Repaso:
"La Invasión de los Estados Unidos"
Por: Hno. Francisco Velázquez Cruz
Por: Hno. Francisco Velázquez Cruz
INTRODUCCIÓN
¿Qué imagen viene a su mente cuando escucha la palabra “invasión”? ¿Ejércitos armados, cielos oscurecidos por aviones de combate, o potencias extranjeras amenazando con traspasar nuestras fronteras? En la década de los 50, el mundo entero temblaba ante el avance del comunismo y el temor de un ataque militar. Sin embargo, ¿qué pasaría si le dijera que la invasión más destructiva, sutil y mortífera de todos los tiempos no utilizó ni una sola bala, sino que cruzó silenciosamente las puertas de nuestras iglesias, se sentó en nuestras salas de estar y comenzó a cautivar los corazones de nuestras familias?
¡Bienvenidos amados hermanos y oyentes a un nuevo episodio de su podcast, “La Palabra Hablada de Dios”! Soy su anfitrión, el Hermano Francisco Velázquez Cruz. Hoy nos sumergiremos en un repaso intensivo y profundo de un mensaje profético y absolutamente contundente: “LA INVASIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS”. Este sermón fue predicado bajo una poderosa unción por el profeta de Dios, el Hermano William Marrion Branham, en la mañana del domingo 9 de mayo de 1954, desde el púlpito del Tabernáculo Branham en Jeffersonville, Indiana.
Aunque aquella mañana el mundo celebraba el Día de las Madres, un día que ya comenzaba a empañarse por el comercialismo, el Espíritu Santo guió al Hermano Branham a entregar un mensaje de advertencia urgente y desgarrador. Él nos desveló que el verdadero enemigo no era una nación extranjera como Rusia, sino una invasión silenciosa, demoníaca y moral, disfrazada de entretenimiento, religión tibia y “glamor”, que estaba destruyendo los cimientos mismos de la iglesia y la nación.
Acompáñenme a escudriñar este poderoso sermón a la luz de las Escrituras, para que el fuego de Dios despierte nuestras almas y nos prepare para la hora en la que estamos viviendo.
EL CONTEXTO BÍBLICO: LA ALIANZA PELIGROSA
Para comprender la profundidad de este mensaje, el Hermano Branham nos lleva a la Palabra de Dios, utilizando el Antiguo Testamento como un pronóstico o una sombra del Nuevo Testamento. Él enseñó que mirar los patrones del pasado y ver lo que hicieron los hijos de Israel nos da una idea clara de la conclusión general en el fin. Basando su texto en el capítulo 18 de Segunda de Crónicas, el profeta nos presenta una escena que enmarca una gran tragedia espiritual durante una época de extrema oscuridad para el pueblo de Dios.
La historia gira en torno a dos reinos y dos reyes: Josafat, rey de Judá, y Acab, rey de Israel. Acab era un hombre inestable, a quien el Hermano Branham describe como un “creyente fronterizo”, alguien que pasaba parte del tiempo en un lado de la cerca y parte del tiempo en el otro. El profeta ilustró esta grave inestabilidad recordando un caballo de su juventud que brincaba constantemente la cerca; este animal abandonaba la alfalfa alta y se metía en un sumidero lleno de alambre y vidrio, cortándose y sangrando sólo por conseguir unos cuantos bocados de pasto silvestre. Así es el camino de un transgresor que brinca la cerca de los pastos de Dios para buscar los bocados del mundo, hiriéndose a sí mismo en el proceso.
El fracaso total de Acab se selló con su matrimonio. Él se enamoró por la belleza física y se casó con Jezabel, una princesa que en su corazón era sumamente malvada e idólatra. Fue esta mujer quien, para complacer a su esposo, mandó matar al justo Nabot por medio de engaño y testigos falsos, simplemente para robarle su huerto cercano al palacio. Jezabel no solo derramó sangre inocente, sino que hizo que todo Israel pecara, derribando los altares de Jehová y estableciendo la adoración y los altares a Baal.
Es aquí donde el Hermano Branham establece una tipología magistral y profundamente profética para nuestros días:
Así como Acab se casó con Jezabel en esa gran edad oscura de Israel e introdujo la idolatría, la iglesia del Espíritu Santo se casó con "ismos" e introdujo la idolatría durante sus siglos de edad oscura.
Esta unión impía produjo una forma de Cristianismo comprometido que ha seguido avanzando y deteriorándose cada día, hasta llegar a la condición tibia y repulsiva de la Edad de la Iglesia de Laodicea.
Por otro lado, vemos a Josafat, quien era un rey justo e hijo de Asa. Su padre había sido un hombre temeroso de Dios que derribó los altares de los ídolos, edificó los altares de Jehová, y Judá estaba experimentando una especie de avivamiento. Sin embargo, Josafat cometió un error garrafal. Acab quería recuperar una parcela de tierra en Siria y le pidió a Josafat que hiciera una alianza con él. Josafat, sintiéndose halagado y deslumbrado por la invitación de este gran rey, descendió y se unió a él. Hizo esta alianza militar bajo el engaño de una unidad carnal, operando bajo motivos comunes al creer en la excusa de: “Ambos somos el mismo pueblo”. Mientras tanto, en su corazón, Acab era un engañador que se inclinaba hacia la religión pagana de su esposa.
El profeta corrige esta falsa noción de ecumenismo y unidad declarando enfáticamente que no eran el mismo pueblo. Uno era un grupo lleno del Espíritu Santo, y el otro era un grupo completamente tibio. Allí yace el inmenso peligro de unirse en yugo desigual y comprometer la verdad en el día en que vivimos. Al aliarse con Acab, Josafat no solo pecó, sino que, sin darse cuenta, estaba arrastrando a todo su remanente lleno del Espíritu a mezclarse con un grupo apóstata. El Hermano Branham advierte que el diablo usa esta misma línea de engaño para introducir el espíritu del anticristo hoy, gritando “Uniremos nuestros esfuerzos”. El profeta comparó esto con el grave error político que cometieron los Estados Unidos al comprometerse y hacer alianza con Rusia, dándoles aviones y secretos atómicos que ahora son una amenaza.
El profeta nos alerta sobre la línea divisoria absoluta de Dios:
“La oscuridad no puede tener compañerismo con la luz.”
La noche no puede coexistir ni existir en la presencia de la luz del sol.
El tiempo más engañoso y peligroso es el espacio “entre los tiempos”, justamente cuando el sol se está metiendo o saliendo, porque en ese crepúsculo no hay suficiente visión para ver claramente la realidad .
Por esta razón, Jesús exigió en Su Palabra: “Sé caliente o frío, no tibio”. La tibieza —esa zona gris que pretende mezclar a Dios con el mundo— es la línea más peligrosa que existe. Fue exactamente en esta condición de falso avivamiento y “glamor” mundano que el rey Josafat, reteniendo aún un poco de sensibilidad espiritual, sugirió consultar a Dios antes de la batalla. Esto lo llevó a confrontarse con el sistema de los falsos profetas y con el único vidente que portaba la verdadera Palabra.
"Y el rey le dijo: Micaías, ¿subiremos a pelear contra Ramot de Galaad, o nos estaremos quietos? El respondió: Subid, y seréis prosperados, pues serán entregados en vuestras manos." (2 Crónicas 18:14)
LOS FALSOS PROFETAS VS. EL VERDADERO PROFETA
Hermanos, avanzamos ahora al clímax de este encuentro, que nos revela una de las realidades espirituales más aterradoras de nuestros días. Cuando Josafat, a pesar de su error, sintió la necesidad de consultar al Señor, Acab no perdió el tiempo y mandó a llamar a sus profetas. Pero, ¡escuchen esto, iglesia! Acab no llamó a uno o dos; él reunió a cuatrocientos profetas.
El Hermano Branham describe a estos profetas como hombres carnales, salidos de seminarios, educados, que sabían de psicología y estaban muy bien vestidos y alimentados. Cuando se les consultó, todos ellos, a una sola voz y en un solo corazón, comenzaron a profetizar victoria diciendo: “Sube. El Señor está contigo, y el Señor te va a dar esa parcela... Acornearás a los Sirios”. Hubo uno que hasta se hizo un par de cuernos de hierro y empezó a correr por la plataforma actuando de manera extravagante.
Hoy en día vemos exactamente la misma escena. El Hermano Branham condenó severamente este “evangelismo de Hollywood”. Vemos a predicadores que suben a la plataforma envanecidos, contando chistes, actuando como payasos, y montando grandes espectáculos llenos de “glamor”, pero carentes de la presencia genuina de Dios. Nos han pintado un Evangelio fácil, hermoso y atractivo, pero fallan en predicar la agonía de la cruz y el arrepentimiento genuino.
Josafat, teniendo aún suficiente del Espíritu de Dios en él, no pudo soportar esas “payasadas tontas”. Él sabía, en lo profundo de su corazón, que algo andaba mal. ¿Por qué? Porque él sabía que Dios ya había maldecido a Acab a través del profeta Elías, y Dios no puede bendecir lo que Él mismo ha maldecido. Entonces Josafat hace la pregunta que todo verdadero creyente debe hacer hoy ante el espectáculo del mundo religioso: “¿Pero no hay tan siquiera uno más?”
Acab le respondió: “Sí, hay uno más, mas yo le aborrezco... Él siempre está profetizando mal contra mí”. Ese hombre era Micaías.
Hermanos míos, ¡el verdadero siervo de Dios nunca será popular entre los tibios y mundanos! Micaías era aborrecido porque condenaba la iglesia de su día, condenaba a los ministros transigentes y condenaba su forma de religión. Cuando el mensajero fue a buscar a Micaías, trató de sobornarlo y persuadirlo: le dijo que todos los grandes hombres y eruditos estaban de acuerdo, y que si él decía lo mismo, prosperaría, se vestiría mejor y sería un gran hombre.
Pero alabado sea el Señor por hombres con espina dorsal espiritual. La respuesta de Micaías resuena a través de los siglos: “Vive Jehová Dios, sólo diré lo que Dios diga”. Él estaba dispuesto a comer pan y agua de aflicción con tal de mantenerse del lado de la Verdad.
Cuando Micaías llegó ante los reyes, reveló una visión estremecedora. Primero, profetizó la derrota de Acab diciendo: “vi a Israel como ovejas, sin pastor, en un monte, esparcido”. Y luego, procedió a abrir el telón de la eternidad. Micaías dijo que vio a Dios sentado en Su Trono, teniendo un concilio celestial con Sus seres angelicales.
En esa visión, Dios preguntó quién descendería para engañar a Acab y hacer que se cumpliera la profecía de Elías. Y aquí está el misterio que el Hermano Branham destapa para esta generación:
“Y un espíritu de mentira subió de abajo... llegó ante Dios y dijo: ‘Yo descenderé, y yo entraré en esos predicadores y causaré que todos ellos profeticen una mentira'’.
Ese espíritu de mentira descendió del infierno, entró en aquellos predicadores educados y populares, e hizo que todos profetizaran una mentira para llevar a Acab a su destrucción. Uno de los falsos profetas se enojó tanto que golpeó al pequeño Micaías en la boca. Pero Micaías se mantuvo firme.
El profeta de Dios, el Hermano Branham, nos lanza una advertencia que debe sacudir nuestras almas hoy: “el mismo Dios reina en el mismo Trono hoy. Y ése mismo espíritu de mentira ha hecho la misma cosa hoy, profetizando mentiras”. El diablo ha invadido los seminarios y las iglesias; toma a los predicadores y les exige estudiar teología y psicología para obtener títulos, y si no son listos según el mundo, los echan fuera. Como resultado, estos hombres se paran en los púlpitos y les enseñan a las congregaciones toda clase de cositas sociales, ritmos y modas, en lugar de predicar la dura cruz de Cristo, el pecado y el arrepentimiento.
El diablo es muy astuto y muy religioso. Como dijo el Hermano Branham: “Fue un espíritu religioso el que crucificó a Jesús... Es la gente religiosa del día la que está contra el Mensaje de Dios”. No estamos lidiando simplemente con el comunismo, estamos lidiando con espíritus de demonios posesionándose de iglesias que tienen apariencia de piedad, mas niegan la eficacia del Espíritu Santo.
LA VERDADERA INVASIÓN: HOLLYWOOD Y LA CORRUPCIÓN MORAL
Llegamos ahora, amados hermanos y hermanas, al corazón mismo de este mensaje profético: el cumplimiento exacto del título del sermón. Para el año 1954, el mundo entero, y especialmente los Estados Unidos, vivía bajo el pánico constante de la Guerra Fría. La gente miraba a los cielos temiendo bombas atómicas y miraba hacia el este temiendo al comunismo. El Hermano Branham relató que esa misma mañana había escuchado a un ministro en la radio afirmando que la marca de la bestia y el anticristo era Rusia. Pero el profeta de Dios se levantó con autoridad y declaró: “¡Qué error! ¡Ajá! Rusia no tiene nada que ver con ello. No, señor. Eso es Escrituralmente”.
Escuchen bien, iglesia: la advertencia del profeta fue clara al decir que no debemos tenerle miedo a Rusia. La verdadera invasión de los Estados Unidos no venía con tanques ni soldados extranjeros; la estábamos causando nosotros mismos, con nuestra propia corrupción brotando desde adentro. ¡Era una invasión espiritual y demoníaca!
El Hermano Branham, guiado por el Espíritu Santo, rastreó el origen de esta plaga moral. Nos enseñó que, después de la Primera Guerra Mundial, fue en Francia donde comenzó primero la bajeza y la inmundicia moral. Él declaró tajantemente que si alguna vez hubo un “hoyo de ratas en el mundo, es París, Francia”, y que el diablo estableció allí su cuartel general para comenzar a desmoralizar al mundo . Cuando Estados Unidos fue a salvarles el pellejo a los franceses en la Segunda Guerra Mundial, en lugar de volverse a Dios, esa nación se hundió aún más en “¡Mujeres, vino, libertinaje, pecado y suciedad hasta el tope!”.
Pero el enemigo no se quedó en Europa. Al no poder entrar a Estados Unidos directamente a través del verdadero ministerio, el diablo movilizó su gran ejército demoníaco hace unos quince o veinte años antes de este sermón, y cruzó el océano para establecer su nuevo cuartel general en un lugar específico: Hollywood, California. ¡Aleluya, el profeta desenmascaró su estrategia! Desde ese momento, él ha invadido a los Estados Unidos con sus poderes demoníacos.
¿Y cómo entraron estos demonios a nuestros hogares? No entraron derribando las puertas; entraron sutilmente a través de las pantallas. El Hermano Branham denunció que todas las modas inmundas vienen de París, entran a Hollywood, y luego son proyectadas en las pantallas de cine para que nuestros niños y jóvenes las absorban. El diablo dijo en su plan maestro: “Yo puedo tener aquí las películas hasta que la televisión salga, entonces yo los atraparé”. Las familias, en lugar de proteger a sus hijos y cerrar los cines, les daban diez centavos un domingo por la tarde para enviarlos allá y deshacerse de ellos, para luego encender la televisión en sus casas y dejar entrar “todas las sucias y corruptas tonterías que hay en el mundo”.
Hermanos, el objetivo principal de esta invasión infernal era uno solo: la mujer. El Hermano Branham soltó una verdad inquebrantable: “Cada vez que Uds. destrozan la moral de las mujeres, Uds. destrozan el espinazo de la nación”. El diablo tomó a las mujeres y las sacó de sus hogares; las sacó de estar detrás de la estufa cocinando y cuidando a sus familias, para ponerlas en oficinas, manejando taxis y caminando de arriba abajo por las calles. Las desnudó literalmente frente a los ojos del mundo. Las mujeres comenzaron a salir a las calles vistiendo ropas indecentes y pantalones cortos, y el profeta advirtió que si no se hacía algo, pronto estarían completamente desnudas. Mujeres adultas de cincuenta años vistiéndose con ropas tan ajustadas como si “ella fue vaciada en un costal de harina”. ¡Es una desgracia y es del diablo!
El profeta comparó a la mujer con una hermosa rosa que, sin el Espíritu Santo para proteger su moral (así como la rosa tiene espinas para protegerse de que los animales la devoren), se convierte en una desgracia para la sociedad, cayendo a un nivel tan bajo y corrompido que ni “los perros no la mirarían a ella” . Y lo más triste, hermanos, es la complicidad de los hombres. El Hermano Branham reprendió duramente a los esposos diciendo que los hombres que permiten a sus esposas vestir y actuar de esa manera demuestran de qué están hechos realmente.
¿Cuál fue el resultado de esta caída moral? La destrucción total de nuestras futuras generaciones. Las escuelas fueron invadidas. El Hermano Branham, con el corazón roto, describió cómo niñas de catorce y quince años eran enviadas a la escuela por sus madres, solo para terminar “destrozadas moralmente, mentalmente, toxicómanas, drogadictas, fumadoras de cigarrillos”. Niñitas teniendo “citas de cobijas” con los muchachos y prostituyéndose en las calles, ¡mientras al mismo tiempo cantaban en los coros de las iglesias! ¿Por qué? Porque el “pequeño Evangelio social” de sus iglesias tibias nunca les predicó el arrepentimiento ni las llevó a un altar para clamar a Dios.
Vivimos en la nación con más casos de divorcio en el mundo entero. Hemos llegado al punto donde los supuestos “paganos” en África podrían venir a enseñarnos moralidad a nosotros, que nos llamamos una nación Cristiana. Todo esto llevó al profeta de Dios a hacer una declaración espeluznante que debemos tomar muy en serio. Él dijo bajo la unción del Espíritu: “Nuestra nación está en quiebra. Uds. recuerden eso, que el Hermano Branham dijo eso, ASI DICE EL SEÑOR. Nuestra nación está destruida. Nunca se levantará”. El mundo político está perdido y la nación está invadida por la misma simiente del diablo plantada en los corazones.
Amados, la invasión no está por venir; la invasión ya ocurrió. Está en nuestras salas, en nuestras escuelas, en las oficinas y en los púlpitos. Como Josafat, es tiempo de preguntar: “¿No hay un profeta más? ¿No hay una Palabra verdadera que nos saque de este abismo?”.
EL EVANGELISMO DE "GLAMOR" VS. EL ARREPENTIMIENTO A LA ANTIGUA
Hermanos, si la invasión moral de Hollywood en nuestros hogares nos parece terrible, prepárense para escuchar la tragedia más grande de todas: esa misma invasión cruzó las puertas del santuario y subió directamente al púlpito. El Hermano Branham, con una sinceridad que quemaba, confesó aquella mañana: “Yo soy un predicador chapado a la antigua que está anhelando ver los días antiguos de nuevo. Yo he visto tanto de esta personificación, Hollywood glamorizando el Evangelio, al grado de que estoy harto y cansado de ello”. ¡Harto y cansado, dice el profeta! ¿Por qué? Porque hemos hecho el Cristianismo tan “hermoso” y suave para la gente, que hemos cruzado una línea de peligro mortal .
Miren a su alrededor, a ese “evangelismo de Hollywood” que se ha apoderado del mundo religioso. El Hermano Branham denunció cómo los evangelistas modernos llegan a la plataforma envanecidos, con trajes costosos, y antes de predicar, cuentan un montón de chistes, se comportan con payasadas en el púlpito y dramatizan para captar la atención con pura psicología humana. Vienen a la ciudad y sus nombres están escritos en letras gigantescas de un lado a otro de los anuncios, como “el hombre de la hora”, mientras que el Nombre de “Jesucristo el mismo ayer, hoy, y por los siglos” apenas aparece en la parte de abajo, en una esquinita. Le han quitado la gloria a Cristo para dársela a un hombre mortal.
Esa es la razón por la cual hoy tenemos campañas con “treinta mil convertidos en seis semanas, y seis semanas después no tenemos ni uno”. Todo es un gran espectáculo de emociones, donde la gente grita “¡Aleluya!”, aplaude, canta coros rápidos y tiene un gran alboroto. Traen músicos de orquestas de bailes mundanos; hombres que la noche anterior estaban tocando jazz o música rítmica en el mundo, y la noche siguiente están tocando en la plataforma de la iglesia del Dios viviente. Vemos a músicos rascando violines y tocando banjos como si fueran vaqueros de Texas, trayendo el espíritu del mundo directamente al lugar santo. Para el profeta, esto es una “abominación ante los ojos de Dios”.
¿Y qué producen estos grandes espectáculos religiosos? ¡Miembros de iglesia no convertidos! El Hermano Branham citó un lema de la iglesia Bautista de aquel entonces: “Un millón más en el 44”, aceptando a miles y miles de personas en sus filas sin exigirles un arrepentimiento verdadero. Son personas que se unen a una organización pero todavía fuman, todavía beben, todavía apuestan y todavía mienten. Se conforman con poner su nombre en el libro de la iglesia, pero regresan al mundo con los mismos pecados y los mismos deseos con los que entraron. El profeta exclamó: “Uds. dicen: ‘Pues, yo pertenezco a la Bautista. Soy un Metodista. Yo pertenezco al tabernáculo...’ Oh, eso no tiene nada que ver con ello” .
Hermanos, la Biblia es muy clara. En Mateo 16:24, el Señor Jesús dijo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”. Y el Hermano Branham nos recordó enfáticamente lo que significa esa cruz: la cruz no es un adorno de oro en el cuello; ¡la cruz es un símbolo de “muerte” y “agonía”! Jesús dijo: “El que no naciere de agua y del Espíritu, de ninguna manera puede entrar en el Reino... Que se despoje a sí mismo de sus propios pensamientos. Que se despoje a sí mismo de sus propias obras”.
Nos hemos olvidado del altar chapado a la antigua. Nos hemos olvidado de las lágrimas y de la agonía por el pecado. El Hermano Branham clamó desesperadamente por ministros verdaderos: “Yo pienso, hoy, que lo que necesitamos son más ministros chapados a la antigua, llamados por Dios, toscos, quizás sin mucha educación, pero traerán a la gente a un altar, y allí agonizarán. No con un gozo y riéndose, y tronando chicle... pero, hermano, un clamar a la antigua y morir, hasta que hombres y mujeres se arrepientan completamente de sus pecados”.
Si queremos salvar lo que queda, si queremos que esta invasión demoníaca se detenga en la puerta de nuestros hogares, la solución no es edificar iglesias más grandes con torres altas y órganos de tubos, copiando el modelo de la iglesia Católica que está condenada a la destrucción. La solución es caer de rodillas. El Hermano Branham nos dijo: “Que esta nación se deshaga en lágrimas, que no se deshaga en risa y drama. Que esta nación caiga de rodillas, en arrepentimiento”. Necesitamos altares donde los pecados sean consumidos bajo las oraciones consagradas de hombres y mujeres. Necesitamos dejar los coritos rápidos de Hollywood y volver a cantar desde lo profundo del alma himnos como “Más Cerca, Mi Dios, A Ti"”.
Este mundo está ciego, pero la Iglesia verdadera debe tomar la decisión ahora mismo. Es una agonía mortal, un “clamo a la antigua”. Como cantaba el profeta, y como debemos cantar nosotros hoy desde nuestros corazones: “La consagrada cruz yo llevaré, Hasta que la muerte me libere...”.
UN MENSAJE PARA LAS MADRES: MOISÉS Y HERODÍAS
Amados hermanos, llegamos a la parte final de este tremendo repaso. Debemos recordar que el Hermano Branham predicó este mensaje precisamente en la mañana del Día de las Madres. Cualquier otro predicador hubiera usado ese domingo para dar un sermón suave, adornado y complaciente sobre la maternidad. Pero un verdadero profeta de Dios no puede quedarse callado cuando ve a las almas yendo al infierno por millones bajo el engaño del diablo.
El profeta comenzó abordando la tremenda hipocresía comercial del mundo respecto a esta fecha. Él denunció que el mundo ha comercializado el Día de las Madres solamente para vender flores y hacer dinero, lo cual es, en realidad, un descrédito para la madre. Si el mundo continuara así por otros veinte años, el Hermano Branham profetizó que inventarían el día del hijo, el día de la hija, el día del primo y el día del tío, con tal de mantener al mundo en un “glamor comercial” que lo conduce directamente al infierno y a la destrucción. El Hermano Branham exclamó con firmeza: “Pues, mi madre es mi madre cada día del año, sí, señor, no sólo un día”. ¡El verdadero Día de las Madres es trescientos sesenta y cinco días al año!
Dirigiéndose a la congregación, el profeta observó a las mujeres sentadas allí con sus rosas. A aquellas con rosas blancas prendidas en sus abrigos, les recordó que esa flor era el memorial de una querida madre anciana y piadosa que ya había pasado más allá del velo, y que ahora las está esperando en un glorioso Cielo. Y a las que llevaban rosas rojas, honrando a sus madres vivas, les dio el consejo más grande: si quieren hacer algo por ella, vayan a su casa, oren y vivan para Dios los trescientos sesenta y cinco días del año.
Pero la advertencia más solemne de la mañana vino cuando el profeta hizo un contraste magistral y aterrador entre dos madres de la Biblia. Miremos primero a la madre de Moisés. La Biblia nos enseña en Proverbios 22:6: “Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella”, Escritura que el mismo profeta citó en este contexto. Moisés no fue enviado a ningún seminario ni escuela teológica; él creció allí mismo en el palacio del pagano Faraón. Pero fue su madre piadosa quien lo sentó sobre sus rodillas y le dio su instrucción. Ella le enseñó los preceptos del Señor y cómo debía de ser santo. Ella le infundió su destino profético diciéndole: “Moisés, algún día tú vas a liberar a los hijos de Israel... Guárdate a ti mismo puro y sin mancha del mundo”. Esas enseñanzas se quedaron con Moisés todos los días de su vida, y esa madre formó a un gran líder y conquistador que es inmortal entre los hombres hoy.
En el extremo opuesto, el Hermano Branham nos presenta a Herodías. Ella fue una madre que le enseñó a su hija las cosas del mundo. Quería que su hija fuera popular, así que le enseñó a bailar zapateado. Esa joven bailó delante del rey Herodes, sedujo a la corte y terminó requiriendo la cabeza del precursor, Juan el Bautista. Pero ¡escuchen la tragedia que sigue a las madres que mundanalizan a sus hijas! El profeta de Dios reveló que hay un registro de setenta descendientes de esta damisela, y que todas ellas murieron siendo prostitutas o en la horca. Herodías está echada a perder en el infierno, y por su culpa se llevó a millares y millares de almas con ella.
¡Qué contraste tan terrible! Una madre que, en vez de mandar a sus hijos a los cines y a los bailes, se los pone en su regazo y les enseña acerca del Señor Jesucristo. Esa es una verdadera madre, como aquella hermana que el profeta mencionó, cuyo hijo estaba metido en graves problemas y engañado, pero ella le dijo al Hermano Branham: “no importa si él está errado o no, yo lo amo” . Ese joven reconoció que su madre era el único amor verdadero y fiel que tenía, una mujer que se quedaba con él. El profeta concluyó que, si una madre terrenal puede amar así a su hijo equivocado, ¡cuánto más nos amará Dios y se quedará con nosotros!
Hermanos y hermanas, “LA INVASIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS” no fue un mensaje político, fue un grito de agonía del Espíritu Santo a través de Su profeta para rescatar nuestros hogares, nuestras iglesias y nuestras almas. Estamos en la hora de decisión. Debemos tomar la consagrada cruz, limpiar nuestros hogares de la influencia de Hollywood, dejar las payasadas religiosas y clamar a Dios en un altar chapado a la antigua.
Como oró el Hermano Branham al final de su mensaje: “Oh Dios, quiébranos en pedazos. Moldéanos, de nuevo, Señor. Nos estamos saliendo mucho del camino”. Que esa sea nuestra oración hoy.
Soy el Hermano Francisco Velázquez Cruz, y ha sido un honor inmenso escudriñar esta Palabra con ustedes. Manténganse firmes, no cedan al mundo, y recordemos siempre que si la oscuridad nos rodea, nosotros debemos brillar aún más. ¡Que Dios les bendiga ricamente, y hasta nuestro próximo episodio en “La Palabra Hablada de Dios”! ¡Amén!
Himno: “EL SENDERO ANTIGUO”
Escrita por: Hno. Francisco Velázquez Cruz
(A)
Hay una sombra oscura que cubre la nación,
engaños y destellos que ciegan la visión;
la iglesia se ha dormido buscando majestad,
dejando el altar santo y la cruz de la verdad.
(Coro)
Yo tomaré el sendero, el antiguo y buen camino,
con los pocos despreciados marcharé a mi destino.
Dejaré el falso brillo y la gloria terrenal,
llorando en el altar contra el yugo del mal.
(B)
No quiero los aplausos del mundo en su fulgor,
ni el falso evangelismo que niega a mi Señor.
Prefiero la agonía, la muerte de mi yo,
llevando la cruz ruda que Cristo levantó.
(C)
Acab busca la alianza y se une en el error,
mas yo seré Micaías, oyendo a mi Creador.
Aunque me den la espalda y me toque sufrir,
la senda consagrada yo habré de seguir.
(Puente)
¡Oh, vuelve a las lágrimas, vuelve a orar!
¡Derrama tu alma en el viejo altar!
La línea está trazada, debemos decidir,
morir para el mundo y en Cristo vivir.
(Coro)
Yo tomaré el sendero, el antiguo y buen camino,
con los pocos despreciados marcharé a mi destino.
Dejaré el falso brillo y la gloria terrenal,
llorando en el altar contra el yugo del mal.
(Coda)
Yo tomaré el camino, aunque el mundo no lo vea;
¡Me aferro a Jesucristo, pase lo que pase,
y venga lo que venga! Amén.
INTRODUCTION
What image comes to your mind when you hear the word "invasion"? Armed armies, skies darkened by fighter jets, or foreign powers threatening to cross our borders? In the 1950s, the whole world trembled at the advance of communism and the fear of a military attack. However, what if I told you that the most destructive, subtle, and deadly invasion of all time did not use a single bullet, but quietly walked through the doors of our churches, sat in our living rooms, and began to captivate the hearts of our families?
Welcome beloved brethren and listeners to a new episode of your podcast, "God's Spoken Word"! I am your host, Brother Francisco Velázquez Cruz. Today we will immerse ourselves in an intensive and profound review of a prophetic and absolutely forceful message: "THE INVASION OF THE UNITED STATES". This sermon was preached under a powerful anointing by God's prophet, Brother William Marrion Branham, on the morning of Sunday, May 9, 1954, from the pulpit of the Branham Tabernacle in Jeffersonville, Indiana.
Even though the world was celebrating Mother's Day that morning, a day that was already beginning to be marred by commercialism, the Holy Spirit led Brother Branham to deliver an urgent and heartbreaking warning message. He revealed to us that the real enemy was not a foreign nation like Russia, but a silent, demonic, moral invasion, disguised as entertainment, lukewarm religion, and "glamour," which was destroying the very foundations of church and nation.
Join me as we search this powerful sermon in the light of Scripture, that the fire of God may awaken our souls and prepare us for the hour in which we are living.
THE BIBLICAL CONTEXT: THE DANGEROUS ALLIANCE
To understand the depth of this message, Brother Branham takes us to God's Word, using the Old Testament as a prognosis or shadow of the New Testament. He taught that looking at the patterns of the past and seeing what the children of Israel did gives us a clear idea of the overall conclusion in the end. Basing his text on the 18th chapter of Second Chronicles, the prophet presents us with a scene that frames a great spiritual tragedy during a time of extreme darkness for God's people.
The story revolves around two kingdoms and two kings: Jehoshaphat, king of Judah, and Ahab, king of Israel. Ahab was an unstable man, whom Brother Branham describes as a "frontier believer," someone who spent part of his time on one side of the fence and part of his time on the other. The prophet illustrated this grave instability by recalling a horse from his youth that constantly jumped over the fence; This animal would leave the tall alfalfa and get into a sinkhole full of wire and glass, cutting and bleeding just to get a few morsels of wild grass. Such is the way of a transgressor who jumps over the fence of God's pastures to seek the morsels of the world, injuring himself in the process.
Ahab's total failure was sealed with his marriage. He fell in love with physical beauty and married Jezebel, a princess who in his heart was extremely evil and idolatrous. It was this woman who, in order to please her husband, had the righteous Naboth killed by deception and false witnesses, simply to steal his garden near the palace. Jezebel not only shed innocent blood, but she caused all Israel to sin, tearing down the altars of Jehovah and establishing worship and altars to Baal.
It is here that Brother Branham establishes a masterly and profoundly prophetic typology for our day:
Just as Ahab married Jezebel in that great dark age of Israel and introduced idolatry, the church of the Holy Spirit married "isms" and introduced idolatry during its dark age centuries.
This ungodly union produced a form of compromised Christianity that has continued to advance and deteriorate every day, until it reaches the lukewarm and repulsive condition of the Laodicean Church Age.
On the other hand, we see Jehoshaphat, who was a righteous king and son of Asa. His father had been a God-fearing man who tore down the altars of idols, built the altars of Jehovah, and Judah was experiencing a kind of revival. However, Jehoshaphat made a blunder. Ahab wanted to regain a plot of land in Syria and asked Jehoshaphat to make an alliance with him. Jehoshaphat, being flattered and dazzled by the invitation of this great king, descended and joined him. He made this military alliance under the delusion of carnal unity, operating under common motives by believing in the excuse of, "We are both the same people." Meanwhile, in his heart, Ahab was a deceiver who was inclined toward his wife's pagan religion.
The prophet corrects this false notion of ecumenism and unity by emphatically declaring that they were not the same people. One was a Holy Spirit-filled group, and the other was a completely lukewarm group. Therein lies the immense danger of being unequally yoked and compromising the truth in the day in which we live. By allying himself with Ahab, Jehoshaphat not only sinned, but he was inadvertently dragging his entire Spirit-filled remnant into mixing with an apostate group. Brother Branham warns that the devil uses this same line of deception to introduce the spirit of the antichrist today, shouting "We will join our efforts." The prophet compared this to the grave political mistake the United States made in compromising and making an alliance with Russia, giving them aircraft and atomic secrets that are now a threat.
The prophet warns us about God's absolute dividing line:
"Darkness cannot have fellowship with light."
Night cannot coexist or exist in the presence of sunlight.
The most deceptive and dangerous time is the space "between times", just when the sun is setting or rising, because in that twilight there is not enough vision to see reality clearly.
For this reason, Jesus demanded in His Word, "Be hot or cold, not lukewarm." Lukewarmness—that gray area that pretends to mix God with the world—is the most dangerous line that exists. It was exactly in this condition of false revival and worldly "glamour" that King Jehoshaphat, still retaining a little spiritual sensitivity, suggested consulting God before the battle. This brought him into confrontation with the system of false prophets and with the only seer who bore the true Word.
"And the king said to him, 'Micaiah, shall we go up and fight against Ramoth-gilead, or shall we stand still?' He answered, "Go up, and you will prosper, for they will be delivered into your hands." (2 Chronicles 18:14)
FALSE PROPHETS VS. THE TRUE PROPHET
Brothers and sisters, we now move on to the climax of this encounter, which reveals to us one of the most terrifying spiritual realities of our day. When Jehoshaphat, in spite of his error, felt the need to consult the Lord, Ahab wasted no time and sent for his prophets. But, listen to this, church! Ahab did not call one or two; He gathered four hundred prophets.
Brother Branham describes these prophets as carnal, seminary-educated, well-educated men who knew psychology and were very well dressed and fed. When consulted, they all, with one voice and in one heart, began to prophesy victory, saying: "Come up. The Lord is with you, and the Lord is going to give you that parcel... You will gore the Syrians." There was one who even made a pair of iron horns and started running around the platform acting extravagantly.
Today we see exactly the same scene. Brother Branham severely condemned this "Hollywood evangelism." We see preachers who come up on the platform puffed up, telling jokes, acting like clowns, and putting on big shows full of "glamour" but lacking the genuine presence of God. They have painted us an easy, beautiful, and engaging gospel, but they fail to preach the agony of the cross and genuine repentance.
Jehoshaphat, still having enough of God's Spirit in him, could not endure such "foolish antics." He knew, deep in his heart, that something was wrong. Why? Because he knew that God had already cursed Ahab through the prophet Elijah, and God cannot bless what He Himself has cursed. Then Jehoshaphat asks the question that every true believer must ask today before the spectacle of the religious world: "But is there not even one more?"
Ahab answered him, "Yes, there is one more, but I hate him... He is always prophesying evil against me." That man was Micaiah.
My brethren, the true servant of God will never be popular with the lukewarm and worldly! Micaiah was hated because he condemned the church of his day, condemned compromising ministers, and condemned their form of religion. When the messenger went to fetch Micaiah, he tried to bribe and persuade him: he told him that all great men and scholars were in agreement, and that if he said the same thing, he would prosper, dress better, and be a great man.
But praise the Lord be to men with a spiritual backbone. Micaiah's response resonates through the centuries: "As the Lord God lives, I will only say what God says." He was willing to eat bread and water of affliction in order to stand on the side of the Truth.
When Micaiah came before the kings, he revealed a shocking vision. First, he prophesied Ahab's defeat by saying, "I saw Israel like sheep, without a shepherd, on a mountain, scattered." And then, he proceeded to open the curtain of eternity. Micaiah said he saw God sitting on His throne, having a heavenly council with His angelic beings.
In that vision, God asked who would come down to deceive Ahab and bring Elijah's prophecy to fruition. And here is the mystery that Brother Branham uncovers for this generation:
"And a spirit of lying went up from below... He came before God and said, 'I will come down, and I will go into those preachers and cause them all to prophesy a lie.'"
That spirit of lying descended from hell, entered those educated and popular preachers, and caused everyone to prophesy a lie to bring Ahab to his destruction. One of the false prophets became so angry that he struck little Micaiah in the mouth. But Micaiah stood firm.
God's prophet, Brother Branham, issues us a warning that should shake our souls today: "The same God reigns on the same throne today. And that same spirit of lying has done the same thing today, prophesying lies." The devil has invaded seminaries and churches; He takes preachers and demands that they study theology and psychology to get degrees, and if they are not worldly clever, they are thrown out. As a result, these men stand in pulpits and teach congregations all kinds of social things, rhythms, and fashions, instead of preaching the hard cross of Christ, sin, and repentance.
The devil is very cunning and very religious. As Brother Branham said, "It was a religious spirit that crucified Jesus... It is the religious people of the day who are against God's Message." We're not just dealing with communism, we're dealing with demon spirits taking over churches that have a semblance of godliness, but deny the efficacy of the Holy Spirit.
THE REAL INVASION: HOLLYWOOD AND MORAL CORRUPTION
We come now, dear brothers and sisters, to the very heart of this prophetic message: the exact fulfillment of the title of the sermon. By 1954, the entire world, and especially the United States, was living under the constant panic of the Cold War. People looked to the heavens fearing atomic bombs and looked to the east fearing communism. Brother Branham related that earlier that morning he had heard a minister on the radio claiming that the mark of the beast and the antichrist was Russia. But God's prophet stood up with authority and declared: "What a mistake! Aha! Russia has nothing to do with it. No, sir. That's Scripturally."
Listen well, church: the prophet's warning was clear in saying that we should not be afraid of Russia. The real invasion of the United States did not come with foreign tanks or soldiers; We were causing it ourselves, with our own corruption sprouting from within. It was a spiritual and demonic invasion!
Brother Branham, led by the Holy Spirit, traced the origin of this moral plague. He taught us that, after World War I, it was in France that moral turpitude and filth first began. He stated bluntly that if ever there was a "rat hole in the world, it is Paris, France," and that the devil set up his headquarters there to begin demoralizing the world. When the United States went to save the skin of the French in World War II, instead of turning to God, that nation sank even deeper into "Women, wine, debauchery, sin, and filth to the brim!".
But the enemy did not stay in Europe. Unable to enter America directly through the real ministry, the devil mobilized his great demonic army some fifteen or twenty years before this sermon, and crossed the ocean to establish his new headquarters in a specific location: Hollywood, California. Hallelujah, the prophet unmasked his strategy! Since that time, he has invaded the United States with his demonic powers.
And how did these demons enter our homes? They did not enter by breaking down the doors; they subtly entered through the screens. Brother Branham denounced that all unclean fashions come from Paris, enter Hollywood, and are then projected on movie screens for our children and youth to absorb. The devil said in his master plan, "I can have the movies here until the TV comes out, then I'll catch them." Families, instead of protecting their children and closing the movie theaters, would give them dimes on a Sunday afternoon to send them there and get rid of them, and then turn on the television in their homes and let in "all the dirty, corrupt nonsense in the world."
Brothers, the main target of this hellish invasion was only one: the woman. Brother Branham blurted out an unshakable truth: "Every time you destroy women's morals, you destroy the backbone of the nation." The devil took the women and took them out of their homes; He took them out of being behind the stove cooking and taking care of their families, to put them in offices, driving taxis and walking up and down the streets. He literally stripped them naked in front of the eyes of the world. Women began to take to the streets wearing indecent clothes and shorts, and the prophet warned that if something was not done, they would soon be completely naked. Adult women in their fifties dressing in clothes as tight as if "she was emptied into a sack of flour." It's a disgrace and it's from the devil!
The prophet compared the woman to a beautiful rose that, without the Holy Spirit to protect its morals (just as the rose has thorns to protect itself from being devoured by animals), becomes a disgrace to society, falling to such a low and corrupt level that not even "dogs would not look at her". And the saddest thing, brothers, is the complicity of men. Brother Branham harshly rebuked husbands saying that men who allow their wives to dress and act that way show what they are really made of.
What was the result of this moral fall? The total destruction of our future generations. Schools were invaded. Brother Branham, heartbroken, described how fourteen- and fifteen-year-old girls were sent to school by their mothers, only to end up "morally shattered, mentally, drug-addicted, cigarette smokers." Little girls having "blanket dates" with boys and prostituting themselves on the streets, while at the same time singing in church choirs! Why? Because the "little social Gospel" of their lukewarm churches never preached repentance to them or brought them to an altar to cry out to God.
We live in the nation with the most divorce cases in the entire world. We have reached the point where the so-called "pagans" in Africa could come to teach morality to us, who call ourselves a Christian nation. All of this led God's prophet to make a horrifying statement that we must take very seriously. He said under the anointing of the Spirit, "Our nation is bankrupt. You remember that, that Brother Branham said that, THUS SAITH THE LORD. Our nation is destroyed. It will never rise." The political world is lost and the nation is invaded by the same seed of the devil planted in the hearts.
Beloved, the invasion is not coming; The invasion has already happened. It's in our halls, in our schools, in offices, and in pulpits. Like Jehoshaphat, it is time to ask, "Is there not one more prophet? Isn't there a true Word that will pull us out of this abyss?"
"GLAMOR" EVANGELISM VS. OLD-FASHIONED REPENTANCE
Brethren, if Hollywood's moral invasion of our homes seems terrible to us, prepare to hear the greatest tragedy of all: that same invasion went through the sanctuary doors and went straight up to the pulpit. Brother Branham, with burning sincerity, confessed that morning: "I am an old-fashioned preacher who is longing to see the old days again. I've seen so much of this personification, Hollywood glamorizing the Gospel, till I'm sick and tired of it." Sick and tired, says the prophet! Why? Because we have made Christianity so "beautiful" and soft for people, that we have crossed a line of mortal danger.
Look around you, at that "Hollywood evangelism" that has taken over the religious world. Brother Branham denounced how modern evangelists come to the platform puffed up, in expensive suits, and before preaching, tell a lot of jokes, behave with antics in the pulpit, and dramatize to get attention with pure human psychology. They come to town and their names are written in giant letters from one side of the advertisements to the other, as "the man of the hour," while the Name of "Jesus Christ the same yesterday, today, and forever" barely appears at the bottom, in a corner. They have taken the glory from Christ to give it to a mortal man.
That is the reason why today we have campaigns with "thirty thousand converted in six weeks, and six weeks later we have not one." It's all one big show of emotions, where people shout "Hallelujah!", clap their hands, sing fast choruses, and have a big uproar. They bring musicians from worldly dance orchestras; men who the night before were playing jazz or rhythmic music in the world, and the next night are playing on the platform of the church of the living God. We see musicians strumming violins and playing banjos as if they were Texas cowboys, bringing the spirit of the world directly to the holy place. To the prophet, this is an "abomination in the sight of God."
And what do these great religious spectacles produce? Unconverted church members! Brother Branham quoted a motto of the Baptist church at the time: "A million more in '44," accepting thousands upon thousands into its ranks without demanding true repentance. They are people who join an organization but still smoke, still drink, still gamble, and still lie. They are content to put their name in the church book, but they return to the world with the same sins and desires with which they entered. The prophet exclaimed, "You say, 'Well, I belong to the Baptist. I'm a Methodist. I belong to the tabernacle...' Oh, that has nothing to do with it."
Brethren, the Bible is very clear. In Matthew 16:24, the Lord Jesus said, "If anyone wants to come after me, let him deny himself, and take up his cross, and follow me." And Brother Branham reminded us emphatically of what that cross means: the cross is not a gold ornament around the neck. The cross is a symbol of "death" and "agony"! Jesus said, "Except a man be born of water and of the Spirit, he can by no means enter the kingdom. Let him strip himself of his own thoughts. Let him divest himself of his own works."
We have forgotten about the old-fashioned altar. We have forgotten the tears and the agony of sin. Brother Branham desperately cried out for true ministers, "I think, today, what we need is more old-fashioned ministers, called of God, crude, perhaps uneducated, but they'll bring people to an altar, and they'll agonize there. Not with a joy and laughing, and thundering gum... but, brother, an old-fashioned cry and die, until men and women fully repent of their sins."
If we want to save what's left, if we want this demonic invasion to stop at our doorstep, the solution is not to build larger churches with tall towers and pipe organs, copying the model of the Catholic church that is doomed to destruction. The solution is to fall to your knees. Brother Branham told us, "Let this nation melt into tears, let it not melt into laughter and drama. May this nation fall to its knees, in repentance." We need altars where sins are consumed under the consecrated prayers of men and women. We need to leave the fast Hollywood chants and go back to singing hymns like 'Closer, My God, To You' from the depths of our souls."
This world is blind, but the true Church must make the decision right now. It is a mortal agony, an "old-fashioned cry." As the prophet sang, and as we must sing today from our hearts: "The consecrated cross I will bear, until death sets me free...".
A MESSAGE FOR MOTHERS: MOSES AND HERODIAS
Beloved brethren, we come to the final part of this tremendous review. We must remember that Brother Branham preached this message on Mother's Day morning. Any other preacher would have used that Sunday to give a soft, ornate, and accommodating sermon on motherhood. But a true prophet of God cannot remain silent when he sees souls going to hell by the millions under the deception of the devil.
The prophet began by addressing the tremendous commercial hypocrisy of the world regarding this date. He denounced that the world has marketed Mother's Day only to sell flowers and make money, which is, in reality, a discredit for the mother. If the world went on like this for another twenty years, Brother Branham prophesied that they would invent Son's Day, Daughter's Day, Cousin's Day, and Uncle's Day, in order to keep the world in a "commercial glamor" that leads it straight to hell and destruction. Brother Branham exclaimed firmly, "Well, my mother is my mother every day of the year, yes, sir, not just one day." The real Mother's Day is three hundred and sixty-five days a year!
Addressing the congregation, the prophet observed the women sitting there with their roses. To those with white roses pinned to their coats, he reminded them that this flower was the memorial of a dear old and pious mother who had already passed beyond the veil, and who is now waiting for them in a glorious Heaven. And to those who wore red roses, honoring their living mothers, he gave the greatest advice: if you want to do something for her, go home, pray, and live for God three hundred and sixty-five days a year.
But the most solemn warning of the morning came when the prophet made a masterful and terrifying contrast between two mothers of the Bible. Let's look first at Moses' mother. The Bible teaches us in Proverbs 22:6: "Train up a child in his course: even when he is old he shall not depart from it," Scripture that the prophet himself quoted in this context. Moses was not sent to any seminary or theological school; he grew up right there in the palace of the pagan Pharaoh. But it was his pious mother who sat him on her knees and gave him her instruction. She taught him the precepts of the Lord and how he should be holy. She infused her prophetic destiny into him by saying, "Moses, someday you are going to deliver the children of Israel. Keep yourself pure and unspotted from the world." Those teachings stayed with Moses all the days of his life, and that mother formed a great leader and conqueror who is immortal among men today.
At the opposite extreme, Brother Branham introduces us to Herodias. She was a mother who taught her daughter the things of the world. He wanted his daughter to be popular, so he taught her to dance zapateado. This young woman danced before King Herod, seduced the court, and ended up demanding the head of the forerunner, John the Baptist. But listen to the tragedy that follows mothers who trivialize their daughters! The prophet of God revealed that there is a record of seventy descendants of this damsel, and that all of them died as prostitutes or on the gallows. Herodias is spoiled in hell, and because of her she took thousands and thousands of souls with her.
What a terrible contrast! A mother who, instead of sending her children to the movies and dances, puts them on her lap and teaches them about the Lord Jesus Christ. That's a real mother, like that sister the prophet mentioned, whose son was in deep trouble and deceived, but she said to Brother Branham , "It doesn't matter if he's wrong or not, I love him." That young man recognized that his mother was the only true and faithful love he had, a woman who stayed with him. The prophet concluded that if an earthly mother can love her wrong child like this, how much more will God love us and stay with us!
Brothers and sisters, "THE INVASION OF THE UNITED STATES" was not a political message, it was a cry of agony from the Holy Spirit through His prophet to rescue our homes, our churches, and our souls. We are in the hour of decision. We must take up the time-honored cross, cleanse our homes of Hollywood's influence, stop the religious antics, and cry out to God on an old-fashioned altar.
As Brother Branham prayed at the end of his message, "O God, break us to pieces. Mold us, again, Lord. We are getting a lot off the path." Let that be our prayer today.
I am Brother Francisco Velázquez Cruz, and it has been an immense honor to search this Word with you. Stand firm, do not give in to the world, and let us always remember that if darkness surrounds us, we must shine even brighter. May God bless you richly, and until our next episode in "God's Spoken Word"! Amen!
Hymn: "THE ANCIENT PATH"
Written by: Bro. Francisco Velázquez Cruz
(A)
There's a dark shadow that covers the nation,
deceptions and flashes that blind the vision;
the church has fallen asleep seeking majesty,
leaving the holy altar and the cross of truth.
(Chorus)
I'll take the path, the old and good way,
with the few despised I will march to my destiny.
I will leave the false brightness and the earthly glory,
weeping at the altar against the yoke of evil.
(B)
I don't want the applause of the world in its brightness,
nor the false evangelism that denies my Lord.
I prefer the agony, the death of my self,
carrying the rough cross that Christ lifted.
(C)
Ahab seeks alliance and unites in error,
but I will be Micaiah, hearing my Creator.
Even if they turn their backs on me and I have to suffer,
the consecrated path I will follow.
(Bridge)
Oh, go back to the tears, pray again!
Pour out your soul on the old altar!
The line is drawn, we must decide,
to die for the world and live in Christ.
(Chorus)
I'll take the path, the old and good way,
with the few despised I will march to my destiny.
I will leave the false brightness and the earthly glory,
weeping at the altar against the yoke of evil.
(Coda)
I will take the road, even if the world does not see it;
I cling to Jesus Christ, no matter what,
and come what may! Amen.
INTRODUCTION
Quelle image vous vient à l'esprit lorsque vous entendez le mot « invasion » ? Armées armées, cieux assombris par des avions de chasse, ou puissances étrangères menaçant de franchir nos frontières ? Dans les années 1950, le monde entier tremblait face à l'avancée du communisme et à la crainte d'une attaque militaire. Cependant, et si je vous disais que l'invasion la plus destructrice, subtile et mortelle de tous les temps n'a pas utilisé une seule balle, mais a silencieusement franchi les portes de nos églises, s'est assise dans nos salons et a commencé à captiver le cœur de nos familles ?
Bienvenue, chers frères et auditeurs, pour un nouvel épisode de votre podcast, « La parole parlée de Dieu » ! Je suis votre hôte, le frère Francisco Velázquez Cruz. Aujourd'hui, nous allons nous immerger dans une révision intensive et profonde d'un message prophétique et absolument percutant : « L'INVASION DES ÉTATS-UNIS ». Ce sermon a été prêché sous une puissante onction par le prophète de Dieu, le frère William Marrion Branham, le matin du dimanche 9 mai 1954, depuis la chaire du tabernacle Branham à Jeffersonville, Indiana.
Même si le monde célébrait la fête des mères ce matin-là, une journée déjà entachée par le commercialisme, le Saint-Esprit a conduit le frère Branham à délivrer un message d'avertissement urgent et déchirant. Il nous a révélé que le véritable ennemi n'était pas une nation étrangère comme la Russie, mais une invasion silencieuse, démoniaque, morale, déguisée en divertissement, en religion tiède et en « glamour », qui détruisait les fondements mêmes de l'Église et de la nation.
Rejoignez-moi alors que nous cherchons ce puissant sermon à la lumière des Écritures, afin que le feu de Dieu éveille nos âmes et nous prépare à l'heure où nous vivons.
LE CONTEXTE BIBLIQUE : L'ALLIANCE DANGEREUSE
Pour comprendre la profondeur de ce message, le frère Branham nous conduit à la Parole de Dieu, utilisant l'Ancien Testament comme pronostic ou ombre du Nouveau Testament. Il a enseigné que regarder les schémas du passé et voir ce que les enfants d'Israël ont fait nous donne une idée claire de la conclusion globale au final. S'appuyant sur le 18e chapitre des Secondes Chroniques, le prophète nous présente une scène qui encadre une grande tragédie spirituelle durant une période d'obscurité extrême pour le peuple de Dieu.
L'histoire tourne autour de deux royaumes et deux rois : Josacha, roi de Juda, et Ahab, roi d'Israël. Ahab était un homme instable, que le frère Branham décrit comme un « croyant de la frontière », quelqu'un qui passait une partie de son temps d'un côté de la clôture et une autre partie de l'autre. Le prophète illustra cette grave instabilité en rappelant un cheval de sa jeunesse qui sautait constamment par-dessus la clôture ; Cet animal quittait la haute luzerne et se retrouvait dans un gouffre rempli de fil de fer et de verre, se coupant et saignant juste pour attraper quelques morceaux d'herbe sauvage. Telle est la voie d'un transgresseur qui saute la clôture des pâturages de Dieu pour chercher les miettes du monde, se blessant lui-même dans le processus.
L'échec total d'Achab fut scellé par son mariage. Il tomba amoureux de la beauté physique et épousa Jézabel, une princesse qui, dans son cœur, était extrêmement maléfique et idolâtre. C'est cette femme qui, pour plaire à son mari, fit tuer le juste Naboth par tromperie et de faux témoins, simplement pour voler son jardin près du palais. Jézabel n'a pas seulement versé du sang innocent, mais elle a fait pécher tout Israël, détruisant les autels de Jéhovah et établissant le culte et les autels dédiés à Baal.
C'est ici que le frère Branham établit une typologie magistrale et profondément prophétique pour notre époque :
Tout comme Achab a épousé Jézabel dans ce grand âge sombre d'Israël et a introduit l'idolâtrie, l'Église du Saint-Esprit a marié des « ismes » et introduit l'idolâtrie durant ses siècles sombres.
Cette union impie a produit une forme de christianisme compromis qui n'a cessé d'avancer et de se détériorer chaque jour, jusqu'à atteindre la tiède et répugnante condition de l'Âge de l'Église laodicéenne.
D'un autre côté, on voit Josafa, qui était un roi juste et fils d'Asa. Son père avait été un homme craignant Dieu qui avait démoli les autels des idoles, construit les autels de Jéhovah, et Juda vivait une sorte de réveil. Cependant, Jhoshaphat commit une erreur. Achab voulait récupérer un terrain en Syrie et demanda à Josapha de conclure une alliance avec lui. Jhoschahat, flatté et ébloui par l'invitation de ce grand roi, descendit et le rejoignit. Il a formé cette alliance militaire sous l'illusion de l'unité charnelle, opérant sous des motifs communs en croyant à l'excuse : « Nous sommes tous deux le même peuple. » Pendant ce temps, au fond de lui, Achab était un trompeur incliné vers la religion païenne de sa femme.
Le prophète corrige cette fausse idée d'œcuménisme et d'unité en déclarant avec force qu'ils n'étaient pas le même peuple. L'un était un groupe rempli d'Esprit Saint, et l'autre un groupe complètement tiède. C'est là que réside l'immense danger d'être soumis de manière inégale et de compromettre la vérité à l'époque dans laquelle nous vivons. En s'alliant à Ahab, Josaphat non seulement a péché, mais il a involontairement entraîné tout son reste rempli d'Esprit dans un groupe apostat. Le frère Branham avertit que le diable utilise cette même ligne de tromperie pour introduire l'esprit de l'antéchrist aujourd'hui, criant « Nous unirons nos efforts. » Le prophète a comparé cela à la grave erreur politique commise par les États-Unis en compromettant et en concluant une alliance avec la Russie, leur fournissant des avions et des secrets atomiques qui représentent désormais une menace.
Le prophète nous met en garde contre la ligne de démarcation absolue de Dieu :
« Les ténèbres ne peuvent pas avoir de communion avec la lumière. »
La nuit ne peut pas coexister ni exister en présence de la lumière du soleil.
Le temps le plus trompeur et le plus dangereux est l'espace « entre les temps », juste au moment où le soleil se couche ou se lève, car dans ce crépuscule, il n'y a pas assez de vision pour voir la réalité clairement.
Pour cette raison, Jésus exigea dans Sa Parole : « Sois chaud ou froid, pas tiède. » La tiède — cette zone grise qui prétend mélanger Dieu avec le monde — est la ligne la plus dangereuse qui existe. C'est précisément dans cet état de faux réveil et de « glamour » mondain que le roi Josaphahat, conservant encore un peu de sensibilité spirituelle, suggéra de consulter Dieu avant la bataille. Cela l'a mis en confrontation avec le système des faux prophètes et avec le seul voyant portant la vraie Parole.
« Et le roi lui dit : 'Micaïe, allons-nous nous battre contre Ramoth-gilead, ou restons-nous immobiles ?' Il répondit : « Montez, et vous prospérerez, car ils seront livrés entre vos mains. »(2 Chroniques 18:14)
FAUX PROPHÈTES CONTRE LE VRAI PROPHÈTE
Frères et sœurs, nous passons maintenant au point culminant de cette rencontre, qui nous révèle l'une des réalités spirituelles les plus terrifiantes de notre époque. Lorsque Jhoshaphat, malgré son erreur, jugea nécessaire de consulter le Seigneur, Achab ne perdit pas de temps et fit venir ses prophètes. Mais écoutez ça, église ! Achab n'en appela pas un ou deux ; Il rassembla quatre cents prophètes.
Le frère Branham décrit ces prophètes comme des hommes charnels, instruits au séminaire, bien instruits, qui connaissaient la psychologie et étaient très bien habillés et nourris. Lorsqu'ils furent consultés, ils commencèrent tous, d'une seule voix et d'un seul cœur, à prophétiser la victoire, disant : « Montez. Le Seigneur est avec vous, et le Seigneur va vous donner ce paquet... Vous allez ensangluer les Syriens. » Il y en avait un qui avait même fabriqué une paire de cornes de fer et s'était mis à courir sur le quai en se comportant de façon extravagante.
Aujourd'hui, on voit exactement la même scène. Le frère Branham a sévèrement condamné cette « évangélisation hollywoodienne ». On voit des prédicateurs qui montent sur la plateforme gonflés, racontent des blagues, se comportant comme des clowns et montant de grands spectacles pleins de « glamour » mais sans la présence authentique de Dieu. Ils nous ont peint un évangile facile, beau et captivant, mais ils ne prêchent pas l'agonie de la croix ni la repentance authentique.
Jhoshaphat, ayant encore assez de l'Esprit de Dieu en lui, ne pouvait supporter de telles « folies ». Il savait, au fond de son cœur, que quelque chose n'allait pas. Pourquoi ? Parce qu'il savait que Dieu avait déjà maudit Achab par le prophète Élie, et que Dieu ne peut pas bénir ce qu'Il a lui-même maudit. Puis Josaphat pose la question que tout vrai croyant doit se poser aujourd'hui devant le spectacle du monde religieux : « Mais n'y en a-t-il pas même un de plus ? »
Achab lui répondit : « Oui, il y en a un de plus, mais je le déteste... Il prophétise toujours le mal contre moi. » Cet homme, c'était Micaiah.
Mes frères, le véritable serviteur de Dieu ne sera jamais populaire auprès des tièdes et des mondains ! Micaiah était détesté car il condamnait l'église de son époque, les ministres comprometteurs et condamnait leur forme de religion. Lorsque le messager alla chercher Micaïe, il tenta de le soudoyer et de le persuader : il lui dit que tous les grands hommes et érudits étaient d'accord, et que s'il disait la même chose, il prospérerait, s'habillerait mieux et deviendrait un grand homme.
Mais loué soit le Seigneur aux hommes qui ont une colonne vertébrale spirituelle. La réponse de Micaiah résonne à travers les siècles : « Pendant que le Seigneur Dieu vit, je ne dirai que ce que Dieu dit. » Il était prêt à manger du pain et de l'eau de l'affliction pour se tenir du côté de la Vérité.
Lorsque Micaiah se présenta devant les rois, il révéla une vision choquante. D'abord, il prophétisa la défaite d'Achab en disant : « J'ai vu Israël comme des brebis, sans berger, sur une montagne, dispersés. » Puis, il ouvrit le rideau de l'éternité. Michaïe a dit qu'il avait vu Dieu assis sur Son trône, tenant un conseil céleste avec Ses êtres angéliques.
Dans cette vision, Dieu demanda qui descendrait pour tromper Achab et accomplir la prophétie d'Élie. Et voici le mystère que le frère Branham révèle pour cette génération :
« Et un esprit de mensonge monta d'en bas... Il vint devant Dieu et dit : 'Je descendrai, et j'irai auprès de ces prédicateurs et je les ferai tous prophétiser un mensonge.' »
Cet esprit de mensonge descendit de l'enfer, pénétra ces prédicateurs instruits et populaires, et poussa chacun à prophétiser un mensonge pour mener Achab à sa destruction. L'un des faux prophètes se mit si en colère qu'il frappa la petite Micaïe à la bouche. Mais Micaiah est restée ferme.
Le prophète de Dieu, le frère Branham, nous lance un avertissement qui devrait ébranler nos âmes aujourd'hui : « Le même Dieu règne sur le même trône aujourd'hui. Et ce même esprit de mensonge a fait la même chose aujourd'hui, prophétisant les mensonges. » Le diable a envahi les séminaires et les églises ; Il prend des prédicateurs et exige qu'ils étudient la théologie et la psychologie pour obtenir des diplômes, et s'ils ne sont pas malins sur le terrain, ils sont expulsés. En conséquence, ces hommes se tiennent en chaire et enseignent aux congrégations toutes sortes de choses sociales, de rythmes et de modes, au lieu de prêcher la croix dure du Christ, du péché et du repentir.
Le diable est très rusé et très religieux. Comme l'a dit le frère Branham : « C'est un esprit religieux qui a crucifié Jésus... Ce sont les religieux de l'époque qui sont contre le Message de Dieu. » Nous ne faisons pas face au communisme, nous avons affaire à des esprits démoniaques qui prennent le contrôle d'églises qui ont une apparence de piété, mais nient l'efficacité du Saint-Esprit.
LA VÉRITABLE INVASION : HOLLYWOOD ET CORRUPTION MORALE
Nous arrivons maintenant, chers frères et sœurs, au cœur même de ce message prophétique : l'accomplissement exact du titre du sermon. En 1954, le monde entier, et surtout les États-Unis, vivait sous la panique constante de la guerre froide. Les gens regardaient vers le ciel, craignant les bombes atomiques, et vers l'est, craignant le communisme. Le frère Branham raconta qu'il avait entendu plus tôt ce matin-là un ministre à la radio affirmer que la marque de la bête et de l'antéchrist était la Russie. Mais le prophète de Dieu se leva avec autorité et déclara : « Quelle erreur ! Ah ! La Russie n'a rien à voir là-dedans. Non, monsieur. C'est écriture. »
Écoutez bien, Église : l'avertissement du prophète était clair en disant que nous ne devrions pas avoir peur de la Russie. La véritable invasion des États-Unis ne s'est pas faite par des chars étrangers ou des soldats ; Nous en étions la cause nous-mêmes, avec notre propre corruption naissant de l'intérieur. C'était une invasion spirituelle et démoniaque !
Le frère Branham, guidé par le Saint-Esprit, a retracé l'origine de cette peste morale. Il nous a appris qu'après la Première Guerre mondiale, c'est en France que la turpitude morale et la saleté ont commencé à commencer. Il déclara franchement que s'il y avait un « trou à rats dans le monde, c'est bien Paris, en France », et que le diable y avait installé son quartier général pour commencer à démoraliser le monde. Lorsque les États-Unis ont tenté de sauver la peau des Français pendant la Seconde Guerre mondiale, au lieu de se tourner vers Dieu, cette nation s'est encore enfoncée dans « Les femmes, le vin, la débauche, le péché et la saleté à ras bord ! ».
Mais l'ennemi ne resta pas en Europe. Incapable d'entrer directement en Amérique par le véritable ministère, le diable mobilisa sa grande armée démoniaque une quinzaine ou vingt ans avant ce sermon, et traversa l'océan pour établir son nouveau quartier général dans un lieu précis : Hollywood, en Californie. Alléluia, le prophète a dévoilé sa stratégie ! Depuis lors, il a envahi les États-Unis avec ses pouvoirs démoniaques.
Et comment ces démons sont-ils entrés chez nous ? Ils n'entraient pas en défonçant les portes ; Ils entrèrent subtilement à travers les écrans. Le frère Branham a dénoncé que toutes les modes impures viennent de Paris, entrent à Hollywood, puis sont projetées sur les écrans de cinéma pour que nos enfants et nos jeunes puissent les absorber. Le diable dit dans son plan maître : « Je peux garder les films ici jusqu'à ce que la télé sorte, puis je les regarderai. » Les familles, au lieu de protéger leurs enfants et de fermer les cinémas, leur donnaient des pièces de dix cents un dimanche après-midi pour les y envoyer et s'en débarrasser, puis allumaient la télévision chez eux et laissaient entrer « toutes les absurdités sales et corrompues du monde ».
Frères, la cible principale de cette invasion infernale n'était qu'une seule : la femme. Le frère Branham a laissé échapper une vérité inébranlable : « Chaque fois que vous détruisez la morale des femmes, vous détruisez l'épine dorsale de la nation. » Le diable emmena les femmes et les fit sortir de leurs maisons ; Il les a sortis de la cuisinière et de s'occuper de leurs familles, pour les placer dans des bureaux, conduire des taxis et marcher dans les rues. Il les a littéralement déshabillés devant les yeux du monde. Les femmes commencèrent à descendre dans la rue vêtues de vêtements et de shorts indécents, et le prophète avertissait que si rien n'était fait, elles seraient bientôt complètement nues. Des femmes adultes dans la cinquantaine habillées avec des vêtements aussi serrés que si « elle avait été vidée dans un sac de farine ». C'est une honte, et c'est du diable !
Le prophète a comparé la femme à une belle rose qui, sans le Saint-Esprit pour protéger sa morale (tout comme la rose a des épines pour se protéger de la dévoration des animaux), devient une honte pour la société, tombant à un niveau si bas et corrompu que même « les chiens ne la regardent pas ». Et la chose la plus triste, frères, c'est la complicité des hommes. Le frère Branham réprimanda sévèrement les maris, affirmant que les hommes qui laissent leurs épouses s'habiller et agir ainsi montrent de quoi ils sont vraiment capables.
Quel a été le résultat de cette chute morale ? La destruction totale de nos générations futures. Les écoles ont été envahies. Frère Branham, le cœur brisé, a décrit comment des filles de quatorze et quinze ans étaient envoyées à l'école par leurs mères, pour finir « moralement brisées, mentalement, droguées et fumeuses ». Des petites filles qui ont des « rendez-vous couverts » avec des garçons et se prostituent dans la rue, tout en chantant dans les chorales de l'église ! Pourquoi ? Parce que le « petit Évangile social » de leurs églises tièdes ne leur a jamais prêché la repentance ni les a amenés à un autel pour crier à Dieu.
Nous vivons dans le pays où le monde compte le plus grand nombre de divorces. Nous sommes arrivés au point où les soi-disant « païens » d'Afrique pourraient venir enseigner la morale à nous, nous qui nous appelons une nation chrétienne. Tout cela a conduit le prophète de Dieu à faire une déclaration terrifiante que nous devons prendre très au sérieux. Il a dit, sous l'onction de l'Esprit, « Notre nation est en faillite. Tu te souviens que le frère Branham a dit : AINSI DIT LE SEIGNEUR. Notre nation est détruite. Il ne remontera jamais. » Le monde politique est perdu et la nation est envahie par la même graine du diable plantée dans les cœurs.
Bien-aimé, l'invasion ne viendra pas ; L'invasion a déjà eu lieu. C'est dans nos couloirs, dans nos écoles, dans les bureaux et dans les chaires. Comme pour Jhoschahat, il est temps de demander : « N'y a-t-il pas un autre prophète ? N'y a-t-il pas une vraie Parole qui nous sortira de cet abîme ? »
ÉVANGÉLISATION « GLAMOUR » VS. REPENTIR À L'ANCIENNE
Frères, si l'invasion morale d'Hollywood dans nos foyers nous semble terrible, préparez-vous à entendre la plus grande tragédie de toutes : cette même invasion est passée par les portes du sanctuaire et est montée directement jusqu'à la chaire. Le frère Branham, avec une sincérité brûlante, a avoué ce matin-là : « Je suis un prédicateur à l'ancienne qui aspire à revoir les vieux jours. J'ai vu tellement de cette personnification, Hollywood qui glamourisait l'Évangile, jusqu'à en avoir marre. » Marre et fatigué, dit le prophète ! Pourquoi ? Parce que nous avons rendu le christianisme si « beau » et doux pour les gens, que nous avons franchi une ligne de danger mortel.
Regardez autour de vous, cette « évangélisation hollywoodienne » qui a envahi le monde religieux. Le frère Branham dénonçait la façon dont les évangélistes modernes viennent sur la tribune gonflés, en costumes coûteux, et avant de prêcher, racontent beaucoup de blagues, se comportent avec des pitreries en chaire et dramatisent pour attirer l'attention grâce à la pure psychologie humaine. Ils arrivent en ville et leurs noms sont écrits en grandes lettres d'un côté à l'autre des publicités, comme « l'homme du moment », tandis que le Nom de « Jésus-Christ le même hier, aujourd'hui et à jamais » apparaît à peine en bas, dans un coin. Ils ont pris la gloire du Christ pour la donner à un homme mortel.
C'est la raison pour laquelle aujourd'hui nous avons des campagnes avec « trente mille convertis en six semaines, et six semaines plus tard, nous n'en avons pas un seul ». C'est un grand spectacle d'émotions, où les gens crient « Alléluia ! », tapent dans leurs mains, chantent des refrains rapides et font un grand tollé. Ils font venir des musiciens issus d'orchestres de danse mondains ; des hommes qui, la veille au soir, jouaient du jazz ou de la musique rythmée dans le monde, et la nuit suivante jouaient sur la plateforme de l'église du Dieu vivant. On voit des musiciens gratter du violon et jouer du banjo comme s'ils étaient des cow-boys texans, apportant l'esprit du monde directement au lieu sacré. Pour le prophète, c'est une « abomination aux yeux de Dieu ».
Et que produisent ces grands spectacles religieux ? Des membres non convertis de l'église ! Le frère Branham citait une devise de l'Église baptiste de l'époque : « Un million de plus en 44 », acceptant des milliers et des milliers dans ses rangs sans exiger un véritable repentir. Ce sont des personnes qui rejoignent une organisation mais continuent de fumer, de boire, de jouer et de mentir. Ils se contentent d'inscrire leur nom dans le livre de l'église, mais ils reviennent au monde avec les mêmes péchés et désirs avec lesquels ils sont entrés. Le prophète s'exclama : « Vous dites : 'Eh bien, j'appartiens aux baptistes. Je suis méthodiste. J'appartiens au tabernacle... » Oh, ça n'a rien à voir. »
Frères, la Bible est très claire. Dans Matthieu 16:24, le Seigneur Jésus a dit : « Si quelqu'un veut venir après moi, qu'il se rende lui-même, qu'il prenne sa croix et me suive. » Et le frère Branham nous a rappelé avec force ce que signifie cette croix : la croix n'est pas un ornement en or autour du cou. La croix est un symbole de « mort » et de « douleur » ! Jésus dit : « Sauf si l'homme naît de l'eau et de l'Esprit, il ne pourra en aucun cas entrer dans le royaume. Qu'il se dépouille de ses propres pensées. Qu'il se débarrasse de ses propres œuvres. »
Nous avons oublié l'autel à l'ancienne. Nous avons oublié les larmes et l'agonie du péché. Le frère Branham criait désespérément pour de vrais ministres : « Je pense qu'aujourd'hui, ce dont nous avons besoin, ce sont de ministres à l'ancienne, appelés de Dieu, grossiers, peut-être sans éducation, mais ils amèneront les gens à un autel, et ils y souffriront. Pas avec une joie, des rires et des chewing-gums tonitruants... mais, frère, un vieux cri et meurt, jusqu'à ce que les hommes et les femmes se repentent pleinement de leurs péchés. »
Si nous voulons sauver ce qui reste, si nous voulons que cette invasion démoniaque s'arrête à notre porte, la solution n'est pas de construire de grandes églises avec de hautes tours et des orgues à tuyaux, en copiant le modèle de l'Église catholique vouée à la destruction. La solution est de tomber à genoux. Frère Branham nous a dit : « Que cette nation se fond en larmes, qu'elle ne se transforme pas en rires et en drames. Que cette nation tombe à genoux, dans le repentir. » Nous avons besoin d'autels où les péchés sont consumés sous les prières consacrées des hommes et des femmes. Nous devons quitter les chants rapides d'Hollywood et revenir à chanter des hymnes comme 'Closer, My God, To You' du plus profond de notre âme. »
Ce monde est aveugle, mais la véritable Église doit prendre la décision maintenant. C'est une agonie mortelle, un « cri à l'ancienne ». Comme le chantait le prophète, et comme nous devons le chanter aujourd'hui de notre cœur : « La croix consacrée, je porterai, jusqu'à ce que la mort me libière... ».
UN MESSAGE POUR LES MÈRES : MOÏSE ET HÉRODIADE
Chers frères, nous arrivons à la dernière partie de cette revue formidable. Nous devons nous rappeler que le frère Branham a prêché ce message le matin de la fête des mères. N'importe quel autre prédicateur aurait profité de ce dimanche pour prononcer un sermon doux, orné et accommodant sur la maternité. Mais un vrai prophète de Dieu ne peut rester silencieux lorsqu'il voit des âmes aller en enfer par millions sous la tromperie du diable.
Le prophète a commencé par aborder l'immense hypocrisie commerciale du monde à propos de cette date. Il a dénoncé que le monde a commercialisé la fête des mères uniquement pour vendre des fleurs et gagner de l'argent, ce qui est, en réalité, un discrédit pour la mère. Si le monde continuait ainsi pendant encore vingt ans, le frère Branham prophétisait qu'ils inventeraient la Journée du Fils, la Journée des Filles, la Journée des Cousins et la Journée de l'Oncle, afin de maintenir le monde dans un « glamour commercial » qui le mènerait droit en enfer et à la destruction. Frère Branham s'exclama fermement : « Eh bien, ma mère est ma mère tous les jours de l'année, oui, monsieur, pas seulement un jour. » La vraie fête des mères dure trois cent soixante-cinq jours par an !
S'adressant à la congrégation, le prophète observa les femmes assises là, avec leurs roses. À ceux qui avaient des roses blanches épinglées sur leur manteau, il leur rappelait que cette fleur était le mémorial d'une chère mère vieille et pieuse qui avait déjà franchi le voile, et qui les attend maintenant dans un Ciel glorieux. Et à ceux qui portaient des roses rouges, honorant leur mère vivante, il donnait le plus grand conseil : si vous voulez faire quelque chose pour elle, rentrez chez vous, priez et vivez pour Dieu trois cent soixante-cinq jours par an.
Mais l'avertissement le plus solennel du matin est arrivé lorsque le prophète a fait un contraste magistral et terrifiant entre deux mères de la Bible. Regardons d'abord la mère de Moïse. La Bible nous enseigne dans Proverbes 22:6 : « Formez l'enfant dans sa voie ; même vieux, il ne s'en écartera pas », Écriture que le prophète lui-même cita dans ce contexte. Moses ne fut envoyé dans aucun séminaire ni école théologique ; il a grandi là, dans le palais du pharaon païen. Mais c'est sa mère pieuse qui l'a mis à genoux et lui a donné ses instructions. Elle lui enseigna les préceptes du Seigneur et comment il devait être saint. Elle lui insuffla son destin prophétique en disant : « Moïse, un jour tu délivreras les enfants d'Israël. Reste pure et sans tache pour le monde. » Ces enseignements sont restés avec Moïse toute sa vie, et cette mère a formé un grand chef et conquérant immortel parmi les hommes aujourd'hui.
À l'extrême opposé, le frère Branham nous présente Hérodiade. C'était une mère qui a enseigné à sa fille les choses du monde. Il voulait que sa fille soit populaire, alors il lui apprit à danser le zapateado. Cette jeune femme dansa devant le roi Hérode, séduisit la cour et finit par réclamer la tête du précurseur, Jean-Baptiste. Mais écoutez la tragédie qui suit les mères qui banalisent leurs filles ! Le prophète de Dieu révéla qu'il existe un registre de soixante-dix descendants de cette demoiselle, et que tous moururent comme prostitués ou à la potence. Hérodiade est gâtée en enfer, et à cause d'elle, elle a emporté des milliers et des milliers d'âmes avec elle.
Quel contraste terrible ! Une mère qui, au lieu d'envoyer ses enfants au cinéma et aux danses, les met sur ses genoux et leur enseigne l'existence du Seigneur Jésus-Christ. C'est une vraie mère, comme cette sœur que le prophète a mentionnée, dont le fils était en grande difficulté et trompé, mais elle a dit à frère Branham : « Peu importe s'il a tort ou non, je l'aime. » Ce jeune homme a reconnu que sa mère était le seul véritable et fidèle amour qu'il avait, une femme qui était restée avec lui. Le prophète a conclu que si une mère terrestre peut aimer son enfant erroné ainsi, combien plus Dieu nous aimera-t-il et restera-t-il avec nous !
Frères et sœurs, « L'INVASION DES ÉTATS-UNIS » n'était pas un message politique, c'était un cri d'agonie du Saint-Esprit par son prophète pour sauver nos foyers, nos églises et nos âmes. Nous sommes à l'heure de la décision. Nous devons reprendre la croix ancestrale, purifier nos foyers de l'influence d'Hollywood, arrêter les pitreries religieuses et crier à Dieu sur un autel à l'ancienne.
Comme le frère Branham priait à la fin de son message : « Ô Dieu, brise-nous en morceaux. Façonne-nous, encore, Seigneur. Nous éloignons beaucoup de choses du chemin. » Que ce soit notre prière aujourd'hui.
Je suis le frère Francisco Velázquez Cruz, et ce fut un immense honneur de chercher cette Parole avec vous. Restez fermes, ne cédez pas au monde, et souvenons-nous toujours que si l'obscurité nous entoure, nous devons briller encore plus. Que Dieu vous bénisse abondamment, et jusqu'à notre prochain épisode de « La parole de Dieu » ! Amen !
Hymne : « LE CHEMIN ANCIEN »
Écrit par : Frère Francisco Velázquez Cruz
(A)
Il y a une ombre sombre qui recouvre la nation,
des tromperies et des éclairs qui aveuglent la vision ;
L'église s'est endormie en cherchant la majesté,
quittant le saint autel et la croix de vérité.
(Refrain)
Je prendrai le chemin, l'ancien et le bon,
avec les rares méprisés, je marcherai vers mon destin.
Je laisserai la fausse lumière et la gloire terrestre,
pleurant à l'autel contre le joug du mal.
(B)
Je ne veux pas des applaudissements du monde dans sa luminosité,
ni la fausse évangélisation qui nie mon Seigneur.
Je préfère l'agonie, la mort de moi-même,
portant la croix rugueuse que le Christ a soulevée.
(C)
Achab cherche l'alliance et s'unit dans l'erreur,
mais je serai Micaiah, écoutant mon Créateur.
Même s'ils me tournent le dos et que je dois souffrir,
le chemin consacré que je suivrai.
(Pont)
Oh, retourne aux larmes, prie encore !
Verse ton âme sur le vieil autel !
La ligne est tracée, nous devons décider,
mourir pour le monde et vivre en Christ.
(Refrain)
Je prendrai le chemin, l'ancien et le bon,
avec les rares méprisés, je marcherai vers mon destin.
Je laisserai la fausse lumière et la gloire terrestre,
pleurant à l'autel contre le joug du mal.
(Coda)
Je prendrai la route, même si le monde ne la voit pas ;
Je m'accroche à Jésus-Christ, quoi qu'il arrive,
Et quoi qu'il arrive ! Amen.
INTRODUÇÃO
Que imagem vem à sua mente quando você ouve a palavra "invasão"? Exércitos armados, céus escurecidos por caças ou potências estrangeiras ameaçando cruzar nossas fronteiras? Na década de 1950, o mundo inteiro tremia com o avanço do comunismo e o medo de um ataque militar. No entanto, e se eu dissesse que a invasão mais destrutiva, sutil e mortal de todos os tempos não usou uma única bala, mas silenciosamente entrou pelas portas de nossas igrejas, sentou-se em nossas salas e começou a cativar os corações de nossas famílias?
Bem-vindos, queridos irmãos e ouvintes, a um novo episódio do seu podcast, "A Palavra Falada de Deus"! Sou seu anfitrião, Irmão Francisco Velázquez Cruz. Hoje vamos nos imergir em uma revisão intensiva e profunda de uma mensagem profética e absolutamente contundente: "A INVASÃO DOS ESTADOS UNIDOS". Este sermão foi pregado sob uma poderosa unção do profeta de Deus, Irmão William Marrion Branham, na manhã de domingo, 9 de maio de 1954, no púlpito do Tabernáculo Branham em Jeffersonville, Indiana.
Mesmo com o mundo celebrando o Dia das Mães naquela manhã, um dia que já começava a ser marcado pelo comercialismo, o Espírito Santo levou o Irmão Branham a entregar uma mensagem de alerta urgente e comovente. Ele nos revelou que o verdadeiro inimigo não era uma nação estrangeira como a Rússia, mas uma invasão silenciosa, demoníaca e moral, disfarçada de entretenimento, religião morna e "glamour", que estava destruindo os próprios alicerces da igreja e da nação.
Junte-se a mim enquanto buscamos este poderoso sermão à luz das Escrituras, para que o fogo de Deus desperte nossas almas e nos prepare para a hora em que estamos vivendo.
O CONTEXTO BÍBLICO: A ALIANÇA PERIGOSA
Para entender a profundidade dessa mensagem, o Irmão Branham nos leva à Palavra de Deus, usando o Antigo Testamento como um prognóstico ou sombra do Novo Testamento. Ele ensinou que olhar para os padrões do passado e ver o que os filhos de Israel fizeram nos dá uma ideia clara da conclusão geral no final. Baseando seu texto no capítulo 18 das Segundas Crônicas, o profeta nos apresenta uma cena que enquadra uma grande tragédia espiritual durante um tempo de extrema escuridão para o povo de Deus.
A história gira em torno de dois reinos e dois reis: Josafat, rei de Judá, e Acabe, rei de Israel. Ahab era um homem instável, que o Irmão Branham descreve como um "crente da fronteira", alguém que passava parte do tempo de um lado da cerca e parte do outro. O profeta ilustrou essa grave instabilidade ao relembrar um cavalo de sua juventude que constantemente pulava a cerca; Esse animal deixava a alfafa alta e entrava em um buraco cheio de arame e vidro, cortando e sangrando só para pegar alguns pedaços de grama selvagem. Assim é o caminho de um transgressor que pula a cerca dos pastos de Deus para buscar os pedaços do mundo, se ferindo no processo.
O fracasso total de Hab foi selado com seu casamento. Ele se apaixonou pela beleza física e casou-se com Jezabel, uma princesa que, em seu coração, era extremamente má e idólatra. Foi essa mulher quem, para agradar ao marido, mandou matar o justo Naboth por engano e falsas testemunhas, apenas para roubar seu jardim próximo ao palácio. Jezabel não apenas derramou sangue inocente, mas fez com que todo Israel peque, derrubando os altares de Jeová e estabelecendo cultos e altares a Baal.
É aqui que o Irmão Branham estabelece uma tipologia magistral e profundamente profética para os nossos dias:
Assim como Acabe se casou com Jezabel naquela grande era das trevas de Israel e introduziu a idolatria, a igreja do Espírito Santo casou "ismos" e introduziu a idolatria durante seus séculos de idade das trevas.
Essa união ímpia produziu uma forma de cristianismo comprometido que continuou a avançar e se deteriorar a cada dia, até atingir a condição morna e repulsiva da Era da Igreja Laodiceana.
Por outro lado, vemos Josafat, que foi um rei justo e filho de Asa. Seu pai era um homem temeroso de Deus que derrubou os altares dos ídolos, construiu os altares de Jeová, e Judá estava vivendo uma espécie de avivamento. No entanto, Josafate cometeu um erro. Acabe queria recuperar um terreno na Síria e pediu a Josafaté que fizesse uma aliança com ele. Jehosafat, lisonjeado e deslumbrado pelo convite deste grande rei, desceu e juntou-se a ele. Ele fez essa aliança militar sob a ilusão da unidade carnal, agindo sob motivos comuns ao acreditar na desculpa de "Somos ambos o mesmo povo." Enquanto isso, em seu coração, Acabe era um enganador inclinado à religião pagã de sua esposa.
O profeta corrige essa falsa noção de ecumenismo e unidade ao declarar enfaticamente que eles não eram o mesmo povo. Um era um grupo cheio do Espírito Santo, e o outro era completamente morno. Aí reside o imenso perigo de sermos unidos de forma desigual e comprometer a verdade no tempo em que vivemos. Ao se aliar a Ahab, Josafate não apenas pecou, mas inadvertidamente arrastou todo o seu remanescente cheio de Espírito para se misturar a um grupo apóstata. O irmão Branham alerta que o diabo usa essa mesma linha de engano para apresentar o espírito do anticristo hoje, gritando "Uniremos nossos esforços." O profeta comparou isso ao grave erro político que os Estados Unidos cometeram ao comprometer e formar uma aliança com a Rússia, entregando-lhes aeronaves e segredos atômicos que agora são uma ameaça.
O profeta nos alerta sobre a linha divisória absoluta de Deus:
"A escuridão não pode ter comunhão com a luz."
A noite não pode coexistir ou existir na presença da luz do sol.
O tempo mais enganoso e perigoso é o espaço "entre os tempos", justamente quando o sol está se pondo ou nascendo, porque nesse crepúsculo não há visão suficiente para ver a realidade claramente.
Por isso, Jesus exigiu em Sua Palavra: "Seja quente ou frio, não morno." A mornagem — aquela área cinzenta que finge misturar Deus com o mundo — é a linha mais perigosa que existe. Foi exatamente nessa condição de falso avivamento e "glamour" mundano que o rei Josafat, ainda mantendo um pouco de sensibilidade espiritual, sugeriu consultar Deus antes da batalha. Isso o colocou em confronto com o sistema dos falsos profetas e com o único vidente que carregava a verdadeira Palavra.
"E o rei lhe disse: 'Micaias, vamos lutar contra Ramote-Gileade, ou ficamos parados?' Ele respondeu: "Sobe, e prosperarás, pois eles serão entregues a vocês." (2 Crônicas 18:14)
FALSOS PROFETAS VS. O VERDADEIRO PROFETA
Irmãos e irmãs, agora avançamos para o clímax deste encontro, que nos revela uma das realidades espirituais mais aterrorizantes do nosso tempo. Quando Josafat, apesar de seu erro, sentiu a necessidade de consultar o Senhor, Acabe não perdeu tempo e chamou seus profetas. Mas escutem isso, igreja! Ahab não chamou um ou dois; Reuniu quatrocentos profetas.
O irmão Branham descreve esses profetas como homens carnais, educados em seminários, bem-educados, que conheciam psicologia e eram muito bem vestidos e alimentados. Quando consultados, todos, com uma só voz e de coração, começaram a profetizar a vitória, dizendo: "Subam. O Senhor está com você, e o Senhor vai te dar esse pacote... Você vai engordar os sírios." Houve um que até fez um par de chifres de ferro e começou a correr pela plataforma agindo de forma extravagante.
Hoje vemos exatamente a mesma cena. O irmão Branham condenou severamente esse "evangelismo de Hollywood." Vemos pregadores que sobem na plataforma inchados, contando piadas, agindo como palhaços e fazendo grandes shows cheios de "glamour", mas sem a presença genuína de Deus. Eles nos pintaram um evangelho fácil, belo e envolvente, mas falham em pregar a agonia da cruz e o arrependimento genuíno.
Jehosafat, ainda tendo o suficiente do Espírito de Deus em si, não suportou tais "tolices". Ele sabia, no fundo do coração, que algo estava errado. Por quê? Porque ele sabia que Deus já havia amaldiçoado Aquebe por meio do profeta Elias, e Deus não pode abençoar o que Ele mesmo amaldiçoou. Então Josafatá faz a pergunta que todo verdadeiro crente deve fazer hoje diante do espetáculo do mundo religioso: "Mas não existe sequer mais um?"
Ahab respondeu: "Sim, há mais um, mas eu o odeio... Ele está sempre profetizando o mal contra mim." Aquele homem era Micaiah.
Meus irmãos, o verdadeiro servo de Deus nunca será popular entre os mornos e mundanos! Micaiah era odiado porque condenava a igreja de sua época, criticava ministros comprometedores e condenava sua forma de religião. Quando o mensageiro foi buscar Micaiah, ele tentou suborná-lo e persuadi-lo: disse que todos os grandes homens e estudiosos concordavam, e que, se dissesse o mesmo, prosperaria, se vestiria melhor e seria um grande homem.
Mas louvado seja o Senhor aos homens com espinha dorsal espiritual. A resposta de Micaiah ressoa ao longo dos séculos: "Enquanto o Senhor Deus vive, só direi o que Deus disser." Ele estava disposto a comer pão e água de aflição para ficar do lado da Verdade.
Quando Micaiah apareceu diante dos reis, ele revelou uma visão chocante. Primeiro, ele profetizou a derrota de Ahab dizendo: "Vi Israel como ovelhas, sem pastor, espalhadas em um monte." E então, ele abriu a cortina da eternidade. Miquias disse que viu Deus sentado em Seu trono, tendo um conselho celestial com Seus seres angelicais.
Nessa visão, Deus perguntou quem desceria para enganar Aquebe e realizar a profecia de Elias. E aqui está o mistério que o Irmão Branham desvendará para esta geração:
"E um espírito de mentira subiu de baixo... Ele veio diante de Deus e disse: 'Eu descerei e entrarei até esses pregadores e farei com que todos profetizem uma mentira.'"
Esse espírito de mentira desceu do inferno, entrou naqueles pregadores cultos e populares, e fez com que todos profetizassem uma mentira para levar Acabe à sua destruição. Um dos falsos profetas ficou tão irritado que deu um golpe na boca da pequena Miqueias. Mas Micaiah permaneceu firme.
O profeta de Deus, Irmão Branham, nos lança um aviso que deve abalar nossas almas hoje: "O mesmo Deus reina no mesmo trono hoje. E esse mesmo espírito de mentira fez a mesma coisa hoje, profetizando mentiras." O diabo invadiu seminários e igrejas; Ele pega pregadores e exige que eles estudem teologia e psicologia para obter diplomas, e se não forem espertos no mundo, são expulsos. Como resultado, esses homens ficam em púlpitos e ensinam às congregações todo tipo de coisas sociais, ritmos e modas, em vez de pregar a dura cruz de Cristo, o pecado e o arrependimento.
O diabo é muito astuto e muito religioso. Como disse o Irmão Branham, "Foi um espírito religioso que crucificou Jesus... São as pessoas religiosas da época que são contra a Mensagem de Deus." Não estamos lidando apenas com o comunismo, estamos lidando com espíritos demoníacos tomando conta de igrejas que têm uma aparência de piedade, mas negam a eficácia do Espírito Santo.
A VERDADEIRA INVASÃO: HOLLYWOOD E CORRUPÇÃO MORAL
Chegamos agora, queridos irmãos e irmãs, ao cerne desta mensagem profética: o cumprimento exato do título do sermão. Em 1954, o mundo inteiro, e especialmente os Estados Unidos, viviam sob o pânico constante da Guerra Fria. As pessoas olhavam para o céu, temendo bombas atômicas, e para o leste, temendo o comunismo. O irmão Branham relatou que, mais cedo naquela manhã, ouviu um ministro no rádio afirmando que a marca da besta e do anticristo era a Rússia. Mas o profeta de Deus se ergueu com autoridade e declarou: "Que erro! Ahá! A Rússia não tem nada a ver com isso. Não, senhor. Isso é bíblico."
Escute bem, igreja: o aviso do profeta foi claro ao dizer que não devemos ter medo da Rússia. A verdadeira invasão dos Estados Unidos não veio com tanques ou soldados estrangeiros; Nós mesmos estávamos causando isso, com nossa própria corrupção brotando de dentro. Foi uma invasão espiritual e demoníaca!
O irmão Branham, guiado pelo Espírito Santo, traçou a origem dessa praga moral. Ele nos ensinou que, após a Primeira Guerra Mundial, foi na França que a turpitude moral e a sujeira começaram pela primeira vez. Ele afirmou de forma direta que, se algum dia houve um "buraco de rato no mundo, é Paris, França", e que o diabo estabeleceu sua sede ali para começar a desmoralizar o mundo. Quando os Estados Unidos foram salvar a pele dos franceses na Segunda Guerra Mundial, em vez de se voltarem para Deus, aquela nação afundou ainda mais em "Mulheres, vinho, devassidão, pecado e imundície até a borda!".
Mas o inimigo não permaneceu na Europa. Incapaz de entrar diretamente na América pelo ministério real, o diabo mobilizou seu grande exército demoníaco cerca de quinze ou vinte anos antes desse sermão e cruzou o oceano para estabelecer sua nova sede em um local específico: Hollywood, Califórnia. Aleluia, o profeta desmascarou sua estratégia! Desde então, ele invadiu os Estados Unidos com seus poderes demoníacos.
E como esses demônios entraram em nossas casas? Eles não entraram arrombando as portas; Eles entraram sutilmente pelas grades. O irmão Branham denunciou que todas as modas impuras vêm de Paris, entram em Hollywood e depois são projetadas nas telas de cinema para que nossas crianças e jovens absorvam. O diabo disse em seu plano mestre: "Posso deixar os filmes aqui até a TV sair, aí eu vou pegá-los." Famílias, em vez de proteger seus filhos e fechar os cinemas, lhes davam moedas de dez centavos numa tarde de domingo para mandá-los lá e se livrar deles, e depois ligavam a televisão em suas casas e deixavam entrar "toda a bobagem suja e corrupta do mundo."
Irmãos, o principal alvo dessa invasão infernal era apenas um: a mulher. O irmão Branham soltou uma verdade inabalável: "Toda vez que você destrói a moral das mulheres, destrói a espinha dorsal da nação." O diabo levou as mulheres e as tirou de suas casas; Ele os tirava de estar atrás do fogão, cozinhando e cuidando das famílias, para colocá-los em escritórios, dirigindo táxis e andando pelas ruas. Ele literalmente os despiu na frente dos olhos do mundo. Mulheres começaram a sair às ruas usando roupas indecentes e shorts, e o profeta alertava que, se algo não fosse feito, logo ficariam completamente nuas. Mulheres adultas na casa dos cinquenta vestindo roupas tão justas como se "tivessem sido esvaziadas em um saco de farinha." É uma vergonha e é do diabo!
O profeta comparou a mulher a uma bela rosa que, sem o Espírito Santo para proteger sua moral (assim como a rosa tem espinhos para se proteger de ser devorada pelos animais), se torna uma vergonha para a sociedade, caindo a um nível tão baixo e corrupto que nem mesmo "os cães a olhariam". E a coisa mais triste, irmãos, é a cumplicidade dos homens. O irmão Branham repreendia duramente os maridos, dizendo que homens que permitem que suas esposas se vistam e ajam assim mostram do que realmente são feitos.
Qual foi o resultado dessa queda moral? A destruição total das nossas futuras gerações. As escolas foram invadidas. O irmão Branham, de coração partido, descreveu como meninas de quatorze e quinze anos eram enviadas para a escola por suas mães, apenas para acabar "moralmente destruídas, mentalmente, viciadas em drogas, fumantes de cigarros." Menininhas tendo "encontros de manga" com meninos e se prostituindo nas ruas, enquanto ao mesmo tempo cantam nos corais da igreja! Por quê? Porque o "pequeno Evangelho social" de suas igrejas mornas nunca pregou arrependimento para eles nem os levou a um altar para clamar a Deus.
Vivemos no país com mais casos de divórcio no mundo inteiro. Chegamos ao ponto em que os chamados "pagãos" na África poderiam vir ensinar moralidade a nós, que nos chamamos de nação cristã. Tudo isso levou o profeta de Deus a fazer uma declaração horrível que devemos levar muito a sério. Ele disse, sob a unção do Espírito: "Nossa nação está falida. Você se lembra disso, que o Irmão Branham disse, ASSIM DIZ O SENHOR. Nossa nação está destruída. Nunca vai subir." O mundo político está perdido e a nação é invadida pela mesma semente do diabo plantada nos corações.
Amado, a invasão não está chegando; A invasão já aconteceu. Está em nossos corredores, nas escolas, nos escritórios e nos púlpitos. Como em Josafá, é hora de perguntar: "Não há mais um profeta? Não existe uma verdadeira Palavra que nos tirará deste abismo?"
EVANGELIZAÇÃO "GLAMOUR" VS. ARREPENDIMENTO À MODA ANTIGA
Irmãos, se a invasão moral de Hollywood em nossas casas nos parece terrível, preparem-se para ouvir a maior tragédia de todas: essa mesma invasão passou pelas portas do santuário e subiu direto ao púlpito. O irmão Branham, com sinceridade ardente, confessou naquela manhã: "Sou um pregador à moda antiga que anseia por revisitar os velhos tempos. Já vi tanta dessa personificação, Hollywood glamorizando o Evangelho, até eu estar cansado disso." Cansado e cansado, diz o profeta! Por quê? Porque tornamos o cristianismo tão "belo" e suave para as pessoas, que cruzamos uma linha de perigo mortal.
Olhe ao seu redor, para aquele "evangelismo de Hollywood" que tomou conta do mundo religioso. O irmão Branham denunciou como evangelistas modernos chegam à plataforma estufados, de ternos caros e, antes de pregar, contam muitas piadas, se comportam com palhaçadas no púlpito e dramatizam para chamar atenção com pura psicologia humana. Eles chegam à cidade e seus nomes são escritos em letras gigantes de um lado ao outro dos anúncios, como "o homem do momento", enquanto o Nome de "Jesus Cristo o mesmo ontem, hoje e para sempre" mal aparece no final, em um canto. Eles tiraram a glória de Cristo para dar a um homem mortal.
É por isso que hoje temos campanhas com "trinta mil convertidos em seis semanas, e seis semanas depois não temos nenhuma." É tudo um grande show de emoções, onde as pessoas gritam "Aleluia!", batem palmas, cantam refrões rápidos e fazem um grande alvoroço. Eles trazem músicos de orquestras de dança mundanas; homens que na noite anterior estavam tocando jazz ou música rítmica no mundo, e na noite seguinte estão tocando na plataforma da igreja do Deus vivo. Vemos músicos dedilhando violinos e tocando banjos como se fossem cowboys do Texas, trazendo o espírito do mundo diretamente para o lugar sagrado. Para o profeta, isso é uma "abominação aos olhos de Deus."
E o que esses grandes espetáculos religiosos produzem? Membros da igreja não convertidos! O irmão Branham citou um lema da igreja batista da época: "Um milhão a mais em 44", aceitando milhares e milhares em suas fileiras sem exigir verdadeiro arrependimento. São pessoas que entram em uma organização, mas ainda fumam, bebem, jogam e ainda mentem. Eles se contentam em colocar seu nome no livro da igreja, mas retornam ao mundo com os mesmos pecados e desejos com os quais entraram. O profeta exclamou: "Você diz: 'Bem, eu pertenço ao Batista. Sou metodista. Eu pertenço ao tabernáculo...' Ah, isso não tem nada a ver."
Irmãos, a Bíblia é muito clara. Em Mateus 16:24, o Senhor Jesus disse: "Se alguém quiser vir atrás de mim, que se negue, tome sua cruz e me siga." E o Irmão Branham nos lembrou enfaticamente o que essa cruz significa: a cruz não é um ornamento de ouro no pescoço. A cruz é símbolo de "morte" e "agonia"! Jesus disse: "Se não nascer do homem da água e do Espírito, ele não poderá entrar no reino. Deixe-o se livrar de seus próprios pensamentos. Que ele se desfaça de suas próprias obras."
Esquecemos do altar antigo. Esquecemos as lágrimas e a agonia do pecado. O irmão Branham clamava desesperadamente por verdadeiros ministros: "Acho que, hoje, o que precisamos são mais ministros à moda antiga, chamados por Deus, grosseiros, talvez sem instrução, mas que levem as pessoas para um altar, e lá vão sofrer. Não com alegria, risadas e chicletes troveando... mas, irmão, um choro e morre, à moda antiga, até que homens e mulheres se arrependam plenamente de seus pecados."
Se quisermos salvar o que resta, se quisermos que essa invasão demoníaca pare à nossa porta, a solução não é construir igrejas maiores com torres altas e órgãos de tubos, copiando o modelo da igreja católica fadada à destruição. A solução é cair de joelhos. O irmão Branham nos disse: "Que esta nação derreta em lágrimas, que não se derreta em risos e dramas. Que esta nação caia de joelhos, em arrependimento." Precisamos de altares onde os pecados sejam consumidos sob as orações consagradas de homens e mulheres. Precisamos deixar os cantos rápidos de Hollywood e voltar a cantar hinos como 'Closer, My God, To You' do fundo da nossa alma."
Este mundo é cego, mas a verdadeira Igreja deve tomar a decisão agora. É uma agonia mortal, um "grito à moda antiga". Como cantou o profeta, e como devemos cantar hoje de coração: "A cruz consagrada eu carregarei, até que a morte me liberte...".
UMA MENSAGEM PARA AS MÃES: MOISÉS E HERODIAS
Queridos irmãos, chegamos à parte final desta tremenda resenha. Devemos lembrar que o Irmão Branham pregou essa mensagem na manhã do Dia das Mães. Qualquer outro pregador teria usado aquele domingo para dar um sermão suave, ornamentado e acolhedor sobre a maternidade. Mas um verdadeiro profeta de Deus não pode permanecer em silêncio ao ver almas indo para o inferno aos milhões sob o engano do diabo.
O profeta começou abordando a tremenda hipocrisia comercial do mundo em relação a essa data. Ele denunciou que o mundo promoveu o Dia das Mães apenas para vender flores e ganhar dinheiro, o que, na verdade, é um descrédito para a mãe. Se o mundo continuasse assim por mais vinte anos, o Irmão Branham profetizou que eles inventariam o Dia do Filho, o Dia da Filha, o Dia do Primo e o Dia do Tio, para manter o mundo em um "glamour comercial" que o levaria direto ao inferno e à destruição. O irmão Branham exclamou firmemente: "Bem, minha mãe é minha mãe todos os dias do ano, sim, senhor, não apenas um dia." O verdadeiro Dia das Mães é trezentos e sessenta e cinco dias por ano!
Dirigindo-se à congregação, o profeta observou as mulheres sentadas ali com suas rosas. Para aqueles com rosas brancas presas ao casaco, ele lhes lembrava que aquela flor era o memorial de uma querida mãe idosa e piedosa que já havia passado além do véu, e que agora os espera em um glorioso Céu. E para aqueles que usavam rosas vermelhas, em homenagem às mães vivas, ele deu o maior conselho: se quiserem fazer algo por ela, vão para casa, orem e vivam para Deus trezentos e sessenta e cinco dias por ano.
Mas o aviso mais solene da manhã veio quando o profeta fez um contraste magistral e aterrorizante entre duas mães da Bíblia. Vamos olhar primeiro para a mãe de Moisés. A Bíblia nos ensina em Provérbios 22:6: "Educei o menino no seu curso; mesmo velho não se desviará dele", Escritura que o próprio profeta citou nesse contexto. Moisés não foi enviado para nenhum seminário ou escola teológica; ele cresceu ali mesmo, no palácio do faraó pagão. Mas foi sua mãe piedosa quem o sentou de joelhos e lhe deu suas instruções. Ela lhe ensinou os preceitos do Senhor e como ele deveria ser santo. Ela lhe infundiu seu destino profético dizendo: "Moisés, um dia você libertará os filhos de Israel. Mantenha-se puro e sem manchas do mundo." Esses ensinamentos acompanharam Moisés por todos os dias de sua vida, e essa mãe formou uma grande líder e conquistadora que é imortal entre os homens hoje.
No extremo oposto, o Irmão Branham nos apresenta a Herodías. Ela era uma mãe que ensinou à filha as coisas do mundo. Ele queria que a filha fosse popular, então a ensinou a dançar zapateado. Essa jovem dançou diante do rei Herodes, seduziu a corte e acabou exigindo a cabeça do antecessor, João Batista. Mas ouça a tragédia que acompanha mães que trivializam suas filhas! O profeta de Deus revelou que há registro de setenta descendentes dessa donzela, e que todas morreram como prostitutas ou na forca. Herodias é mimada no inferno, e por causa dela levou milhares e milhares de almas consigo.
Que contraste terrível! Uma mãe que, em vez de mandar seus filhos ao cinema e às danças, os coloca no colo e ensina sobre o Senhor Jesus Cristo. Essa é uma mãe de verdade, como aquela irmã que o profeta mencionou, cujo filho estava em grandes apuros e foi enganado, mas ela disse ao Irmão Branham : "Não importa se ele está errado ou não, eu o amo." Aquele jovem reconheceu que sua mãe era o único amor verdadeiro e fiel que ele tinha, uma mulher que permaneceu com ele. O profeta concluiu que, se uma mãe terrena pode amar seu filho errado assim, quanto mais Deus nos amará e permanecerá conosco!
Irmãos e irmãs, "A INVASÃO DOS ESTADOS UNIDOS" não foi uma mensagem política, foi um grito de agonia do Espírito Santo por meio de Seu profeta para resgatar nossos lares, nossas igrejas e nossas almas. Estamos na hora da decisão. Devemos assumir a cruz consagrada pelo tempo, limpar nossas casas da influência de Hollywood, parar com as travessuras religiosas e clamar a Deus em um altar à moda antiga.
Como o Irmão Branham orou ao final de sua mensagem: "Ó Deus, despedaça-nos. Molde-nos, de novo, Senhor. Estamos tirando muito do caminho." Que essa seja nossa oração hoje.
Sou o Irmão Francisco Velázquez Cruz, e foi uma imensa honra buscar esta Palavra com vocês. Fiquem firmes, não cedam ao mundo, e lembremos sempre que, se a escuridão nos cerca, devemos brilhar ainda mais. Que Deus te abençoe profundamente, e até o nosso próximo episódio em "A Palavra Falada de Deus"! Amém!
Hino: "O CAMINHO ANTIGO"
Escrito por: Irmão Francisco Velázquez Cruz
(A)
Há uma sombra escura que cobre a nação,
enganos e flashes que cegam a visão;
A igreja adormeceu buscando majestade,
deixando o altar sagrado e a cruz da verdade.
(Refrão)
Vou seguir o caminho, o velho e bom,
com os poucos desprezados, marcharei para meu destino.
Deixarei o falso brilho e a glória terrena,
chorando no altar contra o jugo do mal.
(B)
Não quero os aplausos do mundo em seu brilho,
nem o falso evangelismo que nega meu Senhor.
Prefiro a agonia, a morte de mim mesmo,
carregando a cruz rústica que Cristo levantou.
(C)
Acabe busca aliança e se une no erro,
mas serei Micaiah, ouvindo meu Criador.
Mesmo que eles me dêem as costas e eu tenha que sofrer,
o caminho consagrado eu seguirei.
(Ponte)
Ah, volte para as lágrimas, reze de novo!
Derrame sua alma sobre o velho altar!
A linha está traçada, devemos decidir,
morrer pelo mundo e viver em Cristo.
(Refrão)
Vou seguir o caminho, o velho e bom,
com os poucos desprezados, marcharei para meu destino.
Deixarei o falso brilho e a glória terrena,
chorando no altar contra o jugo do mal.
(Coda)
Eu seguirei o caminho, mesmo que o mundo não o veja;
Eu me apego a Jesus Cristo, não importa o que aconteça,
E aconteça o que acontecer! Amém.
NOTA SOBRE LOS DERECHOS DE AUTOR
Este sitio web posee contenido con derechos reservados. Puede ser compartido de forma gratuita para propagar el Evangelio de Jesucristo. Se permite su reproducción en masa, publicarlo en sitios web, redes sociales, traducir a otros idiomas dando el crédito al escritor de este contenido. Se prohíbe la venta o recaudación de fondos de cualquier contenido en este sitio web. Para más información puede escribirnos a:
LA PALABRA HABLADA DE DIOS
PO Box 2017 PMB 345
Las Piedras, PR 00771