et ils ne seront plus deux nations, ni ne seront à nouveau divisés en deux royaumes :... »
Amos 9:14-15 confirme cette permanence : « Et je rendrai la captivité de mon peuple Israël, et ils bâtiront les cités désolées et y habiteront ; et ils planteront des vignobles et en boiront du vin ; et ils feront des jardins, et en mangeront les fruits. Car je les planterai sur leur terre, et ils ne seront plus déracinés de leur terre que je leur ai donnée, dit le Seigneur ton Dieu. »
Ainsi, selon la Parole de Dieu, la réponse à « Où sont les dix tribus ? » se trouve en regardant la Palestine (Israël), car c'est l'endroit que Dieu a promis à ces tribus dans les derniers jours.
QUESTION 24 : COMMENT UN DIEU D'AMOUR PEUT-IL ENVOYER LA GUERRE COMME JUGEMENT ?
La question numéro 24 fut la dernière et peut-être la plus intense du service. La personne qui l'a écrit a exprimé une profonde angoisse théologique, je cite le paragraphe 166 : « Je ne peux pas croire que Dieu envoie des guerres comme jugement... Je ne pense pas... que Dieu ait mis l'épée entre les mains de ces bouchers de l'ancienne Babylone à Hitler, pour mettre à mort des femmes innocentes et des enfants innocents... »L'argument de l'interlocuteur reposait sur le postulat que « mon Dieu d'amour ne ferait pas... Les guerres sont l'œuvre de Satan. »
Frère Branham, reconnaissant la gravité de la question, affirme qu'il doit se tenir aux côtés de la Parole de Dieu au-dessus des sentiments humains. Sa réponse initiale est simple, je cite le paragraphe 171 : « Eh bien, mon ami, il n'y a qu'une seule chose qui ne va pas dans ta croyance, et c'est qu'elle n'est pas scripturaire. » Il affirme sans équivoque, je cite sans cesse le paragraphe 171 : « Dieu envoie les guerres comme jugement. D'accord. »
1. Concilier l'œuvre de Satan et la souveraineté de Dieu
Le frère Branham valide d'abord une partie de l'argument de l'interlocuteur. Il est d'accord, je cite le paragraphe 173 : « Je suis d'accord avec vous que les guerres appartiennent à Satan. C'est exactement la vérité. » Il confirme que Satan est le prince de ce monde, à qui appartiennent tous les royaumes, un fait que Satan lui-même a affirmé dans Matthieu 4:8-9 et que le Seigneur Jésus a reconnu (le désignant comme « prince de ce monde » dans Jean 14:30).
Cependant, c'est là qu'il introduit la doctrine de la souveraineté permissive de Dieu. Bien que Satan soit l'auteur de la guerre, il n'est qu'un instrument dans la Main d'un Dieu souverain. Lisons le paragraphe 173 : « Mais Dieu permet à Satan de faire cela pour la correction et le jugement. » Dieu utilise la méchanceté du diable pour accomplir son propre dessein juste et souverain.
2. Les preuves bibliques du jugement divin
Pour prouver que Dieu ordonne la destruction, même des innocents, dans le cadre de Son Jugement, le frère Branham présente plusieurs exemples bibliques irréfutables :
Le sacrifice du Christ (La Croix) : L'exemple suprême. Lisons le paragraphe 174 : « Pourquoi Dieu lui-même a-t-il puni son propre Fils et l'a-t-il tué sur la croix ? » Ce n'était pas seulement un acte d'hommes ; c'était un acte de Jugement Divin. Nous poursuivons au paragraphe 174 : « Les Écritures disent : 'Ceci a plu à Dieu, l'affligeant, le battant et lui faisant du mal.' » C'est une référence directe à Ésaïe 53:10 : « Pourtant, Jéhovah voulait le briser, le soumettant à la souffrance. Quand il aura donné sa vie en expiation pour le péché... »
Saül et les Amélétes (1 Samuel 15) : Lisez maintenant le paragraphe 175 : « Quand Dieu lui ordonna d'aller vaincre... Et détruire tout ce qui était là, hommes, femmes, enfants, et tout... même du bétail. »Quand Saül a désobéi et a pardonné une partie, Dieu a retiré l'Esprit de lui et s'en est séparé.
Jéricho (Josué 6) : Lisons le paragraphe 177 : « Qu'en est-il de Jéricho, quand Dieu envoya Josué de l'autre côté du Jourdain et détruisit littéralement de petites créatures, de petits enfants et tout le reste, sans rien laisser en vie ? » Le frère Branham souligne que ce n'était pas une décision humaine : « Dieu l'a ordonnée. »
Le Déluge (Genèse 6-8) : Lisons le paragraphe 181 : « Dans le monde antédiluvien, quand des millions et des millions et des milliards de personnes habitaient la terre... Dieu tout-puissant, qui contrôle les cieux, a envoyé une pluie qui a tué des millions de vieux, de jeunes et de créatures. »
Ézéchiel 9 (Le jugement commence dans le sanctuaire) : C'est leur argument culminant. Il lit directement Ézéchiel 9, où Dieu Lui-même ordonne des exécutions ciblées. D'abord, Dieu ordonne qu'une marque soit placée sur le front des hommes qui gémissent et... ils crient pour... des abominations. Puis Dieu donne ce commandement aux anges destructeurs, lisons le paragraphe 180 : « Parcourez la ville après lui et frappez ; ne t'épargne pas l'œil, ni qu'il soit miséricordieux. »L'ordre précisait explicitement les victimes : « Tuez les vieux, les jeunes hommes... Vierges ,... de jeunes enfants, femmes... »Et le point de départ du procès était, et je cite le paragraphe 180 : « ... et vous commencerez de mon sanctuaire », démontrant que le jugement de Dieu (comme le dit aussi 1 Pierre 4:17) commence par son propre peuple.
3. Conclusion : Le Dieu de l'Amour est aussi un Dieu de la Colère
Le frère Branham conclut que le problème central de la question est une compréhension moderne et incomplète de la nature de Dieu. Des gens ont créé un Dieu d'amour qui tolère le péché, mais ce n'est pas le Dieu de la Bible.
Lisons le paragraphe 178 : « Dieu est amour, amour parfait ; Mais tu ne sais pas ce qu'est l'amour. » Le prophète explique que le véritable Amour Divin est lié à Sa Justice et à Sa Parole. Écoutez le paragraphe 178 : « Il est souverain dans Sa Parole. Et il doit tenir parole. »
Il attaque l'idée qu'un père aimant ne punirait pas, un argument qu'il avait entendu. Leur réponse est que Dieu ne détruit pas Ses enfants. Il les sauve. La destruction est réservée aux enfants du diable.
En fin de compte, Dieu est multifacette. Il est le Dieu de l'amour, mais Il est aussi un Dieu de la colère. Ignorer Sa colère et son jugement pour ne se concentrer que sur Son Amour est l'erreur fondamentale enseignée dans les églises aujourd'hui. Le frère Branham nous dit dans le dernier paragraphe 186 et 187 : « C'est ce qui a offensé l'Église aujourd'hui. Ils disent : « Un père aimant, bien sûr qu'il ne s'en voudra pas que je fasse cela. » Si tu veux le faire, tu ferais mieux d'y aller, car l'Amour de Dieu n'est pas en toi dès le départ. »
CONCLUSION
Ce service profond de questions et de réponses nous confronte d'abord à la réalité inévitable de la Souveraineté de Dieu, qui opère à la fois dans l'Amour Parfait et le Jugement Sévère. Le frère Branham démonte la notion moderne d'un Dieu permissif qui ne punit pas, démontrant par les Écritures que Dieu utilise même les guerres et Satan comme instruments de correction pour les nations. Elle nous rappelle que nous vivons sous « l'esprit des derniers jours », caractérisé par une apostasie morale comparable à Sodome et Gomorrhe, où la société a sombre dans l'immoralité et la confusion. Cette condition du monde n'est pas accidentelle, mais l'accomplissement prophétique qui annonce que le temps de la Grâce touche à sa fin et que les portes de la miséricorde se ferment, tout comme à l'époque de Noé, laissant Jésus-Christ comme seule issue de la colère à venir.
Face à ce panorama de jugement imminent, l'Église est tenue de revenir strictement à l'ordre biblique et à la sainteté personnelle, rejetant tout comportement contaminant le corps du Christ. Le culte doit être mené « décemment et en ordre », respectant la Structure Divine qui inclut le rôle des femmes et leurs longs cheveux comme signe de soumission et de couverture, ainsi qu'un jugement attentif des dons spirituels afin de s'assurer qu'ils édifient véritablement la congrégation. Cette révérence s'étend à la vie quotidienne du croyant, qui doit fuir tout « bavardage profane », plaisanteries salaces et murmures corrompants de l'âme, et s'approcher de la Table du Seigneur avec une peur sainte, sachant que participer indignement apporte sur lui-même la culpabilité et le jugement physique.
Dans le domaine prophétique et doctrinal, le message clarifie les confusions historiques et raciales, établissant que Dieu ne regarde pas l'apparence extérieure mais la foi du cœur. Le frère Branham réfute catégoriquement l'idée qu'une race spécifique, comme les Noirs, soit sous malédiction divine, précisant que la seule vraie malédiction est l'incrédulité et le rejet de Jésus-Christ. Simultanément, il nous oriente sur l'Horloge de Dieu en pointant vers le retour des Juifs en Palestine comme l'accomplissement géographique qui marque la fin de l'âge. Une distinction essentielle est faite entre le « Choisi » qui sera enlevé et le reste des croyants qui, bien que sauvés, doivent traverser la grande tribulation parce qu'ils n'ont pas « l'Huile » du Saint-Esprit dans leurs lampes lorsque le Mari vient.
Enfin, l'enseignement se conclut par une analogie puissante sur la nature de la vie spirituelle : chaque personne produira des fruits selon la graine qu'elle porte en elle, qu'il s'agisse de « blé » ou de « cier ». Ce que nous sommes ici sur terre n'est qu'un reflet et un témoignage de la destination où nous irons à notre mort ; Si nous renaîtons, nous possédons déjà un corps céleste qui attend dans la gloire, libéré du jugement. Par conséquent, l'urgence ne réside pas dans le fait d'être satisfait d'être membre d'une église ou de faire des confessions formelles, mais dans la recherche désespérée du baptême du Saint-Esprit jusqu'à ce que l'assurance d'une vie transformée soit obtenue, car seuls ceux qui ont la Vie de Dieu pourront résister au poison du monde et ressusciter le dernier jour.
Hymne : « DÉSESPÉRER POUR LE BAPTÊME COMPLET »
Écrit par : Frère Francisco Velázquez Cruz
(Couplet 1)
Sous le tonnerre sacré de ta voix éternelle,
les nations tremblent devant Ta vérité ;
Un amour parfait et un jugement qui gouvernent,
Dieu souverain, fidèle dans la sainteté.
Comme à l'époque de Noé, cela résonne
l'avertissement clair de la fin rapide ;
c'est seulement en Christ qu'il existe une vraie voie,
Arche d'évasion devant Ta voix farouche.
(Refrain)
Désespéré pour un baptême complet !
Huile sacrée brûlant sur l'autel.
Pas de religion, pas de nom de passage,
mais Ta Vie en moi, ô vrai Dieu.
Désespéré pour un baptême complet !
Qu'il scelle l'âme dans le feu et la vérité ;
seulement les vivants par Ton Esprit éternel
ils seront soulevés au dernier son.
(Versets 2)
Retournez, Église, à l'ordre de la Parole,
à la pureté, à la crainte du Seigneur ;
Que toutes les louanges soient en ordre,
corps abandonné sous Son contrôle.
Le saint fuit les bavardages vains,
de blagues salaces et de murmures ;
avec révérence s'approche du Pain,
connaissant le poids de la profanation.
(Refrain)
Désespéré pour un baptême complet !
Huile sacrée brûlant sur l'autel.
Pas de religion, pas de nom de passage,
mais Ta Vie en moi, ô vrai Dieu.
Désespéré pour un baptême complet !
Qu'il scelle l'âme dans le feu et la vérité ;
seulement les vivants par Ton Esprit éternel
ils seront soulevés au dernier son.
(Couplet 3)
Dieu ne regarde ni la couleur ni la graine,
aucune race n'apporte de malédiction ;
seule l'incrédulité apporte jugement,
rejeter le Christ est une condamnation.
Israël se réveille, les marques sur l'horloge,
L'ère décline, la fin est arrivée ;
certains seront emportés avec le marié,
d'autres traverseront la tribulation.
(Pont)
Le blé et les tares pousseront ensemble,
mais le fruit parlera à la fin ;
Ce que nous serons aujourd'hui en partant sera,
Écho éternel de notre vérité.
Un nom et une adhésion ne suffisent pas,
ni la confession sans transformation ;
seulement la Vie du Dieu vivant
Vaincre le poison de cette génération.
(Chœur II)
Désespéré pour un baptême complet !
Mon âme crie jour et nuit.
Je veux la Vie qui brise le voile,
certitude éternelle, puissance céleste.
Désespéré pour un baptême complet !
Jusqu'à ce que le Christ vive en moi ;
pour seulement ceux scellés par Son Esprit
ils verront venir la Gloire et non le jugement.
(Finale)
Ô Saint-Esprit, descends aujourd'hui,
scelle ta fiancée ;
faire de nous porteurs de la Vie éternelle,
Prêt pour le dernier jour.
Introdução
Paz para vocês, queridos ouvintes, e sejam bem-vindos mais uma vez a este podcast "A Palavra Falada de Deus"! Saúdo-te em Nome precioso de nosso Senhor Jesus Cristo. Hoje, Irmãos, temos um privilégio singular. Vamos nos imergir em uma daquelas mensagens que não apenas informam a mente, mas confrontam o espírito; uma mensagem profunda e, ao mesmo tempo, controversa e vital. Profundo em sua doutrina, tocando os próprios mistérios da vida e da morte. Controverso para a mente religiosa e tradicional, pois desafia o que muitos consideram garantido. E vitalmente iluminadora para a alma que, com fome e sede de justiça, busca a Verdade pura e não adulterada.
Hoje vamos revisar, ponto por ponto, os destaques do sermão pregado pelo Irmão William Marrion Branham, intitulado: "PERGUNTAS E RESPOSTAS #2". Esta Mensagem foi pregada na tarde de domingo, 3 de janeiro de 1954, no Tabernáculo Branham em Jeffersonville, Indiana. E o contexto dessa mensagem é o que a torna tão especial.
Veja, este não é um sermão expositivo tradicional, onde o pregador prepara um tema e o desenvolve. Esta é uma sessão em que o Povo de Deus, com o coração cheio de perguntas genuínas, daquelas dúvidas que nos assaltam na quietude da noite, as coloca diante do profeta. O próprio Irmão Branham nos diz no parágrafo 8: "Eu amo as questões profundas da Bíblia e dos ensinamentos bíblicos, desde que você não entre em coisas mitológicas. Mas que permaneçam apenas na simples e não adulterada Palavra de Deus; é isso que o sustentará até o fim."
E é nesse formato, sem nada preparado antecipadamente, que vemos o profeta confiando inteiramente no Espírito Santo para trazer a resposta. Ele mesmo ora ao Senhor, dizendo, e lemos no parágrafo 13: "Pai, não somos dignos, somos incapazes, sabemos, de abrir o Livro e sequer olhar para ele. Mas que o Cordeiro venha agora mesmo esta noite, o Cordeiro de Deus que foi morto antes da fundação do mundo, e que leve as coisas que são de Deus e as apresente a esta congregação. Que o Espírito Santo tome estas palavras, e que não sejam minhas palavras nem palavras humanas, mas que sejam a Palavra de Deus em todo coração faminto."
E, ah, o que o Espírito Santo responde. Abordar essas questões revela verdades chocantes — verdades que são a base da nossa fé. Falaremos sobre o destino imediato da alma: O que acontece no momento exato em que um crente ou pecador dá seu último suspiro? Esperamos em um sonho ou vamos direto para um destino?
Vamos abordar a estrutura da verdadeira Igreja: Basta "ser salvo"? Qual é a diferença crucial entre um crente justificado, um santificado, e a Noiva que possui o "Óleo" do Espírito Santo para o Arrebatamento?
E, finalmente, seremos confrontados com a natureza intransigente do Julgamento de Deus: Nosso Deus é apenas um Deus de amor, ou é também um Deus da ira, um Juiz severo que envia julgamento sobre as nações que O rejeitam?
Irmãos, essas não são questões teóricas. Essas são questões de vida eterna.
Por isso, convido você neste momento a preparar seu coração. Abram suas Bíblias, como faremos aqui novamente neste novo episódio, onde usamos a Versão King James de 1909. Peça ao Senhor que remova todo preconceito, toda tradição humana, e nos permita receber com mansidão a Palavra enxertada, que pode salvar nossas almas.
Vamos começar.
PERGUNTA 15: UM HOMEM VAI PARA O CÉU OU PARA O INFERNO IMEDIATAMENTE APÓS MORRER, OU ESPERA ATÉ O JULGAMENTO?
Nosso primeiro ponto hoje, queridos ouvintes, aborda a Pergunta #15, e é, sem dúvida, uma das perguntas mais fundamentais que todo ser humano já fez: "O homem, quando morre, vai para o Céu ou para o inferno imediatamente, ou espera até o julgamento?" Irmão Branham, guiado pelo Espírito, nos dá uma resposta tão clara quanto o sino de prata do Evangelho. Ele é enfático: o crente renascido, a pessoa que foi preenchida pelo Espírito Santo, nunca se levantará em julgamento para morrer. No momento da morte, esse crente entra diretamente na Presença de Deus. Este é o cumprimento da promessa de nosso Senhor Jesus Cristo em São João 5:24, que diz: "Em verdade, em verdade, eu vos digo: aquele que ouve a minha palavra e cre naquele que me enviou terá vida eterna; e ele não virá em condenação, mas passará da morte à vida." O profeta explica que o crente está livre do julgamento porque o julgamento de Deus já caiu sobre nosso Substituto. Enquanto estivermos em Cristo, estamos livres de julgamento, assim como Deus prometeu no Egito: "E o sangue será sinal para vós nas casas onde estiveis; e verei o sangue, e passarei por cima de vocês, e não haverá praga de massacre em vocês, quando eu atingir a terra do Egito." [Êxodo 12:13]
Para o pecador, porém, o destino é tragicamente diferente. O Irmão Branham explica que, enquanto uma pessoa, por mais pecadora que seja, estiver viva na terra, a misericórdia está disponível. Mas no exato minuto em que sua alma deixa seu corpo e parte, ela passou da misericórdia ao julgamento. Como diz o profeta no parágrafo 30: "Vós julgais a si mesmos pela maneira como tratas a propiciação que Deus fez para os teus pecados", cumprindo assim as palavras de São João 3:18: "Quem crê nele não é condenado; mas aquele que não cre já está condenado, porque não creu no nome do Filho unigenito de Deus."
Mas em que estado o crente é após a morte? O irmão Branham refuta o ensinamento do "sono da alma", declarando que, quando morremos, entramos na Presença de Deus em um "corpo celestial". Neste estado, estamos plenamente conscientes; ele menciona que poderia reconhecer e conversar com o Irmão Neville, embora sem os cinco sentidos físicos. Somos como aquelas almas conscientes que João viu almas sob o altar implorando por vingança. Essa é a mesma revelação gloriosa que o Apóstolo Paulo teve. Em 2 Coríntios 5:1, 8, ele diz: "Pois sabemos que, se a casa terrena de nossa morada for dissolvida, teremos edifício de Deus, uma casa não feita por mãos, eterna no céu" e "Mas somos confiantes, e preferimos nos afastar do corpo e estar presentes com o Senhor." E em Filipenses 1:23, Paulo expressa seu desejo de partir e estar com Cristo, o que é muito melhor. O profeta também esclarece por que isso é diferente da Antiga Aliança: os justos de antigamente iam para o "Paraíso", um lugar de espera, porque o sangue de touros e cabras apenas o cobria, não tirava o pecado. Mas quando Cristo morreu e ressuscitou, trouxe aqueles santos Consigo do túmulo, cumprindo as Escrituras de Efésios 4:8: "Ascendendo no alto, prendeu o cativo." O impacto dessa Verdade é glorioso: ela tira toda a dor da morte!
Mas essa resposta sobre o destino da alma serve como base para a verdade mais profunda que o profeta revela nesta mensagem. Se a primeira parte da resposta nos assegura a salvação do julgamento, a segunda parte define a preparação para o Arrebatamento. É aí que a mensagem se torna intensamente profunda. Irmão Branham estabelece uma verdade que abala a complacência: nem todos que são salvos estão automaticamente destinados a partir no Arrebatamento. No Parágrafo 52, ele afirma enfaticamente: "Só porque você aceita Cristo como seu Salvador pessoal, não significa que você vai embora no arrebatamento. Isso é para o Escolhido, ele é quem vai embora no arrebatamento." Esta Noiva é um grupo seleto, enquanto um "remanescente" do mesmo tecido, embora salvo, permanecerá aqui para passar pelo grande período da tribulação.
Para ilustrar essa separação solene, o profeta se baseia na parábola do Senhor Jesus em Mateus 25. Ele enfatiza um detalhe frequentemente negligenciado: todos os dez eram virgens. No Parágrafo 69, ele define o que isso significa espiritualmente: "Santo, limpo, separado, santificado." Não estamos falando dos salvos e perdidos, mas de dez crentes santificados. A diferença que selou seus destinos não foi sua conduta moral, mas sua preparação interior: o Óleo em suas lâmpadas. O profeta identifica esse óleo inequivocamente como "o Espírito Santo." As virgens tolas, embora "povo piedoso e santificado", perceberam tarde demais que lhes faltava o Espírito. Eles foram lançados na escuridão... onde é choro e ranger de dentes, um destino que cumpre o aviso de Mateus 25:10: "... O noivo chegou; e os que estavam preparados entraram com ele no casamento; e a porta estava fechada."
Para provar biblicamente que uma pessoa pode ser justificada e santificada, e até usada por Deus, e ainda assim não ter o Espírito Santo, o profeta apresenta o exemplo arrepiante de Judas Iscariotes (Parágrafo 56). Ele raciocina que Judas era justificado, pois acreditava no Senhor Jesus Cristo e o aceitava como seu Salvador pessoal. Ele foi santificado, pois o Senhor Jesus orou por ele junto com os outros em João 17:17. E ele até recebeu poder para expulsar demônios em Mateus 10. No entanto, o irmão Branham diz no Parágrafo 56: "Mas quando ele veio ao Pentecostes, mostrou sua cor." Ele não conseguiu receber o Óleo, o Espírito. Ele, como diz Atos 1:25, "caiu por transgressão, para ir ao seu próprio lugar." Esse ensinamento do profeta está diretamente alinhado com a revelação do Apóstolo Paulo. Em Efésios 1:13-14, lemos: "Em quem também esperaste quando ouviste a palavra da verdade, o evangelho da vossa salvação; no qual, assim que crestes, foste selado com o Espírito Santo da promessa, que é o fervor de nossa herança, para a redenção da posse comprada em louvor da sua glória." Esse Selo não é justificação ou santificação, mas o próprio Espírito Santo. Vemos essa divisão claramente no livro do Apocalipse. Em Apocalipse 19:7-8, vemos a Noiva, a "noiva" que "se preparou." Mas em Apocalipse 7:14, vemos outra multidão incontável que foi salva, mas que é identificada como "aqueles que saíram de grande tribulação." O impacto desse ensinamento é imenso: ele obriga todo crente a se examinar, assim como o apóstolo Paulo perguntou em Atos 19:2, com uma pergunta que define a eternidade: Você recebeu o Espírito Santo depois de crer?
PERGUNTA 16: EXPLICAÇÃO DO ÊXODO 4:24
O que essa Escritura significa, Deus queria matar Moisés ou seu filho? E por quê?
Essa pergunta focou no significado do incidente registrado em Êxodo, capítulo 4, onde Deus encontra Moisés em uma estalagem com a intenção de matá-lo. A questão específica era quem Deus estava tentando matar, Moisés ou seu filho, e por quê. O irmão Branham lê a passagem-chave de Êxodo 4:24: "E aconteceu no caminho que o Senhor o encontrou em uma estalagem e quis matá-lo." Ele confirma que essa é "uma boa pergunta" e procede a explicar o contexto teológico por trás desse confronto divino.
A razão fundamental para a ira de Deus foi a falha de Moisés em cumprir uma aliança fundamental. O irmão Branham explica que Deus havia estabelecido o sinal da circuncisão com Abraão muitas gerações antes, como uma aliança que exigia que todo homem fosse circuncidado. O problema era a hipocrisia da situação: Moisés estava a caminho do Egito para entregar os filhos de Israel sob o sinal da circuncisão; e seu próprio filho ainda não estava circuncidado. Moisés, o libertador escolhido, não praticou em seu filho o mesmo sinal de libertação.
O irmão Branham deixa claro que o alvo da ira de Deus era o líder, não a criança. Ele afirma enfaticamente no parágrafo 83: "Deus estava atrás de Moisés." Ele continua explicando no parágrafo 92: "Deus não quis matar o filho. Deus... Aquele pobre garotinho não sabia o que fazer; Ele era inocente. Mas qual era o problema, era o pai da criança...". A vida de Moisés só foi salva pela intervenção rápida e decisiva de sua esposa, Zipporah. Ouça o parágrafo 92: "Então Zipporah pegou uma pedra afiada, cortou o prepúcio do filho e o jogou aos pés dele, e disse: 'Em verdade, você é para mim um marido de sangue.'" O irmão Branham sugere que um anjo pode ter avisado Zipporah para agir imediatamente.
Por fim, o irmão Branham aplica essa lição do Antigo Testamento ao crente do Novo Testamento. Ele traça um paralelo direto entre a circuncisão física da carne e a circuncisão espiritual exigida hoje. Ele pergunta no parágrafo 80: "E hoje estamos circuncidados? Sim, pelo Espírito Santo, mas não em carne." A lição é que não se pode negligenciar o próprio sinal da libertação, que hoje é a circuncisão pelo Espírito Santo. Ele alerta contra o zelo por grandes missões externas (como Moisés indo ao Egito) enquanto negligencia responsabilidades espirituais fundamentais em casa ou vizinhança.
PERGUNTA 17: ISAÍAS 4:1 E A APOSTASIA DOS ÚLTIMOS DIAS
A pergunta número 17 buscava o significado e o momento do cumprimento da profecia em Isaías 4:1. O irmão Branham lê as Escrituras: "E sete mulheres darão a mão de um homem ao mesmo tempo, dizendo: Comeremos do nosso pão e vestiremos nossas vestes; Apenas que o teu nome seja invocado sobre nós, tira nossa reprovação." Essa profecia descreve um tempo de desespero moral e escassez de homens honrados, onde as mulheres abandonariam toda decência tradicional apenas para se livrar da reprovação de estarem sozinhas, sem se importar com a verdadeira base de um relacionamento.
Em vez de relegar essa realização para um futuro distante, o Irmão Branham declara que essa condição é um espelho da era presente. Ele responde no parágrafo 93: "Bem, irmão, é quase assim tão ruim hoje em dia." Ele imediatamente identifica a raiz dessa condição como uma profunda decadência espiritual: "Que apostasia caiu sobre nosso país!" Ele sustenta que a nação está no mesmo caminho de imoralidade, de regressão, que toda nação percorreu ao longo dos séculos.
Uma "Sodoma e Gomorra Modernas"
O irmão Branham não se limita a generalidades; Descreve vividamente por que ele considera a sociedade como tendo colapsado moralmente, comparando-a diretamente às cidades mais infames da Bíblia.
Ele afirma no parágrafo 95: "O mundo entrou nessa condição, porque é uma Sodoma e Gomorra modernas." Ele menciona ter lido nos jornais da Califórnia sobre o alarmante aumento de quantos milhares de homossexuais... aumentava a cada ano, apontando que até o desejo natural entre marido e mulher... não está mais no povo.
Ele também aponta a cultura popular como sintoma dessa doença. Ele alerta que, ao ouvir rádio ou televisão, percebe-se que são as piores e mais sujas... Tem algumas músicas que falam sobre mulheres ou algo assim, é isso que fica popular. Em sua análise, a responsabilidade por esse declínio recai significativamente na perda da decência feminina, afirmando no parágrafo 97: "Se uma mulher mantivesse a si mesma na decência, o homem se comportaria corretamente."
Para ressaltar a gravidade da imoralidade, ele relata estatísticas chocantes da recente guerra naquela época, cito o parágrafo 103: "Dois em cada três soldados foram divorciados por suas esposas durante os primeiros seis meses de sua estadia no exterior." Ele até menciona uma conversa com um garoto do ensino médio que lhe disse, cito o parágrafo 105: "Pelo que sei, há anos nenhuma garota virgem saiu do ensino médio aqui." Ele conclui essa avaliação com uma proclamação sombria, e cito o parágrafo 102: "Acredito que a América está afundada! Ela não tem princípios. Ela chegou ao fundo do poço do poço."
O Espírito dos Últimos Dias
Esse colapso moral generalizado não é visto como um acidente histórico, mas como a atmosfera espiritual precisa que a Bíblia previu para o fim dos tempos. O irmão Branham explica que essa imoralidade é o cumprimento da profecia. é o espírito necessário para o fim que está por vir.
Ele ensina, e cito o parágrafo 104: "O mundo deve entrar no espírito dos últimos dias antes que os últimos dias possam chegar, e nós estamos no espírito dos últimos dias." A profecia de Isaías sobre sete mulheres agarrando um homem é apenas uma faceta desse espírito. Essa condição não surpreende Deus; é a manifestação do que já estava escrito, cito do parágrafo 95: "É exatamente isso que Deus disse que aconteceria."
Em meio a essa apostasia, os esforços religiosos tradicionais tornam-se ineficazes. O irmão Branham pergunta, cito o parágrafo 97, "Como podemos ter um avivamento?" Ele menciona os grandes movimentos evangelísticos de sua época, como os de Billy Graham e Jack Shuler, mas observa que eles têm atuado... Com toda a força que puderem, e não houve reavivamento.
O motivo, ele explica, é que as portas estão se fechando. O tempo da Graça para os gentios está chegando ao fim. Dê um exemplo, cito o parágrafo 99: "Em uma cidade onde Billy Graham fez uma campanha... eles afirmavam ter tido vinte mil e poucas conversões... Algumas semanas depois, eles voltaram para aquele lugar e não conseguiram encontrar nem vinte dos milhares." O trabalho evangelístico tornou-se como pescar em um lago vazio: "Tiramos do lago na rede todos os peixes... Talvez ainda existam um ou dois por aí."
Nesta era de julgamento iminente, onde "a América está afundada" e o julgamento "está aqui", o Irmão Branham afirma, cito do parágrafo 108, "Há apenas uma esperança para tudo, e essa é em Cristo Jesus." A única resposta que resta é a fuga pessoal: "Irmão, fuja da ira que vem e corra para Jesus Cristo assim que puder!"
PERGUNTA 18: ORDEM DIVINA NA CASA DE CULTO
A pergunta número 18 perguntava qual é a expectativa de Jesus Cristo sobre como devemos entrar e nos comportarmos na casa do Senhor para adorá-Lo. O Irmão Branham descreve essa questão como "muito essencial para qualquer igreja" e passa a definir tanto o propósito quanto a ordem bíblica do culto.
O propósito fundamental, ele enfatiza, é singular: viemos "por um propósito, que é adorá-Lo, cantar louvores e adorar a Deus." Não é um lugar para socializar, "falar uns sobre os outros" ou discutir assuntos seculares. Toda conduta na igreja deve ser regida pelo princípio apostólico que ele cita de Paulo: "E todas as coisas devem ser feitas com decência e em ordem."
A Ordem do Serviço e os Presentes
O Irmão Branham detalha como um serviço que funciona de forma decente e em ordem deve fluir sob a unção do Espírito Santo.
A Mensagem: O povo deve entrar em um Espírito de adoração. O pregador, que ele identifica como um profeta do Novo Testamento (baseado em Apocalipse 19:10, que diz que "o testemunho de Jesus Cristo é o Espírito da profecia"), começa a pregar. Durante esse tempo, a igreja deve ficar em silêncio, ouvindo enquanto ele revela as Escrituras. A congregação pode participar afirmando a Palavra, dizendo "Amém, bendito seja o Senhor!", já que "Amém" significa "assim seja, assim seja, ou assim será."
Dons Espirituais (Línguas e Interpretação): Após o pregador terminar, o Espírito pode se mover para enviar uma mensagem à igreja. Isso pode se manifestar como uma mensagem falada em línguas desconhecidas. No entanto, isso deve seguir regras rigorosas de 1 Coríntios 14. O Irmão Branham é enfático que, se não houver intérprete na igreja, essa pessoa deve manter a calma e não falar em línguas. Se houver um intérprete presente, ele transmitirá a mensagem à igreja.
O Propósito da Interpretação: Esta mensagem não deve ser uma repetição das Escrituras ou exortações gerais, já que Deus não usa repetições vãs. Deve ser uma mensagem direta para alguém fazer uma certa coisa ou algo que vai fortalecer a Igreja. Ele fornece exemplos claros de uma mensagem genuína: "ASSIM DIZ O ESPÍRITO SANTO: Que Fulano vá e coloque as mãos sobre esta pessoa... porque... esta noite é a noite da sua cura."
O Julgamento dos Dons: A igreja não deve aceitar cegamente qualquer manifestação. A mensagem deve ser julgada. Se uma profecia é dada (como um aviso de tempestade), alguém, espiritualmente discernidor, se levanta e pergunta: "Isso veio do Senhor?" O padrão para a confirmação é: "E se três homens de bom testemunho, com discernimento espiritual, cada um deles se levantar e dizer: 'Esse foi do Senhor', então a igreja o recebe. Se a profecia não se cumprir, é melhor confrontar essa pessoa. Por fim, o número dessas mensagens é limitado: duas ou três mensagens assim, no máximo três, serão entregues ao povo ao mesmo tempo.
Percebendo que a questão pode estar relacionada à ordem feminina, o Irmão Branham aborda extensivamente o papel e a conduta das mulheres na igreja como parte integrante da ordem bíblica.
A Cobertura da Mulher: Ele ensina que a cobertura da mulher não é um objeto artificial. O irmão Branham nos diz e, no parágrafo 127, "Eu sei que essas senhoras de hoje... Eles usam chapéus. Você diz que essa é sua cobertura. Isso está errado." Ele afirma enfaticamente no mesmo parágrafo 127: "A Bíblia diz que a cobertura da mulher é seu cabelo." Portanto, a mulher deve ter cabelo comprido. Essa é a capa dele.
Cabelo Curto: Cortar o cabelo é uma violação desta ordem, sigo a mesma citação do parágrafo 127: "E se ela cortar o cabelo, rezar por ela é uma desonra. Não é? Isto é Escritura." Ele também define o que as Escrituras consideram curto, argumentando que cabelo na altura dos ombros não se qualifica como longo, cito no parágrafo 128: "Vocês dirão: 'Meu cabelo é longo. Veja, isso chega aos meus ombros.' Esse é cabelo curto... Então, senhoras com cabelo até os ombros, ainda é cabelo curto."
O Propósito da Ordem (Não da Salvação): O Irmão Branham esclarece a importância desse ensinamento. Não se trata de salvação, mas de ordem divina e submissão à Palavra. Ele nos diz no parágrafo 130: "Agora, não estou dizendo que isso vai te levar ao inferno ou ao céu. Isso não tem nada a ver com isso. Mas a ordem da Igreja é que a mulher deve ter o cabelo comprido."
O Papel das Mulheres: Além da aparência, seu papel na assembleia é definido. Ela não deveria ter nada a ver com assuntos da igreja. O lugar dele é ser obediente e reverente. A razão teológica para essa submissão na igreja, segundo a Bíblia, é porque ela foi quem provocou a primeira queda. Cito a parte final do parágrafo 130: "Mas a ordem da Igreja é que a mulher deve ter
seu cabelo longo. Isso está correto; Certo. E quando entrei na igreja... E não ter nada a ver com os assuntos, as questões sociais — eu quis dizer as questões dentro da igreja. Ela precisa ser obediente e reverente, e tudo mais, porque foi ela quem trouxe a primeira queda, diz a Bíblia. Está correto; Certo."
PERGUNTA 19: A VISÃO DIVINA DURANTE A CEIA DO SENHOR
A pergunta número 19 veio de uma mulher que testemunhou que teve uma visão de Deus quando estava prestes a tomar a Ceia em sua igreja. Ela perguntou por que havia passado por isso. O irmão Branham, sem saber o estado espiritual da mulher, ofereceu duas possíveis interpretações, ambas centradas na profunda seriedade do sacramento da Comunhão.
A primeira interpretação assume que a mulher estava em condição espiritual correta. Neste caso, a visão não passava de uma Confirmação Divina do ato que ele estava realizando. Ele explica no parágrafo 131: "Que quando você vê Jesus Cristo aparecer para você em uma visão... Ele estava te ensinando que você estava interpretando isso como um símbolo." A visão serviu para realçar a realidade espiritual da Ceia, mostrando a ela que, embora o pão e o vinho fossem simbólicos, ela estava, na verdade, tomando-O e colocando-O em seu corpo como símbolo. Se esse fosse o caso, a visão era um incentivo para manter uma vida santa, diz o Irmão Branham no final do parágrafo 131: "Então viva limpo e viva puro."
A segunda interpretação é um aviso solene, caso a mulher não estivesse na condição espiritual adequada. O irmão Branham apresenta a visão como um possível aviso divino para sua correção. Ele diz a ele, e cito o parágrafo 135, "Mas se você não estiver, isso é como um aviso para você se reconciliar com Deus antes de fazer isso de novo." A aparição de Deus naquele momento exato serviria como um chamado urgente à autoexame e arrependimento antes de se envolver em um ato tão sagrado.
Independentemente da interpretação pessoal da mulher, o Irmão Branham usou a pergunta para emitir um severo alerta a toda a congregação sobre o perigo de aceitar a Comunhão sem merepéria. Ele enfatiza, e cito o parágrafo 132: "Se você tomar a Ceia... sendo indigno, você é culpado do Sangue e do Corpo de Jesus Cristo." Isso não é uma ofensa menor; é participar do sacramento de uma forma que desonra o sacrifício que ele representa. Por isso, ele admoesta: "Que o homem que tomar a Ceia viva bem diante de Deus. Não leve isso a menos..."
Para ilustrar a gravidade desse aviso, o Irmão Branham denuncia a forma dissoluta com que observou a Comunhão sendo praticada em outras igrejas. Ele cita a profecia de Isaías no parágrafo 133: "A Bíblia prediz que, nos últimos dias, todas as mesas de Deus se encheriam de vômito." Ele relata ter visto diáconos servindo a Ceia, dos quais o pregador disse que sete eram bêbados, e ver membros da igreja, e até o pastor, saírem para fumar alguns cigarros, e depois voltarem para tomar a Ceia do Senhor. Para tais atos, ele afirma, e cito o parágrafo 133: "Deus disse que os faria culpados por isso. ' E muitos estão doentes e fracos entre vocês, e muitos estão mortos.'"
PERGUNTA 20: O PERIGO DO "DISCURSO PROFANO E VÃO"
A pergunta número 20 é uma explicação de 2 Timóteo 2:16, que diz, e cito, "Mas evitem falar profano e vão; pois eles irão longe na maldade." O irmão Branham identifica imediatamente que o ensinamento central deste versículo é evitar "conversas profanas", ou seja, conversas vazias, ociosas, poluídas que não edificam.
O irmão Branham estabelece um padrão rigoroso para a conversa cristã, baseado diretamente nas palavras do Senhor Jesus, cito o parágrafo 137: "Que seu 'sim' seja 'sim' e seu 'não' seja 'não', pois tudo o que sai disso é pecado." Perceba que esse padrão é tão sério que Deus vai te responsabilizar por cada palavra vaidosa que você falar. Portanto, o crente deve ser uma pessoa franca, firme, amorosa e gentil, nunca falando bobagens, mas sempre seguindo em frente.
Exemplos Específicos de "Discurso Profano"
O irmão Branham identifica várias formas comuns pelas quais esse burburinho profano se manifesta, alertando contra cada uma delas:
Piadas e Piadas: Ele é categórico ao afirmar que até piadas aparentemente inofensivas estão fora de ordem, cito do parágrafo 137: "Vocês nem sequer devem brincar e brincar um com o outro.
Ele usa sua própria vida como exemplo, confessando sua natureza irlandesa que o inclina a brincar e piar. Ele conta como, depois de pregar uma peça nos filhos, sua esposa o repreende dizendo: "Bill... Você deve se trancar em algum quarto... e diga: 'Senhor, perdoa-me.'" Ele define esse ato como escorregade, algo pelo qual o cristão deve se arrepender diariamente para morrer diariamente e viver em Jesus Cristo.
Piadas Sujas e Pensamentos Ruins: Embora condene piadas simples, traça uma linha clara para maior corrupção, cito o parágrafo 141: "Não acredito que cristãos contem piadas sujas. Não, senhor! Não, senhor!" A razão é que os cristãos têm pensamentos puros.
Fofocas e Fofocas: Essa é uma das formas mais perigosas de conversa profana. O irmão Branham alerta contra fofocas, seja ouvindo-as ou falando-as, cito do parágrafo 143: "Você deixa alguém vir... 'Sabe de uma coisa, Sra. Fulana? Eu vi o marido dela...'" A resposta cristã deve ser imediata: "Você diz: 'Eu não quero ouvir isso!' Saia." Note que isso também é verdade para os irmãos da igreja, cito o parágrafo 144: "Sabe de uma coisa, irmã? Deixe-me contar o que aconteceu com o irmão," ou até mesmo resmungando contra a liderança, "Se ao menos pudéssemos nos livrar desse pregador... ou se livrar desse diácono..." O conselho divino é: "Oh, oh! Evite essa coisa."
O Processo Corrompedor
O irmão Branham explica por que as Escrituras alertam tão severamente contra essas coisas: porque muito à frente elas irão para a impiedade. Conversas profanas são um caminho escorregadio que leva o crente de volta ao seu antigo sistema, à sua vida passada.
Ele descreve essa descida gradual, cito o parágrafo 142: "Hoje uma pessoa conta uma pequena piada... No dia seguinte, ele conta duas piadas... E quando você menos pensa nisso, está fazendo outra coisa. E quando ele menos pensa nisso, isso o leva de volta àquele sistema antigo."
A solução que ele apresenta é a vigilância ativa e a separação total. Ele cita a sabedoria dos três macacos: "Não vejas o mal... Não ouça o ruim... Não fale mal." O mandamento é claro: apenas mantenha sua mente pura e voltada para Cristo e afaste-se daquela coisa. Evite isso!
PERGUNTA 21: O PERÍODO ENTRE O BATISMO E O MINISTÉRIO DE JESUS
A pergunta número 21 fala sobre as atividades do Senhor Jesus no intervalo entre Seu Batismo e o início de Seu ministério público de três anos e meio. O irmão Branham dá uma resposta cronológica direta, baseada no registro dos Evangelhos, especificamente Mateus, capítulo 4.
Ele explica que logo após Jesus ser batizado, Ele saiu das águas. Em vez de iniciar seu ministério público imediatamente, Ele foi designado para um teste decisivo. As Escrituras dizem que o Espírito o conduziu ao deserto por quarenta dias e quarenta noites.
O propósito desse isolamento não era a preparação acadêmica, mas o confronto espiritual direto: ser tentado pelo diabo. Durante todo esse período, Jesus não conseguia comer, o que se entende como um jejum forçado. Foi somente após o fim do jejum forçado que o diabo lançou suas principais tentações. Jesus resistiu ao diabo pela Palavra de Deus, demonstrando Sua Autoridade sobre o tentador.
Foi somente depois de superar essa provação no deserto que Jesus entrou em Seu ministério. O Irmão Branham então confirma a duração desse ministério, observando que pregou por três anos e meio. Essa duração não foi coincidência; Foi um cumprimento direto da profecia divina. Ele aponta nos parágrafos 151-152, e cito: "Olhe. Na época de Daniel, Deus falou e disse que pregaria três anos e meio e depois seria cortado para sacrifício nesse período." Portanto, o ministério de Jesus, desde Sua provação no deserto até Seu sacrifício, seguiu um itinerário divinamente ordenado, continua o profeta: "Exatamente. Ele foi ordenado antes da fundação do mundo."
PERGUNTA 22: A ORIGEM DAS RAÇAS E A VERDADEIRA MALDIÇÃO
A pergunta número 22 aborda duas questões profundas e frequentemente mal compreendidas: a origem das diferentes raças humanas e a natureza da "maldição" bíblica, especificamente se ela estava ligada a uma raça ou a outra.
A Origem: Um Povo, Múltiplos Ambientes
O irmão Branham começa abordando a origem da humanidade, admitindo a limitação do conhecimento humano sobre o estado físico original de Adão e Eva. Ele afirma no parágrafo 153: "Não posso dizer se Adão e Eva eram brancos ou marrons, ou amarelos, ou pretos. Não posso te contar. Acho que ninguém sabe, só Deus, Ele estava lá."
O que as Escrituras afirmam é a unidade original da humanidade, vamos continuar lendo no parágrafo 153: "Agora, todos nós tínhamos uma língua e éramos um só povo até que a torre de Babel foi erguida, uma confusão." Foi nesse evento, descrito em Gênesis 11, que Deus confundiu as línguas, resultando na dispersão da humanidade. O profeta continua nos dizendo no parágrafo 153: "E a partir daí sua linguagem era diferente... A partir daí, eles se separaram e se espalharam para diferentes partes do mundo."
O Irmão Branham explica a diversidade racial não como um ato de maldição, mas como um resultado natural dessa dispersão geográfica, semelhante a como o ambiente afeta a vida animal. Ele nos diz, e cito o parágrafo 154, "Você pega um animal... Deixe-o comer apenas de um certo pedaço de terra, e ele ficará com essa cor." Ele aplica essa lógica aos povos: "O etíope é um homem de pele escura... Ele foi viver nesses países quentes e desérticos", enquanto o "povo anglo-saxão" (os brancos) vinha de climas do norte.
2. A Maldição: Refutando o Mito de Ham
O irmão Branham identifica corretamente que a pergunta sobre a "maldição" se refere à história de Noé e seus filhos, Sem, Jafé e Cam, registrada em Gênesis 9:20-27. Ele antecipa o argumento, cito o parágrafo 157: "Eu sei onde você quer chegar. Você tenta chegar até Ham."
Ele relata a história bíblica: Cam viu a nudez de seu pai Noé, riu e zombou dele, enquanto Sem e Jafé caminharam em sua direção de costas e cobriram o pai com seus mantos. Como resultado, o Irmão Branham nos diz no parágrafo 158: "E Deus amaldiçoou Ham... E Deus disse a Cam que sua geração serviria à das outras duas."
No entanto, o Irmão Branham rejeita enfaticamente o ensinamento de que essa maldição da servidão era uma maldição que mudava a cor da pele de Cam. Ele desarma esse argumento com grande sabedoria. Vamos ler do parágrafo 159: "Agora, se você acha que a maldição era que eles eram negros, então os judeus também são amaldiçoados porque também têm pele escura."
Ele expande esse ponto, apontando que tal teoria é inconsistente, já que outras nações são ainda mais sombrias que o povo africano. Vamos continuar lendo do parágrafo 159: "Se você acha que isso seria o... nas pessoas que chamamos de pessoas de cor ou negros neste país, você deveria ir para a Índia. Os índios têm a pele mais escura que o negro." Ele considera esse ensinamento racial um absurdo.
3. A Verdadeira Maldição e a Verdadeira Bênção
O irmão Branham conclui levando a questão do âmbito físico para o espiritual. A verdadeira maldição que pesa sobre a humanidade não é a pigmentação, mas o pecado original. Cito do parágrafo 164: "Então, tudo se resume a isso: todos viemos de uma árvore. Certo. E todos nós recebemos uma maldição pela queda de Eva."
Como a maldição é universal (pecado), a bênção (salvação) também é universal. Vamos continuar lendo do parágrafo 164: "E todos nós somos salvos pela ressurreição de Jesus Cristo." Portanto, a única divisão que Deus reconhece não é racial, mas espiritual. Marcos 16:16: "Aquele que cre e é batizado será salvo; mas aquele que não cre será condenado."
Ele resume toda a resposta com uma afirmação definitiva, esclarecendo que nem o homem branco, nem o negro, nem o amarelo estão sob uma maldição racial. A única maldição que importa é o estado da alma. O irmão Branham nos diz no parágrafo 165: "A única maldição que conheço é não acreditar em Jesus Cristo."
PERGUNTA 23: LOCALIZAÇÃO E DESTINO DAS DEZ TRIBOS
A pergunta número 23 perguntava sobre o paradeiro das dez tribos perdidas de Israel, que foram dispersas após o cativeiro assírio, e se era possível localizá-las.
A essa pergunta, o Irmão Branham responde com absoluta certeza: "Sim, senhor! Eles podem ser localizados." Ele esclarece que sua localização não depende da genealogia secular ou da história moderna, mas geograficamente podem ser localizadas na Bíblia. A chave para encontrar as tribos não está em um mapa do mundo presente, mas no mapa profético estabelecido nas Escrituras.
O Mapa Profético da Bíblia
O Irmão Branham explica que a Palavra de Deus não apenas registrou sua dispersão (historicamente registrada em 2 Reis 17), mas também previu suas características e destinos últimos. E Deus nos diz onde eles estarão nos últimos dias e qual será o fim deles.
O irmão Branham alude às profecias específicas dadas a cada tribo, tanto em Gênesis 49 (mencionado na própria pergunta) quanto em Deuteronômio 33. Ele menciona um exemplo específico dessas profecias que cito do parágrafo 166: "Disseram que alguém havia mergulhado os pés em óleo." Esta é uma referência direta à bênção de Asher em Deuteronômio 33:24: "E a Asher ele disse: 'Bendito é Asher nos filhos: ele agradará aos seus irmãos e mergulhará o pé em óleo.'" O irmão Branham ensina que essas antigas profecias atuam como marcos geográficos e industriais que identificam tribos em seu estado disperso, mesmo que elas próprias tenham perdido sua identidade.
O Cumprimento Final: O Retorno à Palestina
Embora as tribos sejam estabelecidas em diferentes lugares com base em suas bênçãos proféticas, o Irmão Branham enfatiza que o cumprimento primário e último dia para todas as tribos de Israel não é sua localização na dispersão, mas seu retorno divinamente ordenado à sua terra natal.
Ele conecta essa profecia diretamente aos eventos mundiais que estavam ocorrendo (o sermão foi em 1954, alguns anos após a fundação do Estado de Israel em 1948). Ele afirma, e cito o parágrafo 166: "Todos os judeus estão retornando à Palestina, onde Deus prometeu que estariam nos últimos dias."
Esse retorno é um dos mais significativos cumprimentos proféticos da Bíblia, previsto por inúmeros profetas.
Jeremias 31:10 declara: "Ouçam a palavra do Senhor, ó nações, e tornái-a conhecida nas ilhas distantes, e diz: Aquele que dispersou Israel os reunirá e os guardará como pastor de seu gado."
Ezequiel 37:21-22 promete: "E assim lhes darás: Assim diz o Senhor SENHOR: Eis que eu tomarei os filhos de Israel entre as nações de onde vieram, e os reunirei de todos os lados, e os levarei para sua própria terra; e os farei uma nação na terra, nas montanhas de Israel; e um rei será rei para todos eles: e não serão mais duas nações, nem serão divididas em dois reinos novamente:..."
Amós 9:14-15 confirma essa permanência: "E eu devolverei o cativeiro do meu povo Israel, e eles edificarão as cidades desoladas e habitarão nelas; e plantarão vinhedos e beberão vinho deles; e eles farão jardins e comerão o fruto deles. Pois eu os plantarei em suas terras, e não serão mais arrancados da terra que lhes dei, diz o Senhor teu Deus."
Portanto, segundo a Palavra de Deus, a resposta para "Onde estão as dez tribos?" é respondida olhando para a Palestina (Israel), porque esse é o local que Deus prometeu para essas tribos nos últimos dias.
PERGUNTA 24: COMO UM DEUS DO AMOR PODE ENVIAR A GUERRA COMO JULGAMENTO?
A pergunta número 24 foi a última e talvez a mais intensa do serviço. A pessoa que o escreveu expressou profunda angústia teológica, cito o parágrafo 166: "Não posso acreditar que Deus envie guerras como julgamento... Eu não acho... que Deus colocou a espada nas mãos daqueles açougueiros da antiga Babilônia a Hitler, para executar mulheres inocentes e crianças inocentes..." O argumento do interlocutor baseava-se na premissa de que "meu Deus de amor não faria... Guerras são obra de Satanás."
O irmão Branham, reconhecendo a seriedade da questão, afirma que deve estar com a Palavra de Deus acima dos sentimentos humanos. Sua resposta inicial é direta, cito do parágrafo 171: "Bem, amigo, só há uma coisa errada com sua crença, e é que ela não é bíblica." Ele afirma inequivocamente, continuo citando o parágrafo 171: "Deus envia guerras como julgamento. Certo."
1. Reconciliando a Obra de Satanás com a Soberania de Deus
O irmão Branham primeiro valida parte do argumento do interlocutor. Ele concorda, cito o parágrafo 173: "Concordo com você que guerras são de Satanás. Essa é exatamente a verdade." Ele confirma que Satanás é o príncipe deste mundo, a quem pertencem todos os reinos, fato que o próprio Satanás afirmou em Mateus 4:8-9 e que o Senhor Jesus reconheceu (referindo-se a ele como "o príncipe deste mundo" em João 14:30).
No entanto, é aí que ele introduz a doutrina da soberania permissiva de Deus. Embora Satanás seja o autor da guerra, ele é apenas um instrumento na Mão de um Deus soberano. Vamos ler o parágrafo 173: "Mas Deus permite que Satanás faça isso para correção e para julgamento." Deus usa a maldade do diabo para cumprir Seu Propósito Justo e Soberano.
2. A Evidência Bíblica do Julgamento Divino
Para provar que Deus ordena a destruição, até mesmo de inocentes, como parte de Seu Julgamento, o Irmão Branham apresenta vários exemplos bíblicos irrefutáveis:
O Sacrifício de Cristo (A Cruz): O exemplo supremo. Vamos ler do parágrafo 174: "Por que o próprio Deus puniu Seu próprio Filho e o matou na cruz?" Não foi apenas um ato de homens; foi um ato de Julgamento Divino. Continuamos no parágrafo 174: "As Escrituras dizem: 'Isto agradou a Deus, afligindo-o, espancando-o e ferindo-o.'" Esta é uma referência direta a Isaías 53:10: "Mas Jeová quis quebrá-lo, submetendo-o ao sofrimento. Quando ele entregou sua vida em expiação pelo pecado..."
Saul e os amalecitas (1 Samuel 15): Agora leia o parágrafo 175: "Quando Deus lhe disse para ir conquistar... e destruir tudo o que estava lá, homens, mulheres, crianças e tudo... até mesmo gado." Quando Saul desobedeceu e perdoou parte, Deus tirou o Espírito dele e se separou dele.
Jericó (Josué 6): Vamos ler do parágrafo 177: "E quanto a Jericó, quando Deus enviou Josué através do rio Jordão e literalmente destruiu criaturinhas, crianças pequenas e tudo mais, e não deixou nada vivo?" O irmão Branham enfatiza que essa não foi uma decisão humana: "Deus ordenou."
O Dilúvio (Gênesis 6-8): Vamos ler o parágrafo 181: "No mundo antediluviano, quando milhões e milhões e bilhões de pessoas habitavam a terra... Deus Todo-Poderoso, que controla os céus, enviou uma chuva que matou milhões de velhos, jovens e criaturas."
Ezequiel 9 (O Julgamento Começa no Santuário): Este é o argumento culminante deles. Ele lê diretamente de Ezequiel 9, onde o próprio Deus ordena o assassinato direcionado. Primeiro, Deus ordena que uma marca seja colocada nas testas dos homens que gemem e... Eles clamam por... abominações. Então Deus dá este mandamento aos anjos destruidores, vamos ler do parágrafo 180: "Vai pela cidade atrás dele e castiga; Não poupe seu olhar, nem que seja misericordioso." A ordem especificava explicitamente as vítimas: "Matar velhos, jovens... Virgens,... crianças pequenas, mulheres..." E o ponto de partida do julgamento foi, e cito o parágrafo 180: "... e começarei do meu santuário", demonstrando que o julgamento de Deus (como também afirma 1 Pedro 4:17) começa com Seu próprio povo.
3. Conclusão: O Deus do Amor também é um Deus da Ira
O Irmão Branham conclui que o problema central da questão é uma compreensão moderna e incompleta da natureza de Deus. As pessoas criaram um Deus de amor que tolera o pecado, mas esse não é o Deus da Bíblia.
Vamos ler o parágrafo 178: "Deus é amor, amor perfeito; Mas você não sabe o que é amor." O profeta explica que o verdadeiro Amor Divino está ligado à Sua Justiça e à Sua Palavra. Ouça o parágrafo 178: "Ele é soberano em Sua Palavra. E ele precisa cumprir sua palavra."
Ele ataca a ideia de que um Pai amoroso não puniria, argumento que ele ouvira. A resposta deles é que Deus não destrói Seus filhos. Ele os salva. A destruição é reservada para os filhos do diabo.
O ponto principal é que Deus é multifacetado. Ele é o Deus do amor, mas também é um Deus da ira. Ignorar Sua Ira e Seu Julgamento para focar apenas em Seu Amor é o erro fundamental que tem sido ensinado nas igrejas hoje. O Irmão Branham nos diz no parágrafo final 186 e 187: "Isso tem sido o que ofendeu a igreja hoje. Eles dizem: 'Um Pai amoroso, claro que Ele não se importará que eu faça isso.' Se você quer fazer isso, é melhor ir e fazer, porque o Amor de Deus não está em você para começar."
CONCLUSÃO
Esse profundo serviço de perguntas e respostas nos confronta primeiro com a realidade inescapável da Soberania de Deus, que opera tanto no Amor Perfeito quanto no Julgamento Severo. O irmão Branham desmonta a noção moderna de um Deus permissivo que não pune, demonstrando pelas Escrituras que Deus usa até mesmo guerras e Satanás como instrumentos de correção para as nações. Ela nos lembra que vivemos sob o "espírito dos últimos dias", caracterizado por uma apostasia moral comparável à de Sodoma e Gomorra, onde a sociedade mergulhou na imoralidade e confusão. Essa condição mundial não é acidental, mas o cumprimento profético que sinaliza que o tempo da Graça está acabando e que as portas da misericórdia estão se fechando, assim como acontecia na época de Noé, deixando Jesus Cristo como a única rota de fuga da Ira que se aproxima.
Diante desse panorama de julgamento iminente, a Igreja é obrigada a retornar estritamente à ordem bíblica e à santidade pessoal, rejeitando qualquer comportamento que contamine o corpo de Cristo. O culto deve ser conduzido "de forma decente e em ordem", respeitando a Estrutura Divina que inclui o papel das mulheres e seus cabelos longos como sinal de submissão e cobertura, além de um julgamento cuidadoso dos dons espirituais para garantir que realmente edificem a congregação. Essa reverência se estende à vida cotidiana do crente, que deve fugir de toda "conversa profana", piadas sujas e murmúrios que corrompem a alma, e se aproximar da Mesa do Senhor com medo santo, sabendo que participar indignamente traz culpa e julgamento físico sobre si mesmo.
No âmbito profético e doutrinário, a mensagem esclarece confusões históricas e raciais, estabelecendo que Deus não olha para a aparência externa, mas para a fé do coração. O Irmão Branham refuta categoricamente a ideia de que uma raça específica, como os negros, está sob maldição divina, esclarecendo que a única maldição real é a incredulidade e a rejeição de Jesus Cristo. Simultaneamente, nos orienta sobre o Relógio de Deus ao apontar para o retorno dos judeus à Palestina como o cumprimento geográfico que marca o fim da era. Faz-se uma distinção vital entre o "Escolhido", que será raptado, e o remanescente de crentes que, embora salvos, devem passar pela grande tribulação porque não têm o "Óleo" do Espírito Santo em suas lâmpadas quando o Noivo chega.
Por fim, o ensinamento conclui com uma poderosa analogia sobre a natureza da vida espiritual: cada pessoa produzirá frutos de acordo com a semente que carrega em si, seja "trigo" ou "tara". O que somos aqui na Terra é simplesmente um reflexo e um testemunho de para onde iremos quando morrermos; Se nascemos de novo, já possuímos um corpo celestial esperando em glória, livre de julgamento. Portanto, a urgência não está em se contentar em ser membro de uma igreja ou fazer confissões formais, mas em buscar desesperadamente o batismo do Espírito Santo até que a certeza de uma vida transformada seja alcançada, pois apenas aqueles com a Vida de Deus poderão resistir ao veneno do mundo e ressuscitar no último dia.
Hino: "DESESPERANDO PELO BATISMO COMPLETO"
Escrito por: Irmão Francisco Velázquez Cruz
(Verso 1)
Sob o trovão sagrado da Tua voz eterna,
as nações tremem diante da Tua verdade;
amor perfeito e julgamento que governa,
Deus Soberano, fiel na santidade.
Como nos dias de Noé, ela ressoa
o aviso claro do fim rápido;
somente em Cristo há um verdadeiro caminho,
Arca da fuga diante da Sua voz feroz.
(Refrão)
Desespero pelo Batismo Completo!
Óleo sagrado queimando no altar.
Sem religião, sem nome passageiro,
mas Sua Vida em mim, ó verdadeiro Deus.
Desespero pelo Batismo Completo!
Que sele a alma com fogo e verdade;
apenas os vivos pelo Teu Espírito eterno
Eles serão levantados no som final.
(Verso 2)
Retorne, Igreja, à ordem da Palavra,
à pureza, ao temor do Senhor;
Que todo o louvor esteja em ordem,
corpo rendido sob Seu controle.
O santo foge do burburinho vão,
de piadas sujas e murmúrios;
com reverência aproxima-se do Pão,
sabendo o peso da profanação.
(Refrão)
Desespero pelo Batismo Completo!
Óleo sagrado queimando no altar.
Sem religião, sem nome passageiro,
mas Sua Vida em mim, ó verdadeiro Deus.
Desespero pelo Batismo Completo!
Que sele a alma com fogo e verdade;
apenas os vivos pelo Teu Espírito eterno
Eles serão levantados no som final.
(Verso 3)
Deus não olha para cor ou semente,
nem nenhuma raça traz uma maldição;
Só a descrença traz julgamento,
rejeitar Cristo é condenação.
Israel acorda, marcas no relógio,
A era está em declínio, o fim chegou;
alguns serão levados ao Noivo,
Outros passarão pela tribulação.
(Ponte)
Trigo e alça juntos crescerão,
mas o fruto falará no final;
O que somos hoje, quando partirmos, será,
Eco eterno da nossa verdade.
Um nome e uma filiação não são suficientes,
nem confissão sem transformação;
apenas a Vida do Deus vivo
derrotar o veneno desta geração.
(Coro II)
Desespero pelo Batismo Completo!
Minha alma clama dia e noite.
Quero a Vida que quebra o véu,
certeza eterna, poder celestial.
Desespero pelo Batismo Completo!
Até que Cristo viva em mim;
para apenas aqueles selados por Seu Espírito
eles verão a Glória e não o julgamento chegando.
(Final)
Ó Espírito Santo, desça hoje,
selar Tua Noiva em fidelidade;
façam-nos portadores da Vida eterna,
Pronta para o último dia.
NOTA SOBRE LOS DERECHOS DE AUTOR
Este sitio web posee contenido con derechos reservados. Puede ser compartido de forma gratuita para propagar el Evangelio de Jesucristo. Se permite su reproducción en masa, publicarlo en sitios web, redes sociales, traducir a otros idiomas dando el crédito al escritor de este contenido. Se prohíbe la venta o recaudación de fondos de cualquier contenido en este sitio web. Para más información puede escribirnos a:
LA PALABRA HABLADA DE DIOS
PO Box 2017 PMB 345
Las Piedras, PR 00771